Las riquezas del mendigo

imágen: José Emilio Pacheco Foto: el-nacional.com

Ha muerto el poeta José Emilio Pacheco. En 2009, recibió el Premio Cervantes de Literatura (el premio más importante de literatura después del Nobel) de las manos de los reyes de España en una ceremonia efectuada en la Universidad de Alcalá de Henares.

En su discurso, el maestro recordó como una mañana de hace muchos años, asistió junto con toda su escuela, al Palacio de Bellas Artes a presenciar una puesta en escena basada en El Quijote de Cervantes. Ante sus ojos desfilaron algunos de los pasajes más entrañables de la primera novela moderna: no solamente el de los molinos, con seguridad los niños presenciarían también la escena de los leones, la de la cueva de Montesinos y se divertirían con los destrozos que Alonso Quijano provocaría en la función de títeres de la compañía de maese Pedro. Dos horas después, hacia el final de la obra, —recordó Pacheco en su discurso ante los reyes de España— descendió por los aires “Clavileño”, el pegaso que habría de remontar al caballero y a su escudero por los aires. Antes del despegue, Don Quijote se despide: “no he muerto ni moriré nunca… mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a defender a los débiles y a socorrer a los necesitados”.

“La principal revelación de aquella mañana, —diría Pacheco en su discurso—, fue que existía una otra realidad llamada ficción. Mi habla de todos los días, la lengua en que nací, constituye mi única riqueza, puede ser, para quien sepa emplearla, algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casa que iluminan el escenario.
La historia de Don Quijote tiene el don de volar como aquel Clavileño. He entrado sin saberlo en lo que Carlos Fuentes define como “El territorio de La Mancha”. Ya nunca voy a abandonarlo. Leo más tarde versiones infantiles del gran libro y encuentro que los demás leen otra historia. Para mí, El Quijote no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le sucede. Nadie puede sacarme de esta visión doliente. ”

Más adelante en el discurso, Pacheco volverá sobre la figura de Cervantes: “para volver al plano de la irrealidad real o de la realidad irreal en que los personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo lectores del Quijote, me gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria […]La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento milenario que tiende a agudizarse en la era electrónica ”

Para terminar su mensaje de agradecimiento, aquella mañana Pacheco hizo una apología del personaje cervantino, la justa reivindicación de una figura que todos citamos a pesar de no haber leído nunca: “Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 –de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta países como México, era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo en medio de la catástrofe al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote”.

Ojalá que estos modestos versos  sirvan como una despedida para el poeta José Emilio Pacheco:

Un anciano delirante
cabalga al atardecer
la justicia es menester
en algún reino distante.
Aquel caballero andante
con los siglos ha crecido
con su armadura vestido
es, de mi lengua, la flor
y sus sueños dan color
a un mundo descolorido.

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