Captura del Chapo ¿solo un golpe mediático?

En su caso, brillan por su ausencia cargos duros

El escepticismo del pueblo mexicano, indica cualquier cosa le puede suceder a Joaquín Guzmán Loera. El Chapo, ahora que ha sido nuevamente capturado por el gobierno federal. El escenario que indican los abogados especializados en narcotráfico, es de risa: los únicos cargos que se le pueden imputar, de nuevo, son: daños a la salud, delincuencia organizada y portación de armas de uso exclusivo del ejército, nada más. No se pueden utilizar, como cargos adicionales, los 60 mil muertos que ha promovido en su guerra con los cárteles rivales (el de los Beltrán Leyva, por ejemplo), los sobornos con autoridades diversas para utilizar puertos y espacios aéreo, el millonario lucro con la venta de la mariguana y coca, todavía ilegales, y ni siquiera su fuga anterior es imputable de algún castigo.

Tampoco será deportado a Estados Unidos, al menos no por el momento. En casos como éste, otra vez salen a relucir las lagunas de nuestro sistema judicial, para no castigar como se debe a los que agreden de forma impune a la sociedad, y hasta es posible que muchos de los cargos que se le han fincado al Chapo Guzmán, se vayan desmoronando uno a uno. Lo que no se puede negar, es que su captura constituye un gran impacto informativo (solo detrás, al menos en cuanto al interés o indignación de los usuarios en las redes sociales, como la portada de la revista Time en la que aparece el presidente Enrique Peña Nieto, “el salvador de México” en lo que hoy se puede leer como el elogio de un acto que aún no realizaba).

Joaquín Guzmán Loera fue encontrado tranquilamente en un hotel de Mazatlán, después de más de una década de una, supuestamente incesante investigación, luego de su fuga en aquel penal mexiquense.

Numerosos presidentes han felicitado a Peña Nieto por dicha acción, incluyendo al ex presidente de las botas, señalado como el culpable de que el Chapo se fugara, haciendo hincapié en que por fin, se detuvo a un narcotraficante que era una de las grandes amenazas mundiales contra el orden establecido. Se cosechan los beneficios de haber podido detener a un prófugo de la ley que dos sexenios panistas no lograron hacer. De manera similar Barack Obama, quien visitó México esta semana, logró cosechar los beneficios políticos de haber acabado con Osama Bin Laden, algo que George W. Bush no pudo hacer en sus dos periodos, (el mismo funcionario que reveló a AP la captura del Chapo lo comparó con Bin Laden).

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Los efectos

Rompiendo con el protocolo que había iniciado para quitarle notoriedad a los narcos y afectar el aura de (anti)héroes que tienen en algunas partes del país, el gobierno de Peña Nieto decidió poner otra vez en práctica todo el ritual que se utiliza cuando se captura un capo. Sin dejar de lado la oportunidad de colgarse la medalla con foto incluida.

Lo primero que comentó La Jornada fue: Con esos antecedentes  resulta inevitable que la captura anunciada se vea envuelta en la suspicacia y que la opinión pública encuentre inconsistencias que deben ser explicadas: la más obvia es que quien es descrito como jefe máximo de una organización delictiva que mueve miles de millones de dólares haya podido ser capturado sin resistencia significativa y carente de un dispositivo de seguridad numeroso y bien armado.

Debe mencionarse, asimismo, las coincidencias insoslayables de que Guzmán Loera haya sido detenido a menos de 48 horas de la visita a México del presidente estadounidense, Barack Obama, y que su libertad haya coincidido de manera casi exacta con el periodo en el que la Presidencia de la República fue ocupada por políticos procedentes del Partido Acción Nacional.

Los antecedentes que cita son el hecho de que El Chapo Guzmán lograra tender una red de negocios ilícitos que permea todo el país y varias partes del mundo sin ser detenido. En muchas ocasiones diversas voces autorizadas señalaron la falta de voluntad política para recapturar al Chapo y el hecho es que en la segunda y muy próspera fase de su carrera delictiva, el capo oriundo de La Tuna, Badiraguato, Sinaloa, recibió ayudas tan insospechadas como las armas que la oficina gubernamental de control del alcohol, tabaco y armas de fuego (ATF, por sus siglas en inglés), envió a su organización en el contexto de una supuesta operación encubierta y como los movimientos de lavado de dinero que la agencia antidrogas del país vecino (DEA) realizó para el cártel del Pacífico, encabezado por El Chapo.

La participación de agencias del gobierno de Estados Unidos en la política contra el narco en México ya quedó demostrada en diferentes cables, mostrando la gran injerencia que tuvo (o tiene) Estados Unidos en la guerra contra las drogas en México. Anteriormente la CIA, ya sea para infiltrar al narco o por cobrar parte del negocio, ha realizado prácticas en las que agentes suyos han vendido drogas a gran escala o han colaborado con el mismo narco, como una forma de seguir documentando la manera en que trabajan estos emporios, por citar sólo un ejemplo).

Espaldarazo oficial

Ocurre la detención del narcotraficante, por coincidencia, en un momento complicado para el país, cuando nuestra economía no levanta y exhibe poca movilidad; cuando existe un creciente descontento social contra las decisiones del gobierno de Enrique Peña Nieto, hay una inseguridad permanente, hay alzas a los productos y servicios (en especial las gasolinas) y, como si algo más fuese necesario, está la entrada de las reformas estructurales aprobadas por el Congreso el pasado mes de diciembre.

Indudablemente, es muy oportuno un “campanazo” mediático de esta dimensión, porque proporciona un poco de oxígeno a un régimen que se mantiene navegando en aguas turbulentas y no logra la estabilidad deseada. En este contexto político, resulta muy simplón clasificar la captura del “Chapo” Guzmán como un asunto de exclusiva competencia policiaca. La reciente visita a México de Barack Obama, así como la difícil situación que vive Michoacán, con el riesgo de contagio a otros estados del país, entre otros elementos, dan una relevancia mayor a la noticia que ayer sacudió al país y allende las fronteras, porque ninguna decisión del gobierno es aislada y siempre se conecta con otras áreas.

Sin embargo, pese al evidente beneficio que le causa este hecho al gobierno federal y la medalla de victoria que le pone al cuello a EPN, un deficiente manejo y seguimiento del caso puede propiciar también un efecto contrario que no sólo le restaría ganancias, sino lo confrontaría con una sociedad insatisfecha con la sola captura de un capo mayor, sin que problemas inmediatos se resuelvan.

Y es que ahora la sociedad mexicana está mejor informada, lo cual la volvió más exigente. Atrapar a Guzmán Loera implica cerrar un capítulo sin haber dicho una palabra sobre lo que sucedió en todos los demás, porque, en este punto, ya son años de huecos informativos y sospechas no confirmadas sobre un caso que aún tiene muchas implicaciones.
 
Así las cosas, se tendrá que aclarar ahora su extraña fuga del penal de Puente Grande “en un carrito de lavandería”; necesariamente tendrán que ser denunciados y aprehendidos no pocos cómplices que le ayudaron a elaborar una amplia red de corrupción que penetró diferentes instancias de gobierno.
Finalmente, por lo que respecta a la opinión de la gente sobre este hecho, diversas casas encuestadoras han indicado que, poco más de la mitad (51%) de los ciudadanos quiere ver al narcotraficante frente a un juez en México, mientras que 43% piensa que es mejor que sea juzgado en Estados Unidos.
 
Curiosamente al preguntar si “El Chapo” debe ser extraditado a Estados Unidos, donde pesan sobre él varias acusaciones graves, 55 de cada ciento de personas está de acuerdo con que sea mandado a la Unión Americana, entrega que no desean 31.

Su espectacular fuga, en 2001, sigue en el imaginario mexicano y 68.8% de la gente encuestada por Gabinete de Comunicación Estratégica dijo que “El Chapo” Guzmán podría escapar nuevamente de la Justicia. 27.7% piensa que no. Los encuestadores de Gabinete preguntaron a sus 600 entrevistados dónde surgió la protección en sus años de fugitivo: 52.7% piensa que los protegieron autoridades federales, 21.2% que “todas”, 9.6% señala a las estatales y 8% a las municipales.  8.5% no respondió o dijo que no sabe.  

Sobre qué reacción tendrá la gente de Joaquín Guzmán tras su caída, 44% mencionó que “se va a quedar tranquila por el momento”, pero 41% piensa que “se va a poner violenta de inmediato”.

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