What a big señorita

Hija de la globalización, es Lila por parte de madre y Downs por herencia de su padre. Ataviada siempre con indumentaria indígena, el cabello recogido en dos trenzas, sube al escenario para cantar lo mismo en inglés que en zapoteco, en náhuatl o en español. Lo suyo no es disfraz ni snobismo, es una cuestión de congruencia: hija de una indígena oaxaqueña y un músico norteamericano,

Lila creció en un movimiento pendular entre Minnesota  y Oaxaca. Hoy es conocida en todo el mundo a raíz de su participación en la película Frida (la versión producida por Salma Hayek en 2003), pero hace ya algunos años que Lila se lleva de tú con las corcheas y las semifusas.

La escuché por primera vez en Torreón hace algún tiempo, cuando todavía no firmaba con el sello internacional Narada World y ella personalmente vendía sus discos al terminar sus conciertos. Ahora actúa con frecuencia en festivales de  Holanda, Alemania, Japón y los Estados Unidos.

El primer disco de Lila es La sandunga, un homenaje a sus raíces oaxaqueñas. Producido de forma independiente, la grabación muestra algunas limitaciones técnicas por el bajo presupuesto que implica un disco autopatrocinado. No obstante, hay en él una idea muy clara de lo que la cantante busca: el manejo de diferentes texturas y colores vocales, que van desde las voces excesivamente nasales y tipludas hasta los registros seudo operísticos, pasando por los manejos lúdicos de algunos pasajes. La instrumentación no es arriesgada en absoluto: guitarras acústicas, arpas, jaranas, marimbas, cajón.

Dos años más tarde, en su segundo turno al bat, Downs pega un vuelacercas: YutuTata, árbol de la vida. En este disco no estarán presentes todavía los elementos hiphoperos o rocanroleros, pero se escucha una Lila mucho más suelta. Además, el saxofón de Paul Cohen nada en su tinta como un pulpo de bronce. De este disco se rescata la versión de Arenita azul, un huapango anónimo tradicional de la región de Río Grande Oaxaca. La iguana, Nueve viento y Semilla de Piedra (Ntikin nuyúu) son también mole de buen convento, en especial la última, que Downs dedica al maestro Francisco Toledo.

Pero si la tercera es la vencida, para la gringa-oaxaqueña será la que estaba esperando: así nace Border, La línea. Respaldado por Narada World, en esta producción hay algunos riesgos sonoros: las guitarras eléctricas (un slide habilita al Corazoncito tirano de Cuco Sánchez), la incursión en el hip-hop, y el uso de baterías convergen para alumbrar una propuesta original. Pero aquí hay algo más que un buen sonido. Desde la primera rola Mi Corazón me recuerda (basada en el poema del chiapaneco Jaime Sabines), se establece el motivo principal del disco; la migración.

Todas las canciones tocan de algún modo el tema, esta realidad tan norteña como cotidiana: Maquiladora sólo un recuerdo será algún día y la cosecha tu propio fruto será algún día… (de La niña). ¡Oh! que maravilla es ésta, lo que el TLC provocó, de una raya imaginaria de un chivi coló… (de La línea).

El cuarto disco, también editado con Narada en 2004, es One Blood, Una Sangre. Dedicado a las mujeres de todo el mundo y con atención especial a las asesinadas en Ciudad Juárez, en éste material escuchamos nuevos riesgos como el blues, reggae, el rap y el rock. La cucaracha o una muy potable versión de La bamba.

Dos discos más de Lila han aparecido en las tiendas: Ojo de Culebra y La Cantina, al parecer dando gusto a quienes esperan de ella un producto más pasteurizado y hasta Folk kitsch ¿Al cliente lo que pida? ¿Al son que le toquen danza? vaya usted a saber.

Después de algunos años de no tocar en nuestra tierra, Lila ha vuelto para hacer una gira por varias ciudades mexicanas. Muchos discos más para ella y su banda, y pisarán muchas tarimas en diferentes lugares del planeta. No le deseo suerte, porque sé que la tiene de sobra, además del talento. Enhorabuena, Lila Downs.

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