Réquiem por Johnny Winter

¿Cuántos años durará el invierno?

Tie-dye, encarnación
de un cuadro de Malevich,
dragón chino en bemoles:
la vida suena a blues en espiral.
Eterna retirada sobre el Highway
de una nota de paso,
migración a la inversa de una especie
que del verano escapa
y por enarmonía busca el frío.

Ayer ha errado, una vez más,
la predicción del clima:
en Texas caía nieve
sobre las carreteras polvorientas
cuando, en Suiza, el invierno agonizaba
y el sol se desgañitaba a rayos
derritiendo los Alpes,
maldiciendo al planeta con sus fiebres
como una brasa antigua, rencorosa,
como aquella luciérnaga soberbia
que dicta el flujo de las estaciones:
tónica primavera,
invierno dominante,
subdominante otoño
y nada más.

Ayer ha errado, como siempre,
la predicción del clima:
en un hotel de Bulach dejó de ser invierno,
sus manos comprobaron
lo helado de su nombre,
el regreso a sí mismo,
al mármol silencioso del último escenario,
a la oscura resaca del aplauso
cuando ya no hay encore.

La vida es un blues
que no necesita explicaciones,
un boogie aguardientoso en voz de Johnny,
un eterno retorno al primer grado
por diferentes rutas;
Sísifo de los trastes,
navegante de riffs, diestro Ulises
buscando el turnaround definitivo:
el regreso al acorde original.

Veinticinco mil días
ha durado el invierno
y ayer, sin avisar,
ha terminado.

Sobre Frino

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