Siguiendo al Perseguidor

Semana ajetreada, la última de agosto. En varias ciudades mexicanas se realizaron actos por el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, que según datos que la PGR emitió el pasado 21 de agosto, en nuestro país llegan a 22,322 personas.

Razones hay para pensar que se trata de muchas más. Por otro lado, el continente entero se volcó en los festejos del cumpleaños número 100 del Gran Cronopio, Julio Cortázar.

Como todos saben, Cortázar fue una piedra angular en la construcción del llamado Boom Latinoamericano. Títulos como “Rayuela” o “El Perseguidor”, resultan imprescindibles en cualquier biblioteca que se dé a respetar.

Van para él los rábanos de esta semana, y para la memoria de don Benito Aguirre Chávez, de quien tuve la fortuna de aprender los secretos del verso popular. Buen viaje, tío.

Novelista y traductor,
para el ché de la Olivetti
no habrá pastel ni confeti
sino un festejo mejor.
Siguiendo al Perseguidor
por convencimiento propio,
hice de fuerzas acopio
y fumándome un Gauloise
construí un solo de jazz
con los rastros del Cronopio:

Los limpiadores de estrellas,
Todos los fuegos el fuego,
Torito, Final del juego,
y Los pasos en las huellas.
Tango de vuelta, Botella
al mar, Puzzle, Acefalía,
Circe, La isla al mediodía,
Cartas de mamá, Bestiario,
Latinoamérica a diario
reescribe su biografía.

Pues todos sin excepción
vamos buscando a La Maga
en París, Veracruz, Praga,
Buenos Aires o Asunción.
Tegucigalpa, Torreón,
New York, La Habana y Bruselas,
son ciudades paralelas,
páginas de un mismo texto:
la vida es sólo un pretexto
para jugar a Rayuela.

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