Capítulo VII: Robin Trower

En esta ocasión mi texto se enfoca en un guitarrista que es para mí, realmente sobresaliente. Un guitarrista que pinta con enormes líneas lentas y claras que le dan la más clara forma a sus expresiones guitarrísticas. La complejidad y modulación dentro de la nota de guitarra es lo que, me parece, hace posible este estilo cuyo resultado es que en ninguna ocasión tiene el escucha duda de exactamente cuál es la melodía. La gran lentitud de algunas de sus líneas es resaltada cuando incluye secuencias de notas rápidas, pero su estilo no podría ser más lejos de los garabatos frenéticos e incomprensibles de los guitarristas metaleros conocidos como ‘shredders’.

Como ejemplo, voy a poner primero una canción conocidísima de B. B. King, The Thrill is Gone, de su álbum ‘Roots and Branches’ tan distinta al original:

y también, para realmente enfatizar el contraste, éste, donde B. B. King está bien acompañado por Eric Clapton, Robert Cray y Jimmie Vaughan, el hermano de Stevie Ray.

Como muchos guitarristas y otros músicos ingleses, el blues era una influencia fuerte en su arte –pero no el único.  Es algo difícil de imaginar que Robin Trower era el guitarrista de Procol Harum– sí, aquellos de ‘Una Pálida Sombra’ (aunque una traducción más literal –un tono más blanco de pálido–, revelaría más claramente el surrealismo de su letra), con su indiscutible influencia de Johann Sebastian Bach. (Si quieren ver un video de este hit totalmente y tontamente sesentera – ¡vaya nostalgia! – una liga definitivamente es esta: https://www.youtube.com/watch?v=Mb3iPP-tHdA).
Regresando al ajo, como lo he observado anteriormente, no soy para nada un purista del blues, de hecho la noción de esencias puras en cualquier contexto me parece muy sospechosa. Sin entrar en el Platonismo o en argumentos estériles acerca de tendencias hacía una esencia pura, prefiero en este texto quedarme con un artista que tiene otras influencias en su historia, y esto no me parece necesariamente ni bien ni mal. Mientras Robin Trower se acercaba y se alejaba del blues, mencionaré por ejemplo, unos cuantos de sus momentos más blueseros –sus versiones de canciones que asociamos con B. B. King-.

Un segundo ejemplo es esta canción, uno de los blueses más alegres: su version de Sweet Little Angel, la canción en que cada cosa que el cantante le pida a su mujer, ella bondadosamente lo multiplica por 100 (¡mínimo!),  originalmente en su disco Someday Blues.

Además de la expresividad de su trabajo instrumental –el tremolo que saca con sus dedos, lo admiro enormemente–, una cantidad de medios muy grande que deriva en parte de no tener las cuerdas demasiado cerca del trastero, que incrementa las cualidades acústicas de la guitarra, y en otra parte, por el uso de cuerdas pesadas afinadas un tono hacia abajo. Por mucho que quisiera, dudo algún día poder reproducirlo, ya que Trower tenía fama de subir y subir el volumen hasta niveles estratosféricos. El mismo Trower ha comentado con gratitud una anécdota de cuando grababa con el ingeniero que había trabajado con los Beatles, Geoff Emerick. Cada vez que Trower preguntaba si el volumen de su guitarra estaba demasiado fuerte, el ingeniero siempre respondía que no –y así fue que se logró capturar el sonido de su guitarra–, lo que contribuyó enormemente al éxito de su disco Bridge of Sighs.

Otro blues optimista, seductivo, es Rock Me Baby, (la grabación de la sesión en la BBC se puede escuchar aquí abajo). Ahora volvemos a encontrar a James Dewar, su bajista y cantante por muchos años, ahora ya fallecido, a quien antes mencioné en mi artículo sobre Maggie Bell and Stone the Crows, colegas musicales antes de su traslado a Londres. Robin Trower está actualmente de gira. Su carrera ya lleva más de cuatro décadas.

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