Peerles, la colección maravillosa

En un día de 1989 acudí junto con Mario Compañet a las oficinas de la disquera Peerles, ubicada entonces en Avenida Mariano Escobedo 201, para que nos dieran material fonográfico y de publicidad de un lanzamiento excepcional, la mejor y más integrada colección de blues clásico prensada en nuestro país, hasta ese momento. Se trataba de un proyecto memorable coordinado por Carlos Gómez Escriba, en donde el propio Compañet pudo fungir como asesor musical.

En un hecho insólito Peerles México compró los derechos de la compañía inglesa Charly Records, para sacar en nuestro mercado una primera colección de diez volúmenes históricos, representativos de algunos de los maestros fundamentales dentro del mundo del blues, cuyas melodías originales habían sido dados a conocer primero en sellos como Chess, Kent, Sun y Fire, entre otros.

Como para tratar de convencernos de que era verdad, Peerles sin tapujo nos informaba: “Ahora por primera vez en México, la mejor colección de Blues con grabaciones originales y sus mejores intérpretes, en discos (elepés) y cassettes Peerles, en coordinación con Charly LTD. Ármate de esta colección y de sus futuros lanzamientos”.

Con precios accesibles para la época y una distribución impecable que abarcaba desde tiendas de autoservicio y discotecas, hasta el Tianguis Cultural de El Chopo y mercados ambulantes, en poco tiempo la ciudad se inundó con este material extraordinario, que hacía posible tener en nuestras manos un catálogo clave de los maestros inmortales del sincopado ritmo, sólo posible entonces mediante discos importados que resultaban carísimos, o las grabaciones piratas en cassettes de una calidad auditiva bastante cuestionable.

De modo que el precio parar conseguir discos como los de Peerles fue irrisorio.

Estos fueron los primeros diez volúmenes lanzados:

1) Sonny Boy Williamson / One way out
2) Muddy Waters / Rare and unissued
3) The Animals with Sonny Boy Williamson / Live
4) Eddie Taylor / Big town playboy
5) Jimmy Reed / Top line records
6) Elmore James / You got to move
7) T-Bone Walker / Stormy monday blues
8) Jimmy Reed / High and lonesome
9) Howlin’ Wolf / The legendary sun performances
10) John Lee Hooker / Moanin’ the blues

Semanas después se publicó un segundo volumen de Muddy Waters –con una foto de portada de Muddy tocando en el Auditorio Nacional, con el crédito de Mario Compañet-, y otro de Sonny Boy Williamson denominado The Best.

Recuerdo que escribí una nota especial sobre el lanzamiento de la colección en el semanario en que entonces trabajaba, con una caricatura muy elocuente del Aguas Lodosas hecha por Luis Enrique Flores.

Con el paso del tiempo estos viniles se han vuelto de colección, no solamente por la calidad del sonido remasterizado directamente por Charly, sino también por los datos en español que vienen en la contraportada y la selección de canciones, muy bien balanceados en cada ejemplar, convirtiéndose en muestras representativas del mejor blues grabado en los años cincuenta en distintas regiones del vecino país del norte.

El antecedente directo y más importante del proyecto de Peerles lo tenemos en el notable catálogo de Richmond para América Latina, con otros ejemplares históricos que se publicaron a lo largo de los años setenta. Bajo licencia expresa de las compañías inglesas London y Deram, que son hasta la fechas las poseedoras de los derechos originales, Richmond lanzó versiones económicas de los primeros discos de John Mayall, Savoy Brown y Ten Years After, elepés muy importantes que, debido a su bajo precio, se convirtieron en la mejor escuela y en el material didáctico perfecto para quienes iniciamos el gusto por el blues redimensionado por los ingleses de finales de los años sesenta.

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Pero si bien su aportación era innegable para que disfrutásemos de la obra temprana de los Bluesbreakers, de Kim Simmonds y de sus muchachos, y de Alvin Lee con sus experimentos en el jazz violento, la calidad del sonido de estos discos era baja, lo mismo que la parquedad en la edición final, pues mientras en los discos importados encontrábamos fundas dobles y carpetas interiores con fotos a color, en las versiones mexicanas se trataba de fundas sencillas, con apenas unas cuantas fotos en blanco y negro en la contra.

Pero eso no era lo más desilusionante, sino que las notas informativas de la contraportada eran apenas algunas frases muy bonitas como “por favor disfrute este disco de música moderna que tiene en las manos”, pero ningún dato preciso de músicos, elencos, fechas de grabación ni datos importantes.

En los discos de Pererles hasta dicho aspecto fue bien cuidado pues la mayoría de los volúmenes incluye en la contraportada la traducción al español, de las notas de grabación que aparecen en los discos originales de Charly.

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