Entrevista a Eduardo “Lalo” Méndez

CB: Platícanos un poco de tu iniciación en el gusto por la música y de tu encuentro con el blues.

LM: Mi acercamiento a la música es desde niño, con la música que escuchaban mis papás por la radio. Podría decir que la música siempre ha estado conmigo. En el kínder en el que estuve, el maestro nos enseñaba a tocar flauta dulce y a leer música, de hecho, creo que leía mejor en ese tiempo que ahora (je je je). Me la pasaba todo el tiempo cantando. A mis papás les gustaba oír música ranchera y a los que llamaban de la era del rock en México. Eso era lo que oía y todo lo cantaba.

Más tarde, mi tía Celia, que vivía con nosotros, cuando entro a la preparatoria comenzó a llevar nueva música a casa o a sonarla en la radio. Con ella conocí a los Beatles y me encantó lo que oía. Aunque ya eran finales de los 70, para mis oídos era algo muy nuevo. Me prendieron y me volví un ferviente escucha de “La hora de Beatles”. Mi tía también me compartió muchas otras músicas, de distintos géneros, rock, pop y música clásica. Recuerdo que ella compró una colección de discos con las sinfonías de Beethoven y para mis oídos fue otra vez experimentar algo totalmente nuevo. Ella me llevó, siendo yo niño, por primera vez a escuchar a una orquesta sinfónica. Eso es uno de los recuerdos auditivos más profundos que tengo. Sentir por primera vez la potencia sonora y la infinidad de detalles de una gran orquesta dejo una huella profunda en mí.

Luego en mis épocas de vocacional conocí la música de Silvio Rodríguez. Pura poesía. La música de Silvio es gran arte. Me sigue conmoviendo hoy tanto como ayer. Recuerdo un concierto en el Auditorio Nacional en el que al momento en que canta “La pequeña serenata diurna”, me escurrieron algunas lágrimas, luego miro a mis costados, y no era el único, habíamos varias personas ahí haciendo mares con lágrimas.

Ha habido distintos momentos en que he escuchado cosas que modifican mi percepción de la música y mi búsqueda de la misma. Esos momentos en los que las cosas nos parecen completamente nuevas. Uno de esos momentos fue escuchar a Verónica Ituarte y Juan José Calatayud. Eso fue tremendo, me parecía a la vez virtuoso, extraño, emotivo, poderoso, divertido, expresivo. Ahí quise saber qué era eso del jazz. Pero en mi entorno cercano no tenía mucho de eso a mi alcance. Tiempo después un amigo de la ESIME, donde yo estudiaba ingeniería, Eliud López Blanco, me mostraría mucho jazz, comenzando por Sonny Rollins y John McClaughlin.

Mi encuentro con el Blues, fue cuando una noche de viernes al llegar a la casa de mis papás, con quienes vivía, mi mamá estaba viendo en la tele un programa que pasaba en las madrugadas que se llamaba “En vivo”, según recuerdo, conducido por Ricardo Rocha. Y estaba presentando a una cantante de blues: Betsy Pecanins. Me tocó el corazón hasta las lágrimas, y no es metáfora. Fue un impacto muy hondo, al punto que comencé a buscar sus discos y presentaciones con avidez. No me perdía un concierto de ella. Puedo decir que su arte me tocó profundamente y gracias a ella comencé a buscar también al blues.

 

CB: ¿En qué momento decides que la armónica sería una de tus herramientas de expresión?, ¿qué fue lo que te atrajo de este instrumento?

LM: A lo mejor fue la armónica la que me escogió (je je je). Me gustó desde que de niño una vez oí tocar la armónica a un familiar, al tío Ángel. Él vivía en el campo y decía que podía tocar y con su armónica poner a bailar a la gente. Un día me regaló una armónica, trémolo “El Centenario”. Acabé dañándola creo que muy pronto.

Muchos años después, ya estaba estudiando ingeniería en el Poli y mi mamá me regalo de cumpleaños una armónica, que recuerdo, hermosa, con acabado como de piano negra con letras doradas. Era de tipo trémolo, que no son las usadas en el blues, pero yo intentaba tocar cosas. En ese entonces estudiaba guitarra clásica, dentro del mismo politécnico. Formamos una banda de blues, me comencé a informar de que armónica se usaba para el género y conseguí la diatónica de 10 agujeros, que es la típica del blues. La banda duró muy poco, pero me permitió acercarme al instrumento, aunque yo seguía más interesado en la guitarra.

Es hasta hace unos 10 años que reencuentro a la armónica de una nueva manera y me entra una pasión casi inexplicable por tocarla. Comencé a oír a muchos armonicistas y dejé la guitarra por completo.

 

CB: Se destaca mucho la técnica que despliegas al ejecutar la armónica, ¿podrías contarnos en qué consiste?, ¿cómo has llegado a desarrollar esta?

LM: La técnica es pura disciplina y constancia. No tengo mucho talento, así que lo único que me queda es estudiar mucho y practicar y practicar… y practicar. Trato de aprender nuevas cosas todo el tiempo. Antes no había quien te enseñara, así que aprendí de los discos, escuchando a Little Walter, a Big Walter Hurton, a James Cotton y a muchos otros armonicistas de blues. Oí muchas cosas que no sabía cómo le hacían y me tomaba mucho tiempo de prueba y error averiguar como hacían lo que hacían. Como las técnicas del “bending” y el “slap”. Recuerdo haber oído a un armonicista callejero tocar un tema y acompañarse simultáneamente sólo con su armónica. Lamenté mucho no preguntarle cómo lo hacía. Me tomó años aprender a hacerlo.

Después me topé con el libro de Jon Gindik “Rock & Blues armónica” y realmente me develó muchas cosas acerca del instrumento y del blues, como estructuras, posiciones, riffs. Aprendí mucho de los discos “Blues Harmónica Masterclass” de Jerry Portnoy. Es el mejor material que conozco para aprender técnica de armónica, enfocada al blues. Más tarde, Jorge García Ledesma, armonicista del grupo “Follaje”, me regaló un cassette con grabaciones de Howard Levy y Carlos del Junco. Me dejaron sorprendido. Tocaban cosas increíbles. De verdad increíbles, lo que ellos hacen me parecía imposible de tocarse en la armónica diatónica. No podía siquiera imaginar cómo lo hacían. Así que me puse a averiguar acerca de ellos y pronto supe que Howard Levy había desarrollado una técnica para tocar la armónica diatónica, como un instrumento plenamente cromático y que tenía un video instruccional. Compré el video y lo estudié, hasta que pude aprender la técnica. Años después Howard abrió su escuela en línea por internet y estuve inscrito por algo así como un año. Sigo trabajando con la técnica de Levy, pues dar la afinación correcta no es fácil, así que procuro afinarme mejor cada día.

El conocer la técnica de Levy, te permite tocar con una misma armónica en cualquier tonalidad. Entre los armonicistas a esto le llamamos “posiciones”. Esto es, por ejemplo, si solamente tenemos una armónica en tono de DO, podremos tocar, con esa misma armónica temas en distintas tonalidades: en DO (primera posición), en SOL (segunda posición), en RE (tercera posición), en FA (cuarta posición) y así sucesivamente con el círculo de quintas. En el blues, la diatónica solía limitarse a tres posiciones o hasta cinco posiciones cuando más. Por lo que se tiene que cambiar de armónica si cambia de tono el tema musical. Gracias a Levy, ahora tienes las doce posiciones a tu disposición en cada armónica. Eso enriquece enormemente las posibilidades de nuestro pequeño instrumento y permite aplicar la armónica diatónica para tocar otros géneros musicales, además del Blues.

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CB: ¿Tienes una armónica especial que prefieras por su sonido o por la comodidad al tocarla?, ¿cómo eliges la armónica que quieres que te acompañe?, ¿En qué consisten tus pedales para efectos?

LM: ¿Te refieres a la marca? Toco sobre todo armónica diatónica de diez agujeros, aunque excepcionalmente toco también la armónica cromática. He tocado y roto, con el uso, un montón de armónicas, de distintas marcas y modelos. En los últimos tiempos prefiero la Seydel 1847 classic. Me gusta casi todo en ella: su afinación, que es un compromiso entre la afinación justa y la de igual temperamento. Su tamaño y comodidad, es un poco más grande que las Hohner.

La sonoridad, que es mayor que en el resto de las armónicas y permite una mayor dinámica. Su timbre, la durabilidad de sus lengüetas y la disponibilidad de refacciones. Pero también me gusta la Marine Band Crossover y la Golden Melody. De hecho, en un mismo concierto a veces uso las tres, porque el sonido o afinación de cada una se presta para temas diferentes.

Elijo la armónica según el tema que vaya a tocar. Considero, el timbre, tipo de afinación, dinámica y finalmente que tan fácil o complicado resulta tocar cierto tema. Por ejemplo, la Golden Melody me gusta para ciertas melodías, en particular cuando toco en “posiciones” más allá de la tercera o cuarta posición, pues debido a su afinación de igual temperamento, suena mejor afinada en cualquier posición que se toque. La Seydel 1847 y la Crossover suenan siempre muy bien cuando se requiere de hacer acordes, en particular en el blues.

En cuanto a la tonalidad, con frecuencia pruebo cambiar el tema a diferentes tonos y a tocarlo en distintas “posiciones”, buscando el “color” musical que más me guste y que resulte más amable de tocar técnicamente. La prioridad es que me guste como suena. La armónica diatónica tiene la característica de que al tocarla en diferentes “posiciones”, te lleva a frasear de distintas maneras y produce diferentes texturas según la “posición”. Y aunque prefiero la armónica diatónica, en algún tema incluso preferiré usar una armónica cromática, si la sonoridad es la que busco.

Los pedales los uso para redondear mi sonido, pero creo firmemente que el sonido proviene de uno mismo. Uno tiene que sonar bien sin pedales. Aún sin micrófono. Los pedales sólo visten el sonido que ya cada quien trae. Busco tener un sonido propio, muy personal. Modifico mis micrófonos y hasta me he construido algunos yo mismo. Uso pedales de reverb y delay casi siempre. Los ajusto para cada espacio escénico y me gusta usarlos de manera sutil.

También utilizo un compresor muy suave, muy ligero, sólo para compensar el hecho de tocar con la armónica pegada al micrófono. Como usualmente no llevo mi propio amplificador, sino que me conecto directo al sistema de audio, también a veces uso un overdrive y un emulador de bocina, para tener ese sonido un poco “gritty”, sobre todo en los blueses estilo Chicago o en el rock. Tengo también un ecualizador que uso para tratar de resolver problemas cuando las condiciones de audio no son muy favorables o no llevo a mi ingeniero de sonido.

También en mi pedalera tengo un “looper”, que por ahora sólo uso para grabarme cuando estoy estudiando. Lo demás son switches para activar o desactivar la salida de audio en determinado punto de la cadena de efectos. Esos pedales abarcan por ahora mis necesidades en casi cualquier situación, ya sea de escenario o de grabación. Cada tema tiene sus propios requerimientos de efectos, así que, durante una presentación, activo, desactivo o modifico los efectos, pero en general lo hago de manera muy sutil. Hay ocasiones en que sólo uso un delay y mi amplificador portátil “Pig Nose”, que ya me dan un buen sonido para el blues.

 

CB: ¿Qué otros instrumentos tocas?

LM: El saxofón alto y el soprano.

 

CB: ¿Cómo defines el espectáculo LiberBlues que actualmente muestras en tus conciertos?

LM: Es un concierto instrumental en el que la armónica es solista y el blues es el eje emocional y sonoro, pero nos tomamos la libertad de acercarnos a otras músicas como el jazz, el rock y el tango. De hecho, sólo hay unos pocos blueses en estilo tradicional, los demás tienen estructuras diferentes y que proponen nuevas cosas. Se incluyen temas originales, algunos de autores ya conocidos y otros no tanto. Eso sí, todos los arreglos son originales y propios, la mayoría míos y con contribuciones de Baldomero Jiménez, Erik Mandrakas y Jorge García Montemayor. LiberBlues se origina como dúo, aunque ahora lo presento en formato de trío y también de cuarteto. Actualmente soy muy afortunado de que me acompañan ya de planta Jorge García Montemayor, a la guitarra y Jorge Velasco, al bajo eléctrico.

 

Eduardo “Lalo” Méndez – SPAIN (Chick Corea):

Eduardo “Lalo” Méndez – HIDEAWAY (Freddie King):

 

CB: Para llegar a este momento en tu trayectoria musical, ¿cuáles son tus influencias principales?

LM: Me ha influido toda la música que escucho y es claro que muchos armonicistas. En el aspecto técnico de la armónica, creo que Little Walter, Walter Horton, Jerry Portnoy y Howard Levy son influencias naturales, aunque desde luego no las únicas. Pero en otros aspectos de la música mis mayores influencias no son armonicistas. Siento que me han alimentado mucho los conceptos musicales de la jazzista Verónica Ituarte, la cantante Betsy Pecanins y el pianista Baldomero Jiménez. Los tres músicos profundos.

De Verónica Ituarte, la libertad que le da el dominio de la técnica para hacer la música con profundidad y gozo, sin perder el lirismo ni caer en una música puramente intelectual. Su manera de improvisar melodías que cuentan historias, en vez de escupir sólo notas.

De Betsy Pecanins, su comprensión profunda del blues como género musical y no como una simple estructura. Lo poderoso que puede ser una nota cuando está bien colocada.

De Baldomero Jiménez, con quien tuve oportunidad de hacer dúo piano-armónica, aprendí nuevas formas de ver a la música, de su manera de hacer arreglos, su manejo de la armonía y la improvisación. Su apertura a tocar distintos géneros.

Escucho también a guitarristas, saxofonistas, pianistas, flautistas y cualquier instrumento o música que me emocione, de dondequiera que venga. Inevitablemente todo eso te influye de manera incluso inconsciente.

 

CB: Háblanos de los músicos que generalmente te acompañan.

LM: Me han acompañado muchos músicos desde que comencé con este LiberBlues. Todos ellos aportando su talento e imprimiendo sus huellas personales en la música: el guitarrista Erik Mandrakas, con quien empecé el proyecto, el guitarrista Jorge Retana, el contrabajista Arturo Luna, el baterista César Bolaños y la percusionista Rocío Gómez.

Actualmente, me acompañan a la guitarra Jorge García Montemayor y Jorge Velasco al bajo. Tocar con ellos es como estar viviendo mi sueño. Son músicos a los que veía en el escenario con Betsy Pecanins. Ambos tienen una amplia y muy importante trayectoria en la música, participando en muchos otros proyectos. La primera vez que hablé para invitar al proyecto a Jorge García Montemayor, yo estaba muy nervioso de saber si aceptaría, pues él es un músico que sólo participa en proyectos que le convencen artísticamente y por otra parte yo no tengo una trayectoria que se acerca siquiera a cualquiera de ellos. Primero me pidió las partituras de lo que íbamos a hacer y luego me invitó generosamente a su casa a desayunar para platicar acerca del proyecto. Cuando me dijo que le gustaba la idea, bueno, para mí fue muy emocionante. Ahora hemos hecho una gran amistad y me ha hecho crecer mucho con sus aportaciones a este LiberBlues. Fue a través del maestro García que hice contacto con Jorge Velasco. Creo que hicimos click de inmediato. Es un extraordinario músico y también generoso, de inmediato ofreció su casa para que ensayáramos, y hasta la fecha ahí hacemos los ensayos. El maestro Velasco también es escritor, investigador y además de poseer una musicalidad fragante, también es un ser humano muy amoroso y pone una tremenda energía emocional en todo. Con ellos la música crece a un nivel que la energía corre por todos lados. Todo eso lo transmiten también a quien los escucha. Es motivo de regocijo oírlos hacer la música y tocar con ellos un gran privilegio.

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CB: ¿En qué otros proyectos participas?

LM: Por ahora sólo en el mío.

 

CB: Cuéntanos de tu labor como docente ¿qué satisfacciones has obtenido a través de esta faceta?

LM: Me gusta mucho. El poder ayudar a otros amantes de la música a aprender en menos tiempo lo que a mí me tomó años descubrir. Que sientan la alegría de tocar la armónica y que se puedan comunicar a través de su instrumento, con su propia voz, es ya suficiente satisfacción. Pero la otra cosa es que al enseñar a otros también aprendes mucho y reafirmas y practicas lo que ya sabes. Los alumnos siempre te ponen retos y son orejas nuevas que te muestran continuamente nuevas cosas. Te nutren. En los talleres no sólo trabajamos con la técnica y la teoría musical, sino también discutimos y platicamos de las emociones, de las funciones del arte y la música en nuestro entorno social, de la historia, de filosofía y muchas otras cosas.

Así que la interacción con las personas que asisten a los talleres, te alimenta con muchas ideas. También creo que el aprendizaje de la música te da mayores posibilidades de desarrollar consciencia y de transformación positiva. Por otro lado, aunque la mayoría de los alumnos no se dediquen profesionalmente a la música, el puro hecho de estudiarla, los convertirá en audiencia informada, que siempre será un mejor público.

 

CB: ¿Dónde podemos saber las fechas de tus presentaciones y obtener información para los cursos y lecciones personalizadas?

LM: En mi página de Facebook: https://www.facebook.com/LaloMendezArmonica/

 

CB: ¿Gustas dirigir algunas palabras a los lectores de Cultura Blues?

LM: Agradezco a ti, (María Luisa Méndez), y a Cultura Blues la oportunidad de compartir con más gente a través de esta entrevista. Espero que continúen con la gran labor de comunicarnos a quienes amamos al blues de los quehaceres en que andamos.

El arte musical es transformador y puede sacar lo mejor o lo peor de nosotros, pero en ambos casos nos deja la posibilidad de conocernos mejor a nosotros mismos. Sigamos escuchando el blues profundo tan necesario en tiempos difíciles, como los que ahora vivimos. Sumemos. Compartamos.

01_huella1_4Fotos y videos cortesía: Eduardo “Lalo” Méndez

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