Robert Johnson, más que una leyenda

En el mes de mayo se conmemora el natalicio de Robert Johnson, el bluesman que se hiciera famoso por la leyenda de vender su alma al diablo en la encrucijada formada por las carreteras 49 y 61 en Clarksdale, Mississippi, Estados Unidos; a cambio de ser el mejor músico de blues, y de quien existen datos curiosos e interesantes muy poco conocidos en torno a su vida personal.

 

Fecha de nacimiento

Nació en Hazlehurst, Mississippi, su nombre completo fue Robert Leroy, y fue hijo de Julia Ann Majors y Noah Johnson. No se tiene certeza de la fecha exacta de su nacimiento, pues aunque la versión “oficial” asegura que nació en el año de 1911, investigadores como David Evans y Paul Oliver la ubican en 1912 y otros como Stephen Calt y Gale Dean Wardlow la ubican en septiembre de 1911 y/o agosto de 1912.

Los registros de la escuela en donde asistió una temporada hacen constar que para el año de 1924 Johnson tendría 14 años y que en el año de 1927 tendría 18 años; del acta de su primer matrimonio se desprende que en 1929 tendría 21 años y en el acta de su segundo matrimonio tendría 23 años en 1931; por lo que para descifrar la fecha correcta del día de su nacimiento se tuvo que recurrir al testimonio de una media hermana quien aseguró que aproximadamente por esas fechas (por el 8 de mayo), su madre lo felicitaba todos los años.

 

Su deficiencia visual

En 1927 Johnson abandona la escuela con el pretexto de tener vista defectuosa, hecho que con posterioridad se confirmaría toda vez que al poco tiempo desarrolló cataratas en el ojo izquierdo, motivo por el cual se dedicaría de lleno a lo que más le llamaba la atención, la música.

 

Su gusto por la armónica

El instrumento que originalmente tocaba para nuestra sorpresa, no fue la guitarra sino la armónica y más sorprendente aún es el saber quién le enseño a tocar ese instrumento, ni más ni menos que Son House a quien conoció en Robinsonville, Mississippi, quien además le enseñó la técnica del “bottleneck” o lo que se conoce en el medio del blues como slide, lo que hacía con un instrumento llamado diddley bow, una especie de guitarra hecha con un trozo de madera o una caja de cigarros, una botella y una o dos cuerdas.

Por un tiempo, el joven conocido en esa época como “Little Robert” tocó la armónica, sin embargo, intentaba aprender a tocar la guitarra, pero sin éxito alguno, pues no tenía la habilidad necesaria para hacerlo, hecho que motivó a ser la constante burla de sus mayores. El mismo Son House llegó a comentar que Johnson era un hombre decente pero un guitarrista terrible. En esa época conoció a dos músicos de blues, a Willie Brown y a Lonnie Johnson, con quienes intentó tocar en diversas ocasiones la guitarra, sin lograrlo adecuadamente, por lo que le recomendaron que se abstuviera de hacerlo y se dedicara sólo a tocar la armónica.

Son House comentando de sus experiencias con Robert Johnson

 

Su misteriosa personalidad

Robert Johnson fue un hombre errático, huraño, esquivo, cayendo en lo esquizofrénico, bebedor, tímido, sin ataduras, que se dedicaba a viajar de un lugar a otro, y según investigadores de su vida a menudo se cambiaba de apellido, razón por la que se han constatado al menos ocho apellidos distintos.

Características de su personalidad que han hecho pensar que él mismo inventó la historia de su encuentro con el diablo, o que incluso, fue una historia copiada de otro bluesman: Tommy Johnson, quien a su vez la copia de su hermano el reverendo LeDell Johnson quien le dijo: “Si quieres aprender a tocar lo que sea y a hacer tus propias canciones, coge tu guitarra y vete a un cruce de caminos. Ve e intenta estar un poco antes de las doce para asegurarte de no llegar tarde. Tomas la guitarra y te pones a tocar un tema ahí sentado. Sólo. Entonces un gran hombre negro llegará caminando, te pedirá la guitarra y la afinará. Después tocará un tema y te la devolverá. Así es como aprendí todo lo que quisiera“. (“El Blues, el diablo y los cruces de caminos”: Manu Groveman)

Manu Groveman en su artículo “El Blues, el diablo y los cruces de caminos” expone: “…En la mitología de Mississippi existen muchas leyendas, pero tal vez el ritual de vender el alma al diablo sea uno de los que más haya calado en la cultura popular. Aunque para muchos historiadores y biógrafos sea un episodio anecdótico, testimonial, irrelevante o incluso sonrojante, lo cierto es que para muchos seguidores del blues supone uno de sus grandes atractivos y se producen devotos peregrinajes hacia los supuestos lugares donde estos bluesmen negociaron con Satán.

Uno de ellos, tal vez de los mayores reclamos turísticos de Mississippi, se encuentra en Clarksdale en la intersección entre la autopista 61 y la autopista 49. Allí, se dice, vendió Robert Johnson su alma. Sin embargo, el pacto con el diablo no es ni mucho menos algo sólo propio del sur de Estados Unidos. Ya en el paganismo que prosiguió a la caída del Imperio Romano, en plena expansión del cristianismo, a partir del siglo IV de nuestra era, venían recogidas una serie de rituales considerados maléficos, entre los que se encontraba el pacto con el diablo. En la imaginería cristiana encontramos el mito de Teófilo, un clérigo insatisfecho y desdichado que decide vender su alma al diablo para prosperar. En la Alemania del siglo XVI aparece el mito de Fausto, personaje legendario -inspirador de multitud de novelas, óperas y películas-, que ante la insatisfacción en su vida decide tratar con el diablo. Derivado del mito de Fausto encontramos al diablo Mefistófeles, que según cuenta la leyenda popular alemana era el subordinado de Satanás que se encargaba de capturar almas. En el siglo XIX el famoso violinista italiano Niccoló Paganini pactó con el diablo para convertirse en el mejor músico de todos los tiempos.

Generalmente, la naturaleza del pacto siempre es la misma: se vende el alma al diablo para conseguir un poder fabuloso o habilidades sobrenaturales. Pero según la Demonología cristiana, el pacto -que podía ser oral o escrito-, consistía en aquelarres, sacrificios, conjuros o invocaciones donde para perpretar el cambio era necesario ofrecer al diablo niños recién nacidos o relaciones sexuales. En la música esa naturaleza carnal se transforma y la recompensa es el virtuosismo musical. Aún así tan importante resultaba el demonio -protagonista del pacto- como el lugar donde se pertrechaba…”.

Con lo anterior, se deja a un lado la famosa leyenda de la encrucijada con la que se ha explicado, cómo fue que Robert Johnson adquirió la habilidad para tocar la guitarra e interpretar el blues, sustituyendo dicha versión solo por la obsesión personal que se le creó de dominar el instrumento de las seis cuerdas para callar las bocas de quienes lo humillaron por su mala destreza al tocarlo.

Tommy Johnson – Big Road Blues

 

Tommy Johnson – Canned Heat Blues

 

Su encuentro con Ike Zimmerman

Un hecho que marcó su vida y que sin lugar a dudas influyó en esa extraña personalidad que desarrolló, fue su encuentro en su ciudad natal Halezhurst, con Isaiah “Ike” Zimmerman, un músico de Alabama famoso en el Delta por su habilidad para interpretar la guitarra, pero más famoso por hacerlo en el cementerio de la ciudad, lugar por demás extraño en donde tranquilamente Robert Johnson tomaba clases.

Su admirable memoria

Otro dato importante, es que Robert Johnson tenía una extraordinaria habilidad para memorizar las notas musicales, Johnny Shines quien fue su compañero de giras decía que Jonhson hacía cosas que nadie había hecho jamás…

“… Cualquier cosa que pudieras hacer con el piano, él la hacía con la guitarra…”, “… Era como llevar el bajo y la guitarra en un mismo instrumento…” y aún más “…Podía estar hablando contigo mientras sonaba un disco y al acabar repetir nota a nota lo que había escuchado, a veces después de dos o tres días…

Robert Johnson – Preaching Blues (a 85% de su velocidad normal)

 

Su relación con otros músicos de blues

Durante su corta carrera musical tuvo relación con un grupo de músicos de blues con los que en diversas ocasiones compartió sus presentaciones, Son House, Willie Brown, Lonnie Johnson, Honeyboy Edwards y Sonny Boy Williamson, pero es con Johnny Shines con quien haría una mancuerna inseparable por varios años.

Johnny Shines – Sitting On Top Of The World

 

Asimismo, cabe destacar que a pesar de que no tuvo hijos naturales y el único que tuvo con su primer esposa Virginia Travis falleció junto con ella en el parto, al contraer un segundo matrimonio con Esther Lockwood, Johnson adopta como hijo suyo a Robert el hijo de Esther, convirtiéndose en padre o padrastro de Robert “Junior” Lockwood, a quien le enseño los secretos de la guitarra, para que a la postre se convirtiera en un gran músico de blues, sin saber que en un futuro su pupilo también compartiría escenario con su pareja musical y amigo Johnny Shines.

 

Robert Lockwood Jr – Black Spider Blues

 

Robert Lockwood Jr y Johnny Shines – I Walked From East Saint Louis

 

Su gusto por las mujeres

Es sabido que Johnson tenía un gusto desatado por las mujeres, en las ciudades en donde se presentaba buscaba tener una relación con alguna mujer de ahí, y al día siguiente se marchaba, desapareciendo sin dejar rastro alguno, tanto que fue orillado a cambiar más de una vez de nombre por temor a ser descubierto por los maridos celosos.

Pero ese vicio por las mujeres sería el que le llevo a la muerte, pues una noche al tocar en un bar llamado “Three Forks” intentó seducir a la mujer del dueño del local, minutos antes de comenzar el show bebió una copa de una botella de whisky que le hicieron llegar sin saber que la bebida estaba envenenada con estricnina, agonizando durante varios días para finalmente fallecer el 16 de agosto de 1938.

Sus fotografías

Por muchos años fueron solo dos las fotografías reconocidas oficialmente de Robert Johnson, una de cuerpo completo, en blanco y negro, de traje y sombrero, cruzando la pierna y tomando su guitarra, y otra en blanco y negro en donde sólo se le ve parte del torso tomando su guitarra con un cigarro en la boca.

Sin embargo, posteriormente salieron a la luz otras dos fotografías, una en color sepia en donde se le ve parado de traje y sombrero tomando su guitarra junto a Johnny Shines quien viste con un traje blanco y también de sombrero, y otra sentado aparentemente en un bar o juke-joint con Calleta Craft, Estella Coleman -su esposa en esa época- y su hijastro Robert Lockwood Jr, mismas fotografías que han sido motivo de polémica en torno a su veracidad.

Sus tumbas

Otro dato interesante y misterioso de su vida, es el lugar en donde se encuentran enterrados los restos de Robert Johnson, toda vez que a pesar de que existen tres lápidas en Greenwood, Mississippi, no existe la certeza de en cuál de ellas permanezcan sus restos, inclusive Sony, la empresa que edita sus grabaciones cree que fue enterrado debajo de un árbol en el cruce de caminos que dio lugar a la famosa leyenda. (“La guitarra que afinó el diablo”, Eric González, El País, 19-octubre- 2008).

Robert Johnson – Me and the Devil

En la letra de su canción Me and the Devil Blues, decía: “Puede que entierres mi cadáver bajo la cuneta de la autopista, así mi viejo espíritu del mal podrá coger el autobús Greyhound y marchar

La vida de Robert Johnson siempre ha estado rodeada del misterio, pero lo indiscutible es su talento y la aportación de su legado en la historia de la música a nivel mundial especialmente en el género del blues, así como su influencia en una gran cantidad de músicos quienes hasta el día de hoy le rinden homenaje a su obra.

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