¿Qué es realmente el Rock and Roll?

Aunque parezca mentira, todavía en nuestros días persiste una idea equivocada de lo que es el Rock and Roll, lo cual no tendría en sí mismo la mínima importancia, de no ser porque tal confusión ha llevado al engaño a todo mundo respecto de la verdadera autoría de un género musical que sentó las bases de gran parte de la música popular que escuchamos hasta la fecha. Para explicarme de forma adecuada, comenzaré por el principio de esta interesante y aberrante historia que, por desarrollarse en los Estados Unidos, contiene ese ingrediente de racismo despiadado, muy propio de nuestros vecinos anglosajones del norte.

Allá por la década de los 50, pocos años después de que el blues se electrificó con la aparición de la guitarra eléctrica –coincidiendo con el arribo masivo de grandes músicos afroamericanos de blues a las grandes ciudades como Chicago, que aún en nuestros días ocupa un lugar preponderante en la escena del blues a nivel internacional– nació lo que sus autores llamaron Rhythm and Blues (R&B), que era blues, como su nombre lo indica, pero más ágil por así decirlo, más acelerado, muy propio para bailar, por lo que tuvo un éxito tremendo no sólo entre la población de color, la cual ya llevaba un tiempo considerable disfrutando de su propia música, sino que provocó en los radioescuchas en general un efecto que se podría definir así: una vez que lo escuchas ya no quieres dejar de hacerlo: crea adicción.

Los creadores de ese estilo innovador de blues, el Rhythm and Blues (R&B), son personajes harto conocidos todos ellos y la lista es corta: Chuck Berry, Little Richard, Johnny Johnson –pianista, autor de mucho del R&B lleno de ritmo de Chuck Berry–, Fats Domino, Bo Diddley, y hasta güeros como Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Gene Vincent, Buddy Holly, o de origen mexicano, como Richie Valens. Todos estos músicos aportaron un estilo novedoso hasta entonces, tocando el “blues rítmico” o R&B, mediante una creatividad desbordante que lo invadió todo.

Sólo qué por aquellos años, en los Estados Unidos se trataba de mantener a raya cualquier influencia de la cultura afroamericana, considerada “salvaje y depravada”, sobre la juventud anglosajona, y por consecuencia se llegaba al absurdo de que en las estaciones de radio que habían sido pensadas para dirigirse al público blanco, el de las “buenas costumbres”, se podía transmitir únicamente música creada e interpretada por blancos.

Por tal motivo, ningún locutor se atrevía a arriesgar su chamba programando blues o R&B en sus estaciones, ya que eso era considerado como un verdadero atentado a “la moral y buenas costumbres” de los jóvenes anglosajones norteamericanos.

Pero la adicción al blues y al R&B ya había prendido no solamente entre los jóvenes blancos, sino también en un considerable número de adultos anglosajones, lo que llevó a pensar, y rápido, a los personajes involucrados en la difusión de la música popular de nuestro vecino y racista país, en encontrar una fórmula que les permitiera acceder a ese cada vez más numeroso público ávido de blues y R&B: Se requería de una figura con buena voz y suficiente carisma, blanco por supuesto, que interpretara el desatado R&B.

Ese problema se resolvió alegremente con la aparición de un joven güerito de ojos azules, meneando el trasero y cantando con buena voz Hound Dog, interpretada anteriormente por Big Mama Thornton, cuya versión es más lenta y con mucho mayor cadencia que la de Elvis Presley, quien lo único que hizo fue acelerar el ritmo de la canción, convirtiéndola en lo que ya se conocía como R&B.

Pero la gente de la radio norteamericana todavía tenía un problema, el ritmo conocido como R&B era de origen negro y si programaban a un blanco cantando música de negros, podrían ser criticados y tal vez hasta echados a la calle, independientemente de que gustara la interpretación.

A diferencia del obstáculo anterior, es decir, el de conseguir un intérprete blanco de R&B, el problema del nombre del ritmo era lo de menos, éste se podía cambiar. Y así lo hicieron. Rock and Roll fue el nombre con el que rebautizó al Rhythm and Blues (R&B) Alan Freed, un locutor norteamericano de radio, debido a la imposibilidad de programar este tipo de música en una estación de radio de y para blancos, pero con una audiencia cada vez más numerosa pidiendo canciones de los blusistas del momento, negros todos ellos. Lo que sucede es que, en la escena del blues de aquellos días, la presencia afroamericana era apabullante, por decir lo menos.

Aparte de los exponentes de R&B mencionados arriba, andaban tocando personajes como Sonny Boy Williamson, Muddy Waters, Little Walter, Big Bill Bronzy, Lightnin’ Hopkins, T– Bone Walker, Professor Longhair, Ottis Spann, Big Mama Thornton, Big Joe Turner, Jimmy Witherspoon, John Lee Hooker, B. B. King, Howlin’ Wolf, Willie Dixon (Mr. Blues), etcétera, por referirme sólo a unos cuantos, por lo que era realmente muy difícil encontrar músicos blancos de blues o de R&B.

De manera que una vez salvados ambos obstáculos, obtuvieron la fórmula mágica a través de la cual comenzó a sonar insistentemente la caja registradora: Elvis Presley, “rey del Rock and Roll”, y de un plumazo desaparecieron todo el sustento de este joven ambicioso, que apenas tocaba algunas notas en la guitarra y ni de broma compondría alguna canción ni mucho menos. “Yo no sé nada de música: en mi profesión no lo necesito”, declararía él mismo. Eso sí, era muy bien parecido y cantaba y bailaba bien, pero eso era todo.

Al R&B lo llamaron de inmediato Rock and Roll no sólo en la estación radiofónica donde laboraba el tal Alan Freed, autor de tan “maravillosa” idea, sino en muchísimas otras, que ya habían captado el mensaje del truco del locutor aludido, para salvarse de la censura del típico racismo norteamericano imperante.

De ahí en adelante las radiodifusoras “blancas” programarían felizmente todo el R&B que quisieran, tan sólo sustituyendo su nombre por el de Rock and Roll, que por ser “creación” de un blanco, tenía poca o nula resistencia para ser difundido. Genial.

Alan Freed

Sólo que se trata de un verdadero autoengaño como nunca se ha visto en la historia de la música: el autor de la “genial” idea, Alan Freed, y quienes lo avalaron y siguieron, sabía que se trataba de un vil truco para ganar audiencia, que por otro lado tenía bien asegurada, porque conocía lo que todos los radioescuchas pedían a gritos que programara en su estación de radio: blues y R&B.

A todos esos fans blancos del R&B seguramente no les molestaría en lo más mínimo que a ese ritmo que les encanta, ahora lo llamasen Rock and Roll, cosa que así sucedió; y, por otro lado, contar con un nuevo exponente, blanco éste, y considerarlo el “creador” del mismo, prácticamente enloquecería al respetable, como aconteció no sólo en Estados Unidos, sino que trascendió sus fronteras, algo en lo que ni por asomo pensó Mr. Freed. Por esta razón se conoció e identificó en todo el mundo a Elvis Presley con el famoso Rock and Roll. Él fue “el primero” en interpretar ese género, él es el “rey del Rock and Roll”. Hasta suena convincente, si no fuera por el fiasco que representa.

Pero a pesar de saber todo esto, hasta parece que ellos mismos se la creyeron –como suele suceder cuando una mentira se repite hasta el cansancio– cuando nos aventaron el mito del rey del Rock and Roll refiriéndose a Elvis Presley. ¿Pero, qué no vimos líneas arriba que lo que por motivos racistas llamaron Rock and Roll en realidad era R&B? La respuesta es sencilla: El racismo muchas veces no se lleva con los buenos negocios. Es necesario disfrazarlo como en esta historia. Para subrayar el colmo y hasta el lado chusco e inverosímil de las consecuencias de este penoso asunto, existen inclusive anécdotas debidamente registradas mediante video (como uno de tantos, titulado Sweet Home Chicago), de bluseros de color de aquellos tiempos, que se quejaban porque sus interpretaciones aparecían en la sección de R&B de la revista Billboard, mientras que la interpretación de la misma rola aparecía en la sección de Rock and Roll, sólo porque la cantaba Elvis. Más claro, creo que ni el agua.

Otra aberración que he leído y escuchado con bastante frecuencia, es qué, según presuntos conocedores de historia de la música, pretenden endilgarnos la idea de que el Rock and Roll proviene de una mezcla de blues y country. Tal barbaridad es fácil de descubrir, basta con escuchar cualquier creación de por ejemplo Chuck Berry o Little Richard, para darnos cuenta de que sus rolas no contienen ninguna influencia de country en lo absoluto, lo que nos debe llevar a pensar que los anglosajones tratan de meterse a toda costa dentro de la titularidad de una música en la que no tuvieron participación alguna en ningún momento. Ellos, los blancos descendientes de europeos asentados en Estados Unidos, bien pueden presumir de que la música country contiene ingredientes de música tradicional principalmente irlandesa, pero la realidad es que tal género musical es y ha sido en verdad intrascendente a nivel mundial, por lo que su influencia es local.

Conclusión: La música de los anglosajones estadunidenses no tuvo ninguna influencia en la creación del llamado Rock and Roll (R&B). Ya en estos tiempos está completamente tergiversada la idea de lo que es el R&B, cuando vemos en las entregas de los premios Grammy a los músicos galardonados, según esto bajo la categoría de R&B, pero cuya música nada tiene que ver con tal género.

Lo que más me apena e indigna siendo como soy, un adorador del blues, es que hasta grandes músicos, por no hablar de la totalidad de los conductores de radio y televisión y de la prensa escrita, han caído en la trampa de Alan Freed y compañía, refiriéndose a Elvis Presley como el indiscutible “rey” del Rock and Roll, tal vez ignorando que con esa actitud no hacen sino convalidar el intento de despojo –casi consumado– que aquéllos emprendieron antaño para su beneficio económico personal, sin pensar siquiera en las consecuencias que iba a acarrear su truco de cambiarle de nombre al R&B y de asignarle un creador a modo.

Por haber expresado estas ideas a través de la radio y de manera accidental en un programa en vivo, me gané la animadversión del conductor anfitrión, el cual se encargó de atacarme y llamarme confundido mediante su emisión durante algún tiempo; eso sí, contando con mi ausencia. Este tipo de actitudes, sobre todo viniendo de gente de los medios de comunicación, ilustra cuán arraigada está la mentira sembrada por Freed, que aún en nuestros días sigue instalada como una verdad, a pesar de todas las evidencias en contra.

Autor: Luciano Hidalgo

Fuente: Palabra de Blues. Antología I. Compilado por José Luis García Fernández. Ediciones Endora (2010)

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