Lo que nunca les voy a perdonar

Camino por las calles en un viernes lluvioso,

no importa, esto es cantar en la cuidad.

Camino sigilosamente para llegar a mi destino,

observo a mi alrededor cuánta gente me puede mirar.

 

Me han dicho de todo, soberbia, altanera,

que soy despectiva al hablar.

Me han dicho chismosa, cínica, y también que soy muy amable,

que conmigo se pueden ilusionar.

 

Que soy de esas señoras que este país admira y respeta,

que algún premio, me deberían otorgar por mi labor.

Que soy insolente, que soy irremplazable,

que no hay dos como yo.

  

Que exploto a la gente, que soy déspota e insoportable,

también adorable y muy amigable.

Pero lo que nunca les voy a perdonar,

es que no me hayan dicho ¡puta!

 

Eso si es irreparable, porque puta,

en esta ciudad ya es como un halago,

un halago que no puede faltar.

Es como un caldo sin sal,

como una salsa sin picar.

 

Como dejar Acapulco sin mar,

como decir voy a llorar y ni una lágrima sacar.

Es como si te pones un vestido,

y no te den ni un silbido y se suelten a reír o a llorar.

 

 Es algo irreal, un piropo coloquial,

difícil de digerir, pero fácil de ofender.

Es mejor despertar pasiones que morir corazones

sólo no pases tanto de lo irreal a lo real.

 

Mientras tanto yo, no les voy a perdonar que nunca me hayan llamado puta.

Y menos cuando me puse aquel vestido que yo creía era muy sensual,

y a mi marido no le haya sacado un suspiro,

eso si es para llorar.

 

Así que no se aflijan tanto cuando les den ese halago,

porque no siempre es ofensivo

a veces es alentador,

 aunque sea… surreal.

 

Música de fondo, Rigo´s Blues por Tom Rigney del álbum: Back Porch Blues

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *