El roble

Aprendí que para que los bosques florezcan,

hay que regarlos, abonarlos y hasta abrazarlos.

Nada se deja al olvido, nada se puede dejar de regar,

se necesita sol, aire y más.

 

Crecer en un ambiente adecuado y bien oxigenado,

crecer donde haya un amor correcto a tu lado.

Un árbol en plenitud logra frutos y raíces,

logra ser visto en la tierra.

 

Llega el otoño para madurar y sus hojas renovar,

y en primavera muestra su esplendor.

Es un gran sabio, un roble de fuerte armadura,

cultivado, educado y hasta preparado para sus talentos mostrar.

 

Sus años de experiencia y de vida lo pueden avalar,

florece está bien alimentado.

Roble de sentimientos concretos y firmes,

con mentalidad bien cimentada en la tierra.

 

Roble de brillante porte, de atmósfera limpia,

roble que selecciona su entorno.

Roble que disfruta las caricias del aire, del rocío, del sol,

como también las de un amor.

 

La vida es como un árbol,

un gran roble.

Y ese roble bien cuidado y cimentado…

¡puedes ser tú!

 

 Con música de fondo, Deep Deep water por Clarence “Gatemouth” Brown del álbum: Instrumental Blues

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