Feliz año nuevo John

Conocí la música de John Lennon desde muy pequeño. Entre brumas recuerdo el ajetreo matutino en casa cuando se iban a trabajar y como música de fondo el álbum Sgt, Pepper, sobre todo Fixing a Hole, con su organito introductorio con aires renacentistas. En la colonia, en toda la Ciudad de México, los Beatles seguían siendo actuales. Cualquier cosa lo fomentaba, los programas de Radio Éxitos, la moda en peinados y trapos, el clip de Get Back en Canal 13. Eran muy cercanos a nosotros, pero a la vez tan distantes, porque muchos no sabíamos inglés y porque teniamos la firme idea de que nunca los veríamos en persona. Help necesito ayuda.

En casa yo jugaba a la estación de radio con los vinilos disponibles. Había ejemplos muy populares, como la Santanera, los Cinco Latinos, Mike Laure, esos no me gustaban. En su lugar ponía Revolution, o Hey Jude, Soy la Morsa, Rain, I Feel Fine, Lady Madonna. Era muy divertido darse cuenta de los instrumentos que se escuchaban en cada uno de los dos canales, regla básica para el estéreo. En este renglón los Beatles eran maestros. Lo convertí en pasatiempo. Memorizaba todos sus discos conocidos, fueran sencillos o EPs. En una ocasión yo andaba jugado en la calle y mi tío me llamó. En el zaguán estaban también varios de sus cuates, hippitecas todos. Dijo mi tío, diles a estos cabrones el nombre de cada uno de los Beatles. Lo hice en mi remedo de inglés. Después mencioné, como Dios me dio a entender, el título de las canciones de un álbum que ellos eligieron, el Magical Mistery Tour. Pudiera considerarse una inocentada, con la salvedad que yo tenía cuando mucho seis años, pues todavía no me inscribían en primaria. Come Together.

Justamente el primer día de clases, algo que la mayoría aborrecemos, salí tan feliz del colegio que lo primero que se me ocurrió de camino a casa, fue silbar la canción Dos de Nosotros, justamente en la parte final, esa sección en donde Lennon se pone a silbar la melodía. Esos pequeños triunfos infantiles pronto quedaron reducidos a polvo cuando Manuel Guerrero concursó en El Gran Premio de los 64 mil pesos, con la ‘Vida y Obra de los Beatles’. Pedro Ferriz le puso pedacitos de canciones que yo en mi vida había escuchado, lo mismo que datos y cifras que solamente Manuel y las mamás de los Beatles conocen. Ese día supe que el universo de los Fab Fours es vastísimo, y que junto a los verdaderos conocedores nosotros somos simples aficionados, pero eso no impide gozar y hacer nuestras -como el soundtrack de una vida-, sus canciones inolvidables. A Day in the Life.

Y los Beatles se separaron y cada uno comenzó una carrera en solitario. Lennon, McCartney y Harrison comenzaron parejo, Ringo se quedó a la saga. Pronto quedó demostrado que a McCartney le interesaba no bajar de popularidad y sus álbumes con los Wings se volvieron frecuentes y bien colocados en las listas. Lennon y Harrison eran más cuidadosos con lo que producían, aunque se demoraran. Lennon orientado plenamente a la política y en favor de los derechos de las minorías. El gusto por su música y la afición por atesorar sus discos continuaron.

Pero extrañamente Lennon abandonó la música por varios años. Nada sabíamos de su vida, con excepción de que seguía viviendo en Nueva York. McCartney aprovechó el momento y se encumbró como el solista más exitoso. Ringo prefirió la comodidad del jet set. Harrison encabezaba distintos proyectos en donde la música quedaba en segundo plano. Era 1980 cuando Radio Éxitos anunció algo que a todos nos movió el tapete: el nuevo disco de John Lennon estaba a punto de salir.

Tanta espera había valido la pena. El genio de las gafas había regresado. Su nuevo trabajo se llamaba Double Fantasy y el primer sencillo a promocionar era Just Starting Over. Me decepcionó un poco. Su ritmo dulce de balada antigua me pareció desilusionante. Salvada esta contrariedad el resto de las melodías me parecían perfectas: Woman, Watching The Wheels, Beatiful Boy, Cleanup Time; pero sobre todo I’m Loosing You, el sano regreso de Lennon por el rock lento, denso, hasta la fecha mi canción favorita de ese disco y que además tiene una versión alternativa todavía más pesada con el acompañamiento de Cheap Trick.

Inclusive conozco a gente que hasta le pareció adecuada la participación de Yoko en el proyecto. Double Fantasy se recuerda con mucha nostalgia y con mucho cariño por tratarse del último disco en vida de John, porque su muerte ocurriría semanas antes de Noche Buena, porque el maestro andaba de regreso y con muchas ganas de ofrecer cosas nuevas, y porque los años setenta -en sus propias palabras- habían sido una porquería. La nueva década nos ofrecía todo un mundo de posibilidades. Acaso seguir luchando entre todos para conseguir la paz, acaso buscar una sociedad más igualitaria entre los hombres. Feliz Año Nuevo John, seguimos imaginando un mundo mejor.

I’m Losing You

Watching the Wheels

 

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