Los Blueserables: El Nahual del Blues

El nahual ocupa un lugar muy especial en la cultura mexicana, y adquiere aún mayor relevancia cuando se trata de temas asociados al misticismo y la metafísica. Algo fascinante que ocurre alrededor de esta figura es que su naturaleza misteriosa, elusiva en esencia, termina envolviendo todo lo que pueda decirse o pensarse de ella. El uso más popular de esta palabra es como sinónimo de brujo o hechicero.

Entonces, ya en esencia hablar del título de este cd, El Nahual del Blues, envuelve un cierto misterio. Mezclar asuntos de tradiciones ancestrales de Mesoamérica, en particular de México con el blues, estilo musical que se originó a partir de la migración africana durante el esclavismo en América del norte, significa un reto mayor.

Sin embargo, el Dr. Roberto Rivelino fundador y líder de Los Blueserables, se aventura a través de 10 grabaciones para dar a conocer esta obra original en muchos sentidos. Con producción de Los Blueserables y de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí. 

El título de su primera pista, Agua fuego, devela en mi opinión su contenido general, dos símbolos universales y míticos, elementos vitales, pero diametralmente opuestos (blues y no blues). La letra de la canción refiere, “es una cita textual de versos en lengua náhuatl empleados en temazcales y rituales”. Y ya en realidad, se trata de una pieza introductoria a manera de ritual, como pidiendo a los dioses permitir a continuación esa extraña fusión de culturas.

En la segunda pista, Perro Nocturno, aparece totalmente la influencia de lo que ha sido la música de la banda, desde su primera producción discográfica, “Detrás de la Sombra” del 2014. Me refiero a la fuerte relación con la música y concepto de la legendaria banda Real de Catorce, pero más de José Cruz, el líder y figura principal de esa fabulosa banda. Los conceptos son semejantes en la lírica, en la temática e inclusive en el tratamiento al decir, ‘cantar’, alguna de sus canciones, como resulta en este caso.

En La noche guarda un beso, se mantiene esta “Real” influencia, pero no tanto en el terreno del blues, sino más bien presentando una especie de son, como el propio Rivelino apunta, basado en la tradicional tonada “La bruja”. Blues y mezcales, es el siguiente corte, un tema que incluye el nombre de una bebida (en este caso, una tradicional mexicana), como muchos lo han hecho en la historia del blues: Ejemplos: Canned heat blues, Sloe Gin, Champagne and reefer, Beso de ginebra, etc. Bueno, es una buena rolita, un bolerito, que queda como interesante anécdota, mientras el blues sólo aparece en el título.

Con un principio de balada rock que se transforma hacia un solo bluesero, La noche está herida, despliega una bonita letra ‘poética incluida’, que a ratos se siente rebasada por tratar de ajustarse a la métrica y al ritmo de la música. En El 7 del 7, esta situación de forzar la métrica se vuelve a percibir, bueno, a mi parecer. Pero no le resta mérito a esta rola altamente bluesera. La espléndida armónica de Rivelino, se aparece repentinamente, dándole su lugar también al teclado que al igual se luce.

Blupango, una pieza breve, es una fusión que se basa en el son “El Caimán”. Y finalmente aparece la canción central, El nahual, descripción poética y musical de ese extraño ser mítico, la música también se transforma va hacia una suite jazzística. Interesante pieza, sin duda. Lo destacado, la parte de la armónica hacia el final de la canción. Un boogie instrumental, San Luis Boogie, repite la exitosa fórmula del River Boogie de su primer disco, incluyendo solos de cada uno de los músicos, y que además formó parte del compilado, Nacidos Bajo Un Buen Signo II del 2014.

Una balada folk, El costo de la frontera, despide la interesante obra, concebida por Los Blueserables: Roberto Rivelino: guitarras, resonador, armónica y voz; Andrés Martínez: piano, teclados y sintetizadores; Ulises Valenciano, batería; Ernesto Rodríguez Pavlova: contrabajo y bajo eléctrico. Músicos invitados: Xavier Fuentes: percusiones y batería (Perro nocturno); y Miguel Ángel Miranda: bajo (San Luis Boogie).

 Agradezco infinitamente a Roberto Rivelino por el disco y la dedicatoria:

“Para Cultura Blues con todo nuestro cariño y todo nuestro blues.

Por difundir, promover y apoyar el blues en México.

Blues y fuerza siempre”.

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