Capítulo XI: Lo que significa ser un clásico

John Mayall, gira 80 aniversario. Teatro Cervantes, Málaga (España), 5/III/2014

Agradecemos fervorosamente a Antonio M. Sánchez,
responsable de Comunicación del Teatro Cervantes de Málaga,
las facilidades dadas para que Cultura Blues. La Revista Electrónica
haya accedido al concierto.

Son las cinco de la tarde. A Pablo la sonrisa le sale a gritos por los ojos cuando le anuncio que esa misma noche va a ver a John Mayall. Pablo es un joven estudiante apasionado por el blues y obsesionado con los Bluesbreakers y su versión del Ramblin´on my mind; la toca sin parar con su guitarra. Joven, guitarrista, enamorado del blues: Pablo es una rara auis (N. del Editor: persona poco común) en el sur de España, en toda España. El año que nació, John Mayall homenajeaba uno de sus primeros éxitos, Chicago Line, titulando así su trigésimo tercer disco; el año que nací yo, el mismo día que John Mayall pero 44 años más tarde, ya llevaba más de veinte discos. La diferencia de edad entre Mayall, Pablo y yo se nota; la semejanza en los gustos, también.

En el ambigú del Teatro Cervantes John Mayall en persona -espalda recta, manos enlazadas en su cintura, sonrisa inmaculada- monta guardia solo tras una mesa donde él mismo vende su último lp. Antes de empezar el concierto él es el encargado de recoger el tinglado, preparándose para pasar de soldado raso degradado a ventas, a teniente coronel al frente de la banda. Nos dirigimos al tenderete: saluda cortésmente, da la mano, pregunta con educación si no tengo un billete más pequeño para darme el cambio y me firma el cd; eso sí, mantiene las distancias y no se presta al juego de foto con el fan como si fuera colega suyo de toda la vida. Es un profesional, pero marca las distancias. La diferencia de edad y la profesionalidad se notan.
Hora y media más tarde Pablo y yo salimos del teatro. Tardamos en empezar a hablar.

Pablo: ¡He visto a John Mayall!
Jesús: ¿Cómo te sientes?
P: Creo que no podré responder a esa pregunta hasta dentro de varios días… no sé si podré responderla nunca.
J: Entonces disfruta del ensoñamiento.
P: Sí, puedo decir que la distancia que ha mostrado con nosotros a la hora de vender y firmar discos lamentablemente ha sido semejante a la del concierto.
J: Sí, da la sensación de que aunque lo primero que dijera al subir a los escenarios fuese invitar al público a dejar sus asientos y a colocarse en el espacio que hay entre la primera fila y el escenario, sus comentarios sonaban más a oficio que a deseo real.
P: De hecho, quizá lo que menos me haya gustado del concierto hayan sido los espacios entre canción y canción, dejando huecos en blanco, cambiando los settings de su teclado y alargando un silencio incómodo en el teatro sin sitio para la magia de la improvisación. Pero esto no es nuevo, ha sido siempre así.
J: Hay que tener en cuenta que son más de 60 años dando conciertos, casi una vida. Cientos de giras, miles de directos. No en todos se puede tener una conexión especial, aunque sí en todos da el máximo de profesionalidad. La última vez que vi a Mayall fue precisamente en otra gira de aniversario: hace diez años en el Festival de Bluescazorla. Se le podía notar más fuerte, más enérgico, con más conexión con el público si quieres, pero el savoir faire y el respeto a los que habíamos comprado la entrada era el mismo que hoy. Creo que eso tampoco ha cambiado en toda su carrera.
P: Tantos años, tantos discos, tantísimos temas propios y extraños, tantísimo vaivén en los registros… ¿cómo es posible solo elegir una docena de canciones para una concierto? Cada uno elegiríamos diez distintos por lo menos.
J: Venga, dilo, estás deseándolo: has echado en falta…
P: …más Bluesbreakers.

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J: No, has echado en falta Ramblin’ on my mind….
P: Y tanto, aunque llegan a tocarla y estaría ahora en el hospital con un infarto o en el cielo con un orgasmo por toda la eternidad.
J: Jajaja… el recorrido ha sido más que acertado. Ha habido Bluesbreakers, de hecho el ochenta por ciento del setlist estaba formado por temas de sus primeros discos: Chicago line, Oh pretty woman, So many roads, Walking on sunset, Checkin’ up on my babe, Room to move.
P: Hay que reconocer además que en la elección de los doce temas poco ha habido de casual. Piensa únicamente en que ha comenzado homenajeando a sus favoritos: Sonny Boy Williamson II, con Checkin on my baby para la armónica y Early in the morning, de Louis Jordan, para el teclado.
J: Y entre una y otra, una de sus favoritas, Oh, Pretty Woman.
P: Efectivamente, ¿no habrá querido enlazar así a maestros y alumno?
J: En este caso, sólo había un maestro en el escenario, aunque con una clara devoción por sus influencias, de ahí el That’s all right, de Jimmy Rodgers, y un auto reconocimiento a sus éxitos, como el Room to move.
P: Y Chicago Line. Puff, la veníamos escuchando en el coche en su versión del 64 y no sonaba…
J: …con tanta fuerza como hace un par de horas, ¿eh?
P: Exactamente. Y no es por la magia de escucharla en directo, no: John Mayall está en muy buena forma.

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J: Absolutamente. Hemos de reconocer que con el teclado no ha sudado mucho, menos aún con la guitarra, que al menos es bien hermosa.
P: ¿Para qué hacerlo él con el olfato que tiene para rodearse de guitarristas excelentes?
J: No tiraremos del tópico de la oportunidad y el sofá que le dio al imberbe Eric Clapton, ni de Peter Green o Mick Taylor, por nombrar únicamente a guitarristas.
P: No, no hace falta. Tenemos un último ejemplo en Rocky Athas, el guitarrista que le sigue desde hace al menos cinco años.
J: Ha llevado todo el peso del ritmo del concierto. No han sido únicamente los solos; mejor dicho, casi lo de menos han sido los solos. Athas demuestra su maestría en cada parte de cada canción. ¿Has notado cómo lo miraba Mayall? Parecía decirle “yo soy la estrella, pero tú estás al mando”.
P: O al contrario.
J: ¡Exactamente!
P: Admiración. No hay otra palabra. Impresionante que esa palabra la pongamos en el cuerpo de un clásico hacia su guitarrista acompañante, aunque éste sea un auténtico fuera de serie como Athas -recuerda que empezó de chaval tocando por los institutos tejanos con otro genio, Stevie Ray Vaughan, ¡palabras mayores!-.

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J: Gran parte de la historia del blues ha sido eso, el espaldarazo que dan los bluesmen veteranos a los más jóvenes y la ayuda de los más jóvenes a los clásicos en horas bajas. Por más que se reconozca, nunca se le dará la suficiente importancia al papel de Mayall en la introducción y desarrollo del blues en Europa.
P: Volvamos al concierto: la actuación de Athas contrastaba un poco con la del bajista Greg Rzab y el batería Jay Davenport: correctos, muy bien, pero gélidos ante el público, incluso ante su instrumento, sobre todo Rzab; parecía en otro lugar hasta que le llegó su solo, donde, al igual que con Jay Davenport en el suyo, salió su buen hacer; pero únicamente ahí.
P: No uses el término buen hacer en vano. Deberíamos dejar esa expresión para la armónica de Mayall.
J: Temí lo peor cuando casi se queda sin fuelle al principio de Chicago Line ¿le fallarán los pulmones? No, estaba claro que una golondrina no hizo verano. Aún tiemblo con el único tema del bis, pedido además por gran parte del aforo.
P: ¿Suena así Room to move en su grabación original? ¿La misma fuerza en el soplo? ¿La misma rabia en el aire? ¿La misma rivalidad entre los balbuceos bucales y los agudos metálicos? ¿Suena así en el aparato de música?
J: No sabría decírtelo, como mínimo estuvo a la altura (y no es poco); en todo caso, la emoción que me arremetió fue la misma. La energía de la armónica iba directamente del instrumento al interior de cada uno de nosotros, como si no hubiera espacio entre ella y el público.
P: Es que la acústica del teatro ha sido inmejorable y el sonido ha sido llevado espectacularmente.
J: Ha sido una única canción en el bis, pero ha valido por unas cuantas más. De hecho, sin exagerar, habría pagado la entrada sólo para oír esa versión de Room to move y aun así, me habría ido extasiado.
P: Sí, John Mayall sonaba a John Mayall en voz, guitarra, teclados y armónica. Eso ya es un lujo.
J: John Mayall, Pablo… has visto a la leyenda, a un señor mayor, educado, también a un joven con energía a raudales, con fuerza arrolladora, a un músico experimentado, con seguridad, acostumbrado a todo tipo de escenarios, a un apasionado con ganas de mostrar lo mejor de sí, a un veterano con control de la situación, a un muchacho tímido que sale de gira por primera vez. En apenas hora y media has visto toda la gama de contrastes que puede dar una pasión por la música que dura ya ochenta años.
P: Realmente ahora sé lo que significa ser un clásico.

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Room to Move – John Mayall, gira 80 aniversario. Teatro Cervantes, Málaga (España), 5/III/2014

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