Y sobre todo… (tal y como me lo dijo Sam Lay)

“Fíjate muy bien lo que hace, es el que más te interesa… así se toca la batería de Blues”, fue lo que me aconsejó Raúl De la Rosa, organizador de los Festivales de Blues en México, cuando le pregunté quiénes iban a tocar.

En noviembre del 2006 se realizó la X edición, en plena explanada del Monumento a la Revolución. Esa resultó especial porque, como estrellas invitadas, venían las bandas de Billy Branch & The Son´s of Blues y, para mi sorpresa, una considerada legendaria, la de Siegel & Schwall.

Antes, en mi cumpleaños del 2000 había recibido un regalo muy especial, el disco en vivo de esta banda (The Reunion Concert), cuyo sonido me cautivó. Directo, sin rebuscamientos ni artificios, honesto y ejecutado de manera impecable.

La batería era particularmente sencilla, sin ostentaciones, remates lucidores ni despliegues innecesarios de velocidad; sin querer sonar a rock (costumbre que parece que tenemos en México) o a Funk (la que he podido notar en muchos bateristas -particularmente en los de raza negra- que nos han visitado en los últimos tiempos). Sonaba estrictamente a lo que debía ser: Blues.

Así, con el nacimiento del siglo, me declaré fan incondicional de un músico de nombre sencillo y memorable: Sam Lay.

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El día del festival, el tráfico y las manifestaciones me impidieron llegar con la anticipación que deseaba; al hacerlo me fui de inmediato a armar el drumset  que había preparado para esa ocasión especial. Estaba nervioso y muy motivado.

Quería desocuparme temprano, era la que quizá sería mi única oportunidad de ver cómo tocaba y se desempeñaba en escena una verdadera leyenda de la música Blues, heredera directa de enseñanzas de los grandes maestros.

Apenas al terminar, una frase afable, pero imperativa (con acento sureño) y atronadora me dijo algo que interpreté como… “¡Hola amigo… bonitos platillos! ¿Podrías prestarme tu llave para afinar?… olvidé la mía en el hotel”.
¡Era Sam en persona! Alto… muy alto, de unos setenta y tantos años, calculé, enfundado en unos inolvidables pantalones naranja y una camisa azul sumamente llamativa… muy alejado de nuestros convencionalismos de usar ropa con colores rigurosamente combinados.

De inmediato me ofrecí a ayudarle como su Drumtech, a lo que accedió complacido; ajustamos su batería en unos cuantos minutos, (empleó tan solo un par de viejos, pero hermosos, platos) y me invitó a estar junto a él en el escenario… ¡más de lo que pudiera haber pedido yo!

Después de que hizo su prueba final de distancias y corrigió la afinación… tímidamente le pregunté si me quería dar algún consejo. Soltó la carcajada cuando le dije que esto de tocar Blues en México y no ser negro… pues no es lo más ortodoxo.

Sonrió afablemente y me dijo: “En la noche chico… en la noche”.  Se despidió sin mayor ceremonia y dijo que “…nos veríamos más tarde”.

Cuando The Siegel & Schwall Band inició su set tras un despliegue de virtuosismo en la armónica de Corky Siegel, la banda se escuchó precisa y sólida (¡cómo olvidar aquel I Got My Mojo Working con el que cerraron!).

Sam Lay es el cimiento de esto. Un tiempo perfecto, patrones de shuffle impecablemente ejecutados a la manera clásica, toque de tarola sonoro y poderoso, sonido Chicago y dándole a cada tema la atmósfera adecuada.

La gente enloqueció (si alguno de ustedes, queridos lectores, anduvo por ahí, me darán la razón) lo que propició un par de encores (logrados a través de mexicanísimos gritos de: “¡Otra… otra…!”).

Al concluir su set, los cuatro músicos bajaron del escenario, satisfechos y muy sorprendidos del recibimiento de que fueron objeto.  Sam hasta el final, con paso cansado -producto de la edad,  la que olvidó al estar tocando su batería- pero con la adrenalina brotándole por los poros.

Entonces me llamó, y entregándome el par de baquetas que empleó (por cierto, ni siquiera de marca), muy serio me dio un consejo, que guardo como uno de los más grandes tesoros de mi vida musical y que procuro aplicar cada vez que me siento a tocar.

Enfatizando cada frase con movimientos  de manos muy marcados me dijo: “Fíjate muy bien, cuando hagas Blues, siempre… S-I-E-M-P-R-E… toca con las baquetas… con la fuerza de tus brazos… pero sobre todo, CON EL CORAZON”.

Francisco Javier García cuenta con estudios de comunicación y mercadotecnia. Ha tocado su Ludwig por más de 40 años, es miembro fundador y baterista de Las Señoritas de Aviñón.

Got my mojo workin´


Shuffle Master

 

Francisco Javier García

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