El efecto Jimi Hendrix… en el jazz

La efervescente evolución del blues-rock en la década de los 60´s, tuvo una amalgama impresionante de talentosos exponentes, que llevaron el blues a niveles insospechados, creando una nueva estética que sirvió de base para el surgimiento del hard rock y el heavy metal. Uno de sus más relevantes protagonistas fue James Marshall Hendrix, nacido un 27 de Noviembre de 1942 en Seattle, Washington, quién posteriormente adoptó el nombre escénico de Jimi Hendrix.

Su vida, su trabajo, y su prematura muerte han sido bien documentados a través de los años, e incluso se podría decir, sobre-explotadas de manera exagerada. Sin embargo, hay otra perspectiva muy interesante sobre la trayectoria de este gran artista, que desde sus comienzos en el “Chitlin´ Circuit”, (nombre con el que se identifica a una serie de lugares que conformaban el circuito itinerante en el que los artistas afro-americanos podían tocar durante la era de la segregación racial en los Estados Unidos), y su trabajo con los Isley Brothers y Little Richard, hasta su meteórico ascenso en el mundo del rock con una prolífica carrera como solista.

Efectivamente, es una perspectiva diferente y quizá desconocida para muchos, incluyendo al mismo Jimi Hendrix, ya que murió tan joven que no tuvo la oportunidad de darse cuenta del efecto tan profundo que causó en el ámbito del jazz.

Esto es muy interesante, ya que Jimi Hendrix nunca tuvo una conexión directa con el jazz, sin embargo, el rango emocional que explayaba en la guitarra, fue mucho más amplio que el de cualquier otro de sus contemporáneos, demostrando que la guitarra eléctrica era un aparato electrónico, más allá de ser tan solo un instrumento con amplificación, abriendo las puertas a una nueva y fantástica  dimensión que presentaba un tremendo crisol de variantes técnicas que fusionaban la distorsión, el “feedback”, el “sustain”, y una serie de habilidades creativas,  aplicadas a la forma de tocar la guitarra en cuanto a acordes, requintos y el uso de octavas, siempre denotando la presencia de sus raíces en el blues y el rhythm´and blues.

De la misma manera que Cecil Taylor redefinió el piano, y John Coltrane llevó el saxofón a una estratósfera espiritual, Hendrix reinventó la manera de tocar una guitarra eléctrica, convirtiéndose en un auténtico innovador del sonido, generando un profundo efecto en guitarristas de jazz de muchas generaciones, un hecho que fuera de los círculos de este género, ha pasado casi desapercibido.

Cuando escuchas a Jimi Hendrix, puedes percibir un amplio espectro de influencias: blues, jazz, r&b, soul y rock; pero el efecto que causó en la sensibilidad de los guitarristas de jazz, ha sido de gran trascendencia, aunque como suele suceder, su ímpetu innovador aunado a su gran talento, generó diversas emociones en otros artistas, ya sea envidia, admiración o simplemente celos profesionales.  Tal es el caso de Miles Davis, que a pesar de su virtuosismo, desde la primera vez que vió a Hendrix tocar en vivo en el Fillmore East Auditorium de Nueva York, se sintió rebasado y con una inevitable sensación de frustación.

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El impacto de Jimi Hendrix en el sonido de Miles Davis fue tal, que Gil Evans, (pianista y arreglista de Miles), propuso utilizar la composición de Hendrix “The wind cries Mary” como la base de la pieza “Filles de Kilimanjaro” en el álbum del mismo nombre, que lanzó Miles Davis en 1968.

Jimi Hendrix and Miles Davis Collaboration:

Miles Davis, en cierta forma, se obsesionó con la visión de Hendrix y le tomó tiempo formar un entendimiento analítico de su música, lo cual lo llevó a “electrificar” su propio sonido y trasladarlo al jazz, mientras que al mismo tiempo exploraba los parajes sónicos en la estela cósmica que Hendrix iba dejando a su paso. Inclusive, después de la prematura muerte de Jimi, Miles continuó expandiendo las influencias de este gran guitarrista, con una serie de grabaciones, entre las que destacan “Agharta” y “Panagea” (Enero de 1975).

Este material, que fue grabado en vivo, generó una nueva propuesta en el dialecto del jazz, a través del guitarrista de Miles Davis, Peter Cosey y esto sirvió de influencia para que otros músicos continuaran con esa búsqueda que mezclaba la libertad de improvisación con la exploración de los efectos electrónicos. Los tintes avant-garde de composiciones como: “Are you experienced?”, “Castles in the sand” y “Drifting”, representan ese espíritu radical que permeó la escena del jazz-rock a finales de los 60´s y principios de los 70´s. La introducción de solos de guitarra pre-grabados y tocados al revés, combinados con su intensidad creativa en el uso de la distorsión, parecían ser técnicas de otro planeta.

La influencia de Hendrix en el jazz-rock se puede apreciar en colaboraciones con el guitarrista John McLaughlin y el tecladista Larry Young, en grabaciones como “Hell´s  session” y “Nine to the universe”, y lo más sorprendente, es que hay que considerar que en aquellos años y comparando con los equipos que hoy ofrece la tecnología moderna, la realidad es que Hendrix creaba un sonido sorprendente con efectos bastante primitivos, como el “delay”, el”wah-wah”, el “fuzz” y la “octavia”, haciendo uso extensivo de escalas pentatónicas, una técnica que en ese entonces era utilizada solo por músicos de jazz.

Inspirado en Jimi Hendrix, el guitarrista noruego Terje Rypdal, utilizó los recursos tonales de la guitarra eléctrica para plasmar sonidos impresionistas en su álbum “After The Rain” grabado en 1976, mientras que James “Blood”Ulmer magnificó el sonido de Hendrix con su propio brebaje de punk blues en su emblemático álbum de 1974 “Captain Black” y para principios de los 80´s, Ulmer se convirtió en un post-Hendrix Funkster con grabaciones como: “Black Rock” y “Odyssey”.  Pero definitivamente, el álbum que captura la esencia exploratoria del sonido Hendrix, dentro de un contexto de jazz, es “Bitches Brew” de Miles Davis, grabado en el verano de 1969 en la ciudad de Nueva York.

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Bitches Brew fue el primer disco de oro de Miles Davis, logrando vender más de medio millón de copias, resultó ganador de un premio Grammy en 1971 por el mejor ensamble de jazz, y sentando las bases de un sub-género que más tarde sería bautizado como “jazz fusion”. Este fue un álbum que fue caracterizado como un material  altamente exploratorio, agresivo y energético, presentando componentes que Miles Davis tomó de la explosividad de Jimi Hendrix para crear su propio idioma en un terreno del jazz, que hasta ese entonces, era inimaginable. Guitarristas como Larry Coryell, Marc Ribot, y el pianista Paul Bley, son solo algunos de  los grandes nombres que podemos citar en el amplio universo del jazz, cuyo trabajo ha sido fuertemente influenciado por Jimi Hendrix.

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Para la escena del jazz a mediados de la década de los 60´s, Hendrix representó la nueva era, el sendero desconocido hacia un sonido que rompía con los estereotipos tradicionales de un género caracterizado precisamente, por romper con los estereotipos tradicionales.  Todo este proceso, obligó a los artistas de jazz a cuestionarse y reinventarse, a cruzar las fronteras invisibles del espectro sónico del jazz, aventurándose en la intensidad del jazz-rock y en la oscuridad del free jazz. El potencial de Jimi Hendrix se vio truncado por su intempestivo deceso, pero su legado es infinito.

James ‘Blood’ Ulmer – Black Sheep:

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