Gibson Les Paul: la unión entre Gary Moore y Peter Green

Desde siempre se supo que los ídolos juveniles de Gary Moore fueron Jimi Hendrix y Peter Green. Del primero adoptó la densidad de la pirotecnia eléctrica a velocidades endemoniadas, y del segundo la técnica limpia del mejor blues británico, modelo cercanísimo de calidad interpretativa y de composición. Imbuido por la música vigorosa de su natal Irlanda, desde sus primeros tiempos con Thin Lizy, Gary dio muestras de enarbolar un individualismo que derivó en súper estrella del hard rock y más tarde del blues-rock, en el más amplio y rico sentido del término.

A pesar de su lamentable fallecimiento en el 2011, su guitarra aún brilla y cautiva a las nuevas generaciones, se escucha poderosa, y su estilo vocal no desmerece ante las descargas sónicas que son el sello de cada uno de sus temas. La crítica especializada pone énfasis en el álbum Still I got the Blues, (el noveno, 1990, sello Virgin Records), como el cenit de su obra, la «gran vuelta a casa», el pináculo de su gusto por el blues y en donde sintetiza el abrevadero de corrientes y estilos que dieron forma a una trayectoria formidable.

También fue un cañonazo de ventas, con reflectores especiales en el tema romántico que da nombre a la placa, a la fecha una especie de «himno» para los seguidores de Moore. Los doce temas, considerados clásicos, son recomendabilísimos, y además cuenta con la participación en directo de figuras como Albert King, Albert Collins, George Harrison, Bob Daisley y Don Airey.

Además, la portada y contraportada nos ofrecen claves contundentes de la trayectoria completa de este extinto héroe de las seis cuerdas. Al frente nos encontramos a un mozuelo adolescente pulsando una imitación de Gibson Les Paul y rodeado de un gran número de memorabilia rockero-blusera que tapiza su cuarto. Destaca el enorme póster de Jimi Héndrix al fondo y un rústico tocadiscos que es la isla sobre la que navegan antiguos viniles de 33 RPM, los tesoros escondidos de este jovencito que ya denotaba gustos claros por los Bluesbreakers de John Mayall y por solistas como Albert King.

En la contra tenemos al maduro profesional que se ha labrado brillante carrera por el dominio total del blues. Vive de él y triunfa. Ahora descansa en un cuarto de hotel, las giras constantes así lo determinan. Los viejos elepés han sido suplidos por modernos cds, y entre ellos volvemos a ubicar dos ejemplares notables de John Mayall y sus Bluesbreakers: en el que comparte créditos con Eric Clapton, y el «A hard road«, con la guitarra mágica de Peter Green, su principal influencia y gurú británico. Las pistas concluyen con un elemento central en la resurrección que vivió Moore cuando regresó a la matriz genérica: la guitarra Gibson Les Paul 59 en tonos amarillos que puso de moda el maestro Peter Green, al menos la historia así lo indica, veamos.

Identificados por el blues

La década de los setenta estaba iniciando cuando varias veces el grupo de Gary, llamado Skid Row, sirvió de telonero para la actuación de la fulgurante banda que entonces era Fleetwood Mac. De esos encuentros fortuitos surgió una amistad peculiar con su héroe Green, quien veía con simpatía a ese muchacho que lo idolatraba y que además mostraba habilidades poco comunes para el requinto. Inclusive hay quienes aseguran que Peter llegó a prestarle en varias ocasiones la mencionada guitarra. No pasó mucho tiempo en que Green saldría expulsado del grupo que fundó por altibajos emocionales, y justo en aquellas fechas Green tuvo la idea de desprenderse de muchos artículos personales, entre ellos de la que fue quizá, la mejor de sus guitarras, la compañera de numerosas grabaciones y conciertos, la Gibson Les Paul estándar, y pensó que en ningún otro lugar quedaría mejor que en las manos de su admirador Gary Moore.

Algunos estudiosos tienen ligeras discrepancias sobre esta historia, pero la mayoría coincide en que Green prácticamente la «regaló» a un precio risible, entre 160 y 300 dólares, cifra muy cercana a la que pagó por ella de segunda mano. Ni tardo ni perezoso Moore aceptó el jugoso ofrecimiento y desde entonces la convirtió en el «santo grial» que le acompañaría en buena parte de su carrera como un virtuoso del blues y el hard rock, desde su paso por Thin Lizzy y Colosseum II, hasta su trayecto solista con grandes discos como Back on the Streets (1978), Wild Frontier (1987), After Hours (1992) o Scars (2002) y en sus muchísimas colaboraciones con otros rockeros.

Sin embargo, por diversas crisis financieras y de pésimos manejos de regalías, Moore se vio forzado a venderla en el 2006 a Phil Winfield de la tienda Maverick Music, la transacción se especuló fue entre 750 mil y 1.2 millones de dólares.

Allí estuvo anunciándose por largo tiempo hasta que diversos personajes la compraron y a su vez volvieron a ofrecerla. El último de la lista fue Kirk Hammet, de Metalica, quien la adquirió por la fabulosa cantidad de 2 millones de dólares, y volvió a darle un uso decoroso ante las grandes audiencias y las grabaciones. Jamás imaginó Peter Green la odisea que viviría su guitarra consentida, y mucho menos la estratosférica cantidad en que llegó a rematarse, pues él mismo estaba sumido en severas enfermedades producto de la esquizofrenia.

Gary Moore siguió probando otros tantos modelos de liras (se dice que tenía más de 30), algunos muy llamativos como es característico en los exponentes del heavy metal, pero al final, como ya dijimos, volvió a sus raíces y a la magia, el blues.

Consiguió nuevos ejemplares de Les Paul 59, grabó el celebérrimo álbum Still I got the blues, armó un estrujante concierto en homenaje a su maestro Peter Green con las melodías que habían inspirado su adolescencia, dio realce nuevamente al rasgueo de liras a niveles admirables y, al conocerse su repentina muerte en España por fallas cardiacas, Gibson le rindió un tributo póstumo, el lanzamiento del modelo que lleva su nombre: Les Paul Gary Moore Signature basada en el diseño de la Les Paul BGF.

Gibson Les Paul Gary Moore Signature

Con lo que el modelo de Gary Moore en Gibson pasa a ser una guitarra de gama media-alta (aproximadamente 1,000 euros), está hecha de caoba de Honduras (un cuerpo totalmente macizo, sin agujeros, ligeramente pesada), y con un acabado atigrado muy particular y sin protector. Cuenta con un mástil de caoba y diapasón de palosanto, con 22 trastes. Tanto Moore como Peter Green serán continuados en este modelo quizá hasta la eternidad.

Gary Moore – Stop Messin’ Around: