Espejito, espejito… (segunda parte)

En nuestra aportación anterior de Diván el Terrible describíamos al narcisismo como el amor a la imagen de sí mismo, en alusión al mito griego de Narciso.

 Nobody loves me but my mother

Riley King

“Amor con amor se paga” u “All You Need Is Love”

¿Qué función tiene el narcisismo en nuestras vidas?

En primer lugar: todos tenemos una estructura narcisista, es una energía que depositamos en los personas y objetos que nos retribuyen una gratificación como de espejo en el cual se refleja un ser hermoso, virtuoso, protector y omnipotente lo encontramos en los sujetos que han sido constituidos por una madre amorosa que los ha “narcisizado”.

Por lo tanto, aprenden como narcisizar y pueden interactuar placenteramente con dichos objetos: se ama a las personas, el arte, la ciencia y en reciprocidad y como reflejo en un espejo (especular) somos cargados por la libido de otros y nos convertimos en objeto de su amor. 

¡A toda madre!

Cuando el recién nacido padece hambre, sed, calor, frío, dolor o algún malestar llora o llama la atención de algún modo, inmediatamente recibe atención y satisfacción a su necesidad lo cual le brinda seguridad y hasta una sensación de omnipotencia al tener atención inmediata a sus necesidades; por lo general es la madre quien se encarga de satisfacer las necesidades del bebé quien, en los primeros meses, no logra diferenciar en él y la persona que le satisface; pero cuando, frente a un espejo reconoce a la persona que le brinda cuidados y, junto a ella, a alguien junto a ella empieza a reconocerse a sí mismo y, simultáneamente, a identificarse y a diferenciarse de su madre (o de la persona que procura su bienestar) y constituir su Yo.

Pues bien, cuando el bebé es adecuadamente atendido y amado tiene la capacidad de proyectar su libido a otros objetos o personas, es decir, ser capaz de amar. Nos encontramos con personas, relativamente, sanas. Centrándonos en los que hacemos música, es imprescindible que seamos sensibles a nuestros sentimientos y empáticos a los sentimientos de los demás para comunicar emociones que necesariamente están vinculadas, en pocas palabras, al fenómeno de dar y recibir amor a través de un fraseo o un verso y en reciprocidad recibir el reconocimiento y amor de nuestros compañeros y el público.

¡Qué poca madre!

Ante la noticia de la muerte de Brian Jones, resultado de un proceso de autodestrucción sistemática, George Harrison comentó: “Nada que un poco de amor no hubiera curado”. Existen alteraciones durante las cuales el narcisismo pasa a primer plano predominando de manera persistente al punto de buscar, empecinádamente, anular o subyugar a otras personas. La sabiduría popular manifiesta en dichos y frases cotidianos verdades que responden a realidades culturales, sociales o psicológicas para dar cuenta de las razones del comportamiento de nosotros los humanos.

Es así, que cuando decimos que alguien tiene poca madre es porque nos enfrentamos a alguien que sufrió traumas psíquicos en edad muy temprana, generando lo que se conoce como “Herida Narcisista” que disminuye la autoestima del Yo o su sentimiento de ser amado por los objetos valorados. Son historias de falta de amor.

Los narcisistas son gente lastimada, con carencias desde el punto de vista narcisista, cuyas heridas a flor de piel, la mayoría de las veces producto de decepciones y déficits emocionales, que no se limitan a uno de los progenitores, sino que incluye a los dos ¿Qué objeto les queda para amar, sino a ellos mismos?

Con el fin de evitar, nuevamente, la vivencia del dolor psíquico producido por los agravios narcisistas estructura defensas del Yo con un tinte caprichoso, con el consiguiente sentimiento de omnipotencia que habrá de manifestarse en rasgos como arrogancia, desprecio y prepotencia con los que intenta enmascarar las heridas narcisistas ocasionadas por el desvalimiento. Es notoria la entronización del Yo Ideal, con una débil investidura de las representaciones de los objetos y personas con una sobreinvestidura de las representaciones yoicas que da lugar a una megalomanía casi permanente, con la que pretende restañar las heridas a la vez que “encapsula” su propio Yo.

Así mismo busca a través de objetos (personas, drogas, alcohol, juego, prácticas sexuales de riesgo) compensar el déficit ocasionado por la fallida diada madre – hijo y protegerse de la re-vivencia de la angustia de desamparo y la amenaza de desintegración del Yo.

Hasta aquí hemos descrito los que podría decirse, son los extremos del narcisismo entre estos se desarrollan infinidad de combinaciones, en nuestro próximo texto describiremos someramente como afecta el narcisismo a las bandas de músicos dependiendo del liderazgo ejercido.

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