Eddie C. Campbell: hasta la vista, maestro

La recta final del año trajo consigo otro deceso lamentable para el universo del blues, la muerte del guitarrista y cantante Eddie C. Campbell, a los 79 años de edad. Considerado uno de los últimos exponentes del auténtico “West Side Style” de Chicago, Campbell tuvo la fortuna de grabar algunos álbumes redondos dentro de su pequeña pero selecta discografía, además de crear toda una escuela durante su residencia en el viejo continente, donde era considerado una leyenda viva.

La mayoría coincide en que su obra maestra fue “The King of the jungle”, disco grabado en el año de 1977 en compañía de los integrantes de la banda del jefe Willie Dixon, y que en su versión original del sello Mr. Blues representa toda una rareza pues se tiraron muy pocos ejemplares. Años después tuvo que intervenir la empresa Rooster para comprar los derechos y emitir ediciones posteriores, siendo ésta la única forma de conseguir semejante joya discográfica. Curiosamente mis primeras referencias sobre Campbell no fueron gracias a este álbum, sino por otro grabado en Holanda tiempo después y que me robó la voluntad por su maestra y su detallada producción con base en sonoridades modernas: “Let´s pick it”.

Recuerdo el impacto que me causó la manera en que Eddie requinteaba, desenvuelta y con el empleo de trémolo, definitivamente punzante según los cánones del estilo del lado oeste, con claras referencias a su maestro, Magic Sam.

Asimismo, su voz era grave y penetrante, sin aspavientos, puro sentimiento, la voz de un hombre que, a pesar de haberse formado dentro de la vieja escuela, cuidaba de otorgar a cada una de sus obras atmósferas con arreglos modernos, atemporales. No en vano gustaba de reclutar a músicos jóvenes para acompañarle.

Sobre esto puedo decir que en cada una de las oficinas en donde llegué a trabajar, cuando surgía la posibilidad de poner algún cd o cassette para amenizar alguna reunión, solía hacerlo con música de Eddie C. Campbell, y era algo común que la gente quedara feliz con la selección, es decir, identificada con esta forma de arte musical, sin tener ningún antecedente sobre el blues o sus diferentes estilos, puro y simple goce estético y vivencial, emoción a flor de piel.

Como anoté atrás, comenzaba la década de los ochenta cuando Eddie cambió de aires y se marchó a vivir a los países bajos europeos, allí protagonizó una de las etapas más brillantes de su carrera. A la manera de los viejos bluesmen que 20 años atrás habían emigrado al viejo continente para conquistar el corazón de las audiencias blancas, Eddie  construyó en torno suyo a una legión de emocionados fanáticos que no sólo imitaban el modelo de su guitarra Fender Jaguar, ni sus requintos taladrantes, sino la pasión y la honestidad por interpretar un género que nunca pasará de moda, y que gustaba de abrevar en repertorios selectos de gente brillantísima como Willie Dixon, Muddy Waters pero sobre todo del inmortal Magic Sam.

Por lo regular Campbell incluía a notables armoniqueros en giras y grabaciones. En El Rey de la Jungla lo hizo con Carey Bell, en Let´s Pick it con Carlo Reys, y más tarde, en lo que fue su tercer álbum titulado Mind Trouble (1986) a un joven virtuoso llamado Johnny Mars. En total Eddie estuvo aproximadamente diez años en países como Holanda, Bélgica y Alemania, tras lo cual regresó a Chicago para continuar su carrera, una etapa que marcaría su declive debido a complicaciones de salud. En total grabó nueve álbumes como solista, en compañías como JSP, Delmark y Blind Pig, entre otras.

En febrero de 2013, Campbell sufrió un ataque al corazón durante una gira internacional, quedando paralizada la parte derecha de su cuerpo. Por tal motivo, su esposa, Barbara Basu, comenzó una campaña de recaudación de fondos para enviarlo de nuevo a Chicago y recibir el tratamiento adecuado.

Finalmente, el pasado 20 de noviembre Eddie C. Campbell perdió la batalla terrenal, se marchó al cielo selecto de los mejores guitarristas de blues, con una brillante historia por detrás y un puñado de grabaciones que, a pesar del tiempo, a muchos corazones nos estruja y nos pone dichosos.

Cold and hungry

Love me with a feeling

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