El increíble Jimmy Smith

El increíble Jimmy Smith: el gran maestro del Hammond

Cuando hablamos del órgano Hammond en el Jazz & Blues, definitivamente vamos a acudir a una misma fuente: Jimmy Smith. Su legado como la máxima figura del órgano en estos estilos es innegable.

Antes de platicar de Mr. Smith, empecemos con un poco de contexto. La historia de la música con órgano nos remite a Europa. Con música de alabanza en esos inmensos órganos tubulares que se instalaban en las catedrales de las ciudades europeas más importantes. El órgano clásico llega a su esplendor gracias a la obra sacra de grandes maestros, en donde desde luego se destaca la obra de Johann Sebastian Bach (1685–1750).

Eso es en Europa, pero, ¿Qué pasa en América? Algo más o menos similar, los órganos llegaron a templos y catedrales de importantes capitales. Hasta aquí nos seguimos refieriendo a órganos de tubos, donde el sonido producido por aire insuflado era conducido a través de una turbina con un fuelle y que resonaba a través de enormes tubos.

En el siglo XX, con el boom de la energía eléctrica, la tecnología comienza a desarrollarse en muchas áreas y se procura hacer las cosas más simples, más portátiles. Uno de esos visionarios fue Laurens Hammond (1895–1973), un ingeniero e inventor estadunidense que tuvo la fabulosa idea de emular los sonidos de un órgano tubular de manera eléctrica. Así nace en 1935 lo que ahora conocemos como el Órgano Hammond.

El sonido era producido de una manera electromecánica, a través de unos motorcitos llamados tonewheels. En lugar de combinación de tubos, los registros armónicos se realizan a través de drawbars, 9 perillas que duplican y crean armónicos según la nota que se toque en el teclado. Al igual que los órganos tubulares, los Hammonds también tenían pedales con los que se podían tocar bajos.

Más tarde se incorporaría un elemento que, si bien ha sido la pareja ideal por décadas de este órgano, para nada fue la idea original del inventor Laurens. Me refiero a las bocinas «Leslie«, llamada así por su creador Donald Leslie, que inventó en 1941 un amplificador con bocinas que literalmente giran y esparcen el sonido a 360°. Las Leslies empezaron a relacionarse rápidamente y con mucho éxito comercial con dichos órganos a tal grado que la compañía Hammond terminó asociándose con Don Leslie para venderlos juntos.

El modelo más popular de órganos fue el B-3 y de Leslie el modelo 122. Estos intrumentos empezaron a usarse en las iglesias, centros comerciales, teatros y cines de Estados Unidos, y llegarían a venderse de manera masiva y popular en los años 60.  Hasta aquí un poco de historia.



Volvamos con Jimmy Smith (1925-2005). Originario de Pennsylvania, Jimmy empezó su carrera musical como pianista, pero después de haber escuchado a Wild Bill Davis, quedó fascinado con las posibilidades que podía tener el órgano Hammond en el Jazz. Sus primeros discos a mediados de los 50 y editados con la prestigiosa disquera Blue Note comenzaron a venderse muy bien, pero no fue sino hasta el álbum, The Sermon, de 1959 que todo empezó a tomar otras dimensiones.

Jimmy se convirtió con tan solo un par de años de carrera en el más grande exponente de su instrumento. Algo pocas veces visto en la historia del jazz o el blues, donde por lo general, cuando se habla de tal o cual instrumento suele haber varios grandes exponentes. Jimmy lo hizo: consolidó el órgano B-3 como un instrumento solista.

Pero no solo era jazz lo que hizo Jimmy Smith. Si bien dominaba el sonido bebopero, siempre estuvo muy cerca del blues y eso le abrió muchas puertas comerciales. Este es otro de los puntos a destacar de Jimmy, que supo crear un estilo alrededor del Hammond B-3, combinando un repertorio entre el Swing y el Shuffle o entre el Hard-Bop y el Slow Blues. Y no había diferencia. Todo era “Soul”. Durante los 60 Jimmy Smith gozó de un éxito descomunal con grabaciones muy exitosas y giras por el mundo.

Destacamos los albumes The Cat (1964), Organ Grinder Swing (1965) y Got my Mojo Working (1965) editados en Verve, otra compañía disquera muy exitosa. Otro punto para destacar es la escuela que creó. Desde finales de los 50 el impacto de la música de Jimmy Smith tuvo un especial eco para que grandes organistas siguieran los pasos del maestro. Aparecen Jimmy McGriff, Jack McDuff, Larry Young, Richard “Groove” Holmes, Shirley Scott, John Patton, Dr. Loonie Smith y Charles Earland. Todos alumnos del maestro.

Jimmy Smith continuó grabando discos en los 70, más orientados al Funk y al Soul, y en los 80 perdió un poco de presencia mediática. La llegada de los sintetizadores en los 80 causó que el sonido del B3 con Leslie empezára a sonar un poco pasado de moda (aun así fue requerido por Quincy Jones para que grabara un solo de sinte para el tema, Bad de Michael Jackson en 1987).

En los 90 y 2000 gracias a nuevos organistas como Larry Goldings, Joey DeFrancesco y John Medeski, el órgano volvió a recuperar el lugar que había tenido, y comienza a reutilizarse en grabaciones y shows en vivo en todos los estilos de música. El Hammond había vuelto, y con ello, volvió a quedar evidenciado el enorme legado que nos dejó Jimmy Smith. Antes de morir, dejó registro de algunos álbumes muy buenos que recomiendo ampliamente: Damn! (1995), Dot Com Blues (2000) e Incredible! (2000), al lado del organista más grande de la actualidad, Joey DeFrancesco, quien siempre que puede rinde tributo a su maestro y mentor, el genial Jimmy Smith.

¡Escuchémosle!


Jimmy Smith con Kenny Burrell – Got my Mojo Workin’