Sentado en la cima del mundo

Ya lo gritó a enjambre pleno Cody Jarrett, el gángster más psicótico y edípico -sí, más aún que el Tony Montana de Scarface-, en ‘Al Rojo Vivo’ (White Heat, Raoul Walsh, 1949): Made it, ma! Top of the world! «¡Lo logré, mamá! ¡La cima del mundo!»… y el mundo le explotó en su misma cara. A otro gángster, esta vez real, le gustaba tener presente la cima del mundo en su canción favorita, Sittin’ on top of the world, Sentado en la cima del mundo, de The Mississippi Sheiks (Okeh, 1930).

Parece que esta cima del mundo tampoco es, como en ‘Al rojo vivo’, la cumbre de la alegría. La amarga ironía de la letra está a punto de pegarle otra bofetada en la cara a su protagonista: se ha ido, no le importa, pero su imagen le ronda la cabeza, le hace repetir sus mejores momentos a cada instante… aunque esté en la cima del mundo.

Esta versión original, el mayor éxito de The Mississippi Sheiks es quejumbrosa, huele a lamento extenuado, a último abatimiento… justo lo contrario de lo que solían ofrecer sus representaciones: los hijos de Henderson Chatman, violinista famoso tanto entre el público negro como blanco, procaz progenitor de -al menos- once hijos, vio cómo dos de ellos, Lonnie y Bo, transformaron la banda familiar de cuerda que él había creado en 1916 con la introducción del sonido de la guitarra de su primo Walter Vicson.

Este trío, primos a su vez de Charlie Patton, fue la base esencial y más duradera de The Mississippi Sheiks, la banda más moderna de la época, principal grupo de Jackson (adonde se marcharon desde su Bolton natal), con un repertorio que desbordaba el blues para anegar el country, jazz o el vals.



Mississippi Sheiks – Sittin’ On Top Of The World


Todo mezclado en un espectáculo-marmita con bailes, versiones y letras de doble sentido sexual. Antes de que se separaran vivieron cinco años de celebridad entre artistas de la altura de Tommy Johnson o Skip James. El country más genuino conoció muchas versiones de, Sittin’ on top of the world. Destacamos la pausada de Doc Watson (Vanguard, 1964), donde uno hasta se pondría de parte de la chica que lo abandona.


Doc Watson – Sittin’ On Top Of The World


Y otra más bluegrass, con unos violines que habrían dejado satisfecho al propio patriarca Chatman, a cargo de Bill Monroe (1958, Decca). Pero quien sacaría más partido a la canción y a su letra de doble filo fue Howlin’ Wolf, cuya admiración por el grupo que la sacó a la luz era más que notoria: «Tenía ritmo su música”.

Creo que eran los números 1 de esa parte del país. En esos días yo prefería la música de The Mississippi Sheiks a la de Charlie Patton, porque The Mississippi Sheiks tenían un ritmo más rápido. Eran un poco más modernos». Entre lamentos, el ‘Lobo’ saca el superficial triunfo a la canción. Merece la pena oír las dos versiones principales que realizó.


Bill Monroe – Sittin’ On Top Of The World


Howlin’ Wolf – Sittin’ On Top Of The World (1957)


Howlin’ Wolf – Sittin’ On Top Of The World (1971)


La primera, de finales de 1957 para Chess. Aquí el dolor es impostado, casi recochineo (atención al piano de Hosea Lee Kennard):



La segunda, su versión para la BBC, de 1971, es más acida, me gusta más, casi se nota la extenuación que casi lo arrebata para el otro barrio en los servicios del estudio tras la sesión. Está acompañado a las guitarras por su inseparable Hubert Sumlin’ (rítmica) y el jovencito Eric Clapton (principal). The Grateful Dead, la dotaría de un espíritu burlón, rapidísimo, alegre para su disco de presentación, The Grateful Dead (Warner Bros. 1967). Lamento, abatimiento, ironía, recochineo, alegría, extenuación, dolor… Nada importa si te sientes como en la cima del mundo… aunque sólo sea para volver a caer.


Sitting on Top of the World – Grateful Dead


* Artículo originalmente publicado

en el número 11 de abril 2012.