Luis Eduardo Alcántara

Entrevista con Luis Eduardo Alcántara

Sin más preámbulo, entremos de lleno a la charla con nuestro querido, Luis Eduardo Alcántara, colaborador y fundador de esta nuestra revista de blues, en el marco del inicio del nuevo ciclo, después de la celebración del 10° aniversario.

CB. ¿Quién es Luis Eduardo Alcántara?

Eduardo. Yo soy un hombre sincero de donde crece la palma. En ratos escritor, en ratos melómano, periodista por convicción. Sobreviviente de catástrofes urbanas, históricas y sociales. A veces, sobreviviente de mí mismo.

CB. ¿Desde cuándo y cómo se da tu pasión por la escritura?

Eduardo. Primero se dio por mi gusto a la lectura. Eso ocurrió en la secundaria, por los libros clásicos que nos dejaban leer: Salgari, Poe, Verne, Dickens, Exupéry. Normalmente eran libros condensados acompañados por imágenes y dibujos. Antes, de niño, leía mucho lo que publicaban editoriales como Novaro y Posada. Eran libritos fantásticos.

También historietas como Tradiciones y Leyendas de la Colonia. Un hecho importante fue descubrir la narrativa de autores mexicanos como Juan Rulfo, Juan José Arreola, pero sobre todo José Agustín. «La Tumba» fue una novela que me abrió de golpe horizontes insospechados de escritura. Allí nació el interés de escribir cosas que sucedían en mi entorno.

CB. ¿En cuántos estilos o géneros has incursionado dentro tu trayectoria?

Eduardo. Te comentaba que soy periodista de profesión. Estudié Ciencias de la Comunicación en la UNAM (ENEP Acatlán, años ochenta), así que la mayor parte de mi trayectoria he ejercido el periodismo.

Por ende, los géneros que le son afines: el reportaje, la entrevista, el artículo de opinión, la nota informativa, pero sobre todo la crónica, que es mi género favorito. Una buena crónica debe llevar elementos literarios, además de un lenguaje depurado, descriptivo. «Los Bandidos de Río Frío», de Manuel Payno, por ejemplo, no solo es una perfecta novela histórica, sino que también es una crónica monumental de la vida en México en la recta final del siglo XIX. Ocurre lo mismo con las novelas y reportajes de Ricardo Garibay o de Gabriel García Márquez, son crónicas literarias muy ricas por el manejo del lenguaje y las imágenes que proyectan.

CB. Sabemos de la reciente publicación de tu libro: “Desfiladero: Minificciones en Cascada”, ¿qué nos puedes hablar de él y su contenido?

Eduardo. Claro, es mi tercer libro. Mi gusto por la narrativa breve nació de leer la obra de autores como: Agustín Monsreal, Juan José Arreola, Ramón Gómez de la Sena y Sergio Golwarz, por mencionar solo algunos, además de que actualmente, el gusto por la minificción vive una explosión fabulosa en muchas partes del mundo.

Debido a eso, el «Desfiladero» fue pensado para incluir solamente nanoliteratura, es decir, cuentos brevísimos que en su mayoría no superan la media página del libro, y cuya frontera narrativa se pierde entre la microficción, el aforismo, la sentencia y la greguería. La intención fue jugar con la realidad valiéndome del intertexto, y por supuesto, provocar constantemente el asombro del lector.

Ahorita estoy viendo la posibilidad de colocarlo en algunas librerías independientes, pero quien desee adquirir un ejemplar puede contactarse conmigo, a la página de Facebook: https://www.facebook.com/luiseduardo.alcantara.353, o bien, al correo electrónico: luiseduardoalcantara213@gmail.com

CB. ¿Te gustaría compartirnos una de tus minificciones del libro?

Eduardo. Esta, por ejemplo, se titula…

La transformación

Se paró frente al espejo del baño y comenzó a retirar cuidadosamente la jabonadura de su rostro.

Con mano experta, se fueron con ella los bigotes entrecanos, la barba espesa y las patillas.

Con la cara otra vez limpia, vio frente a sí a un hombre nuevo, casi un jovencito, libre del paso de los años que extrañamente se habían acumulado.

La voz de Gabriela, su madre, lo devolvió a la realidad. – ¡Hey, no hagas nada todavía! Hablaron de la escuela para avisar que representarás de nuevo a Maximiliano…

CB. Platícanos de tus reconocimientos en esta faceta como escritor.

Eduardo. En el aspecto literario gané el Premio El Nacional de Crónica para jóvenes escritores en 1991. En el 2000 Mención Honorífica en el concurso de relatos Sábado Distrito Federal. El reconocimiento me lo dio un escritor ya fallecido a quien admiré mucho, Alejandro Aura. En el 2016 gané el Primer Lugar del Segundo Torneo de Historias Mínimas «José Mayoral», en un evento desarrollado en Coyoacán, en el que tuve la fortuna de que me acompañaras (María Luisa).

También recordarás que este equipo de Cultura Blues, del cual formamos parte, obtuvo hace tiempo la Beca Edmundo Valadés para Revistas Electrónicas Independientes, lo que también es un hecho digno de resaltar. En mi faceta como periodista también he recibido algunos galardones, por ejemplo el Segundo Lugar de Entrevista, en el Certamen Nacional de Periodismo Juvenil en 1992, y mención honorífica en el Concurso Objetivo de Periodismo, también por esas fechas.



CB. También sabemos de tu reciente reconocimiento como ‘Auténtico Baluarte del Rock Mexicano’, ¿qué nos puedes comentar al respecto?

Eduardo. Se trata de un reconocimiento que periódicamente organiza la Enciclopedia del Rock Mexicano, a través de su director, Arturo Lara Lozano. En este año pandémico tuve el honor de recibir el diploma y la medalla, con los cuales se reconocen las tres décadas de labor ininterrumpida difundiendo también a grupos mexicanos, discos, grabaciones y entrevistas, en el difícil panorama que rodea al rhythm and blues, rock, pop y blues nacional.

Mi primera nota la publiqué en la revista Conecte, en 1988, y no he parado. Destaca la columna que tuve en Editorial Contenido en la segunda decada de los años noventa, comentando discos y haciendo crítica musical, y por supuesto, los diez años que llevo como parte del staff de Cultura Blues.

CB. Aprovechando el momento, ¿Desde cuándo y cómo se da tu gusto por el blues?

Eduardo. Surgió desde muy niño, con grupos «blancos» aunque yo no sabía identificar el género como tal. En 1978 descubrí el disco «John Mayall with Eric Clapton. Bluesbreakers», y la atracción fue inmediata. Sin embargo, el verdadero hechizo ocurrió al asistir a los primeros festivales de Blues en México, y presenciar en directo la actuación de los incomparables maestros afroestadounidenses. Cuando entré al CCH Azcapotzalco pude conseguir mis primeros discos lps, y entre ellos hubo varios del viejo country blues de pre guerra. Desde entonces, esa vertiente de blues rural es mi favorita, la considero muy honesta y emocionante.

CB. ¿Qué significa el blues para ti? 

Eduardo. Significa amigo, confidente, atracción, vicio, meta, confín, aventura, poesía, música, madrugada, mujeres, discos, hallazgos. Es una etapa de mi vida que siempre está comenzando. Es una pócima maravillosa encerrada en 12 compases. El blues nunca te traicionará, aunque en su raíz hable de traiciones. El blues siempre te hará volar, aunque en su conformación no exista ningún alucinógeno. El blues, de alguna manera, es la voz oscura del alma humana. Un poco como el fado, un poco como el tango.

CB. ¿Cuáles consideras tus principales ídolos en el blues?

Eduardo. Todos están muertos y dejaron de grabar hace muchos años: Elmore James, Magic Sam, Muddy Waters, Willie Dixon, Big Walter Horton, Freddy King, Valerie Wellington, Robert Nighthawk, Big Mama Thornton, Sonny Boy Williamson No. 2, R.L Burnside, Magic Slim, Eddie C. Campbell. Pero en materia de blues rural, admiro a mucha más gente: Memphis Minnie, William Harris, Robert Johnson, Son House, Henry Thomas, Barefoot Bill, William Moore, Charley Jordan, Blind Blake, los Mississippi Sheiks, Sleepy John Estes, Rossy Mae Moore, Tampa Red, Big Bill Broonzy, Casey Bill Weldon, Kokomo Arnold, Bo Carter, en fin ¡son muchos!

CB. ¿Qué esperanzas o temores tienes en relación al futuro del blues?

Eduardo. El blues siempre ha sido una música de élite, tanto para la gente que le gusta y lo colecciona, como para quienes deciden interpretarlo. Siempre ha ido a contracorriente, y así ha logrado sobrevivir. Parte de su esencia es ser clandestino, underground. Pienso que este panorama azaroso continuará, sin que ello signifique su muerte, o un boom que lo catapulte hacia las grandes audiencias.

A la par de los músicos veteranos, o de los puristas empedernidos, siempre aparecerán jóvenes bisoños que lleven en su sangre el gérmen del blues, y lo perpetúen, a su manera, a su estilo, o de acuerdo a los tiempos que les tocó vivir. Del apoyo oficial en los medios de comunicación, o en los aparatos gubernamentales, mejor ni hablamos, no existe. Todo se remite a una labor independiente, casi por amor al arte, que hacemos muchos de nosotros.

CB. ¿Cuáles son tus proyectos a corto y mediano plazo?

Eduardo. Mis proyectos son iguales a corto y mediano plazo, es decir, seguir viviendo para lo que me gusta, que es el arte, la escritura y la música.  Posiblemente saque un nuevo libro de ficción para finales de este año, o comienzos del otro.

CB. ¿Qué nos puedes comentar acerca de tu experiencia como colaborador en Cultura Blues?

Eduardo. Que ha sido un proceso de vida muy enriquecedor. Siempre el estar en un proyecto informativo desde sus inicios, implica un reto. El ver cómo va creciendo, cómo va adquiriendo forma, cómo va cambiando, es muy emocionante, porque cuando se logra esto, uno va cambiando también, junto con él. Y qué mejor que este proceso se relacione con una de las grandes pasiones existenciales, que en este caso es la música de blues. Yo estoy muy contento y orgulloso, de formar parte de él.

CB. ¿Algún mensaje para los lectores o seguidores de Cultura Blues?

Eduardo. Que nunca abandonen sus sueños, sus metas particulares, ese «olvidado asombro de estar vivos», como decía Octavio Paz. La vida es larga y además no importa. Lo relevante es estar aquí y ahora.

CB. ¿Algo más qué agregar?

Eduardo. Solamente darte las gracias, María Luisa, por el apoyo que siempre nos brindas a los que nos movemos en este pequeño universo musical y artístico del Valle de México, y otros puntos de la república. También por supuesto, mandar un afectuoso saludo a los lectores de esta incomparable revista electrónica.

¡Sean felices!