El blues y el autoservicio

Hubo una época, hace muchos años, cuando algunos discos de blues, de larga duración (por sus siglas, LP) podían conseguirse en tiendas y almacenes de autoservicio, del tipo Gigante, Aurrerá, Comercial Mexicana, Gran Bazar ¡y hasta en la Conasupo! Yo llegué a comprar acetatos en cada uno de ellos, aunque justo es decir que la mayoría de esos discos eran prensados en México, aunque otros pocos de importación también llegaron a colarse ahí.

Los hallazgos ocurrían en la sección indicada, es decir, la zona de discos y cassettes poblada en su mayoría por artistas nacionales, baladistas, música vernácula, tropical, rock y discoteque, pero si efectuabas alguna búsqueda profunda en los anaqueles también podías encontrar cosas maravillosas. De tal modo que junto a cereales Kellogs, latas de sardina, kilos de frijol, detergentes, calzado económico, camisas y playeras, también podías salir de esas tiendas con algún sorpresivo ejemplar de blues bajo el brazo.

En la tienda Gigante que estaba cerca de mi casa, por ejemplo, conseguí un raro disco importado de Little Junior Parker con funda gris y dibujo en el centro, que además tiene la forma de un sobre con pestaña en la parte superior. La grabación corresponde a los mejores años de Parker, en la década de los sesenta, y cuenta además con una funda con muchos datos históricos del fino cantante y gran armonicista.

También en esa tienda encontré el disco con la banda sonora de la película «Leadbelly, el inquebrantable», un excelente filme que narra cómo se vivía el blues en las primeras décadas del siglo pasado, contando con la participación de enormes músicos como Sonny Terry en la armónica. En el Aurrera que estaba en Valle Dorado me topé quizá con el mayor hallazgo, un acoplado del sello Festival con 18 temas del mejor blues de Chicago de los años 50.



La lectura pormenorizada de los créditos me indicó que dicho lp, se prensó con la autorización de Chess Records, es decir, se trataba de una antología de Chess ¡con grabaciones originales! de Muddy Waters, Little Walter, Howling Wolf, Sonny Boy Williamson, Lowell Fulsom, Bo Diddley, Elmore James, John Lee Hooker y Memphis Slim. Ese disco lo convertí en una fuente constante de documentación, tanto de sonido como de datos ya que contaba también con una funda poblada de información histórica de cada artista y del personal que participó en las piezas. Era el año de 1981.

En la megatienda Conasupo que estaba en la unidad habitacional de Tlatelolco se podían encontrar todos los discos prensados en México de John Mayall y Savoy Brown, y también la serie rocanrolera llamada Jugo de Hits. En la Comercial Mexicana que aún sigue en el centro de Azcapotzalco, podías llevarte dos de los mejores discos de blues grabados por Johnny Winter en ese tiempo: Nothin but the blues, y el Red, Hot and Blue, y también los conocidísimos discos nacionales de Canned Heat.

Finalmente, en la tienda Gran Bazar que se ubicaba a un costado del Toreo de Cuatro Caminos, me encontré un disco importado de John Lee Hooker del sello Kent, con algunos de sus temas más crudos de los años cincuenta, y bajo el formato de cassette, una verdadera rareza, el disco en vivo en la Calle Maxwell de Robert Nighthawk, por supuesto, importado. Gratos recuerdos tengo de esos años heroicos cuando te adentrabas como en una aventura por los caminos menos esperados para encontrar material original de blues. Quizá próximamente les cuente de mis aventuras por Tepito, que llevaban detrás el mismo noble fin.