José Cruz y Real de Catorce: Discografía y Canciones. Parte II

Colaboración especial: José Cruz Camargo Zurita

2.Tiempos obscuros – 1988 (CDDP-1110)

1.Pájaro loco
2.El ángel
3.Un par de ojos
4.Un mediodía triste
5.Suena el viento A la memoria de Manuel Buendia
6.La medicina
7.Con el alma borracha
8.Al rojo de la tarde

Créditos:

Letras y música: José Cruz.
Real de Catorce: Fernando Abrego, batería y otras percusiones; José Cruz, voz, armónica y guitarra; José Iglesias, guitarra y flauta; Severo Viñas, bajo eléctrico y percusiones. Invitados: Carlos Nunez C., guitarra en  6 y 8, teclados en todo el disco; Renato Menconi, sax en 4 y 6; Baby Bátiz, Claudia Pizá y Marco Polo Garibay, coros en 3 y 8.

35-Carta1

Texto en el disco:

Marcha de tiempos trágicos en los patios y atajos, las aves encendidas se nos vuelven muertos y estallan por la boca más herida. DEJEMOS DE SER LOS NIÑOS, nadie puede desafiarnos. En la sombra impregnada, en la palabra que transcurre, en el beso aterido armamos el argüende para echarnos encima la rebeldía y encarar las calles que ayer temimos. Hay quien dice que es este otro país la nueva tierra despierta. Yo digo que es una fruta una nuez la luz todos los sueños.”

Tiempos obscuros (Fonarte Latino).

El salinismo estaba en pleno apogeo criminal. Había privatizado la banca y devuelto los privilegios a la iglesia católica mexicana. El artero acribillamiento de jóvenes activistas perredistas, opositores a Salinas, desembocó en marchas de protesta casi diarias.
Al interior de Real, el ambiente era armonioso y con un potencial político tremendo.
Compuse: “El pájaro loco”,  “El ángel”, “Tiempos oscuros”, “Un par de ojos “, “Un medio día triste”, “Suena el viento”, “La medicina”, “Con el alma borracha” y “Al rojo de la tarde”, para cerrar con una canción amorosa, toda la obscuridad ominosa de aquellos tiempos obscuros. Fue grabado en el 88 en un estudio austero. La fotografía de David Maawad, archivo Casasola, muestra un comedor ubicado a 15 kilómetros del subsuelo de una mina en Real de Catorce.

Blues y luz.  
José Cruz. Copyright.

Pájaro loco, el disco inicia con una melodía en la armónica que hace recordar al famoso personaje de las caricaturas: el pájaro loco o loquillo, para que se siga de inmediato con el boogie boogie/rock & roll. Una estupenda pieza cuyo ritmo atrapa y envuelve junto con la letra de gran calidad, y que hace que se identifique gran parte del escucha con su verso… “Puedo andar, sin una pizca de luz. Sin una luz andaré, pero nunca sin un blues”. Excelente número para abrir la obra.

El ángel, estupenda letra para una simple canción de rock/reggae, que a ratos suena latina, y en otros se fusiona al estilo progresivo de un Jethro Tull, por ese sintetizador/flauta incesante y machacante a lo largo de la pieza.

Un par de ojos, buen rock-blues con unos coros femeninos muy rocanroleros, que acentúan la respuesta a los versos de José, una armónica sensacional para el solo. De lo mejor del disco.

Un mediodía triste, al principio poesía exquisita, con un bajo machacante muy bluesero, con un sintetizador que acentúa espectacularmente la melodía, las guitarras en su mejor momento. Y de nuevo la poesía sin dejar el blues al fondo. Y para cerrar… un rasposo sax, que redondea la canción.

Suena el viento, rock latino con mucho influencia de las piezas ochenteras con muchos sintetizadores, secuencias y ritmos, el regular tema es rescatado por la armónica electrizante y la guitarra en la misma línea melódica. Una canción homenaje al periodista mexicano Manuel Buendia, asesinado en 1984, cuando estaba próximo a publicar un artículo sobre las conexiones del narcotráfico con políticos.

La medicina, una de las piezas clásicas de Real, con una gran influencia del jazz. Un piano excelso que mantiene el peso específico de la canción, una letra puntual para el caso. Una parte intermedia con un cálido saxofón que se sigue para la segunda parte y la hace más y más candente. ¡Fabulosa!

Con el alma borracha, los ritmos latinos de las congas abren la pieza para transformarse en una pieza de rock/reggae, por más que quiera no puedo dejar de pensar en momentos en el Maná de esos tiempos. Tal vez porque eran los sonidos de la época. Posiblemente la gran diferencia, únicamente está en el estilo letrístico. Que ya es mucho que decir.
 
Al rojo de la tarde, después de una mediana pieza, el final del disco se compone y convierte en algo sumamente exquisito. Un buen blues con una portentosa interpretación, que hubiera merecido un mejor tratamiento en el caso del solo de teclado. Pero en general, redondea a un gran disco, que siguió poniendo en alto el nombre de la banda, en cuánto a calidad interpretativa y originalidad de letra y música.

Pájaro loco

Puedo estar, sin trabajo en la ciudad
Puedo estar, sin trabajo en la ciudad
Pero nunca me verás, un minuto sin tocar.

Puedo andar, sin una pizca de luz
Puedo andar, sin una pizca de luz
Sin una luz andaré, pero nunca sin un blues.

Deja que la tarde, se derrita en hilos
Y la luz helada, de un poste te siga.
Caminar llorando, luego de un arresto
Y la soledad como un perro atrás…

Puedo estar, sin trabajo en la ciudad
Puedo estar, sin trabajo en la ciudad
Pero nunca me verás, un minuto sin tocar.

Puedo estar, sin trabajo en la ciudad
Puedo estar, sin trabajo en la ciudad
Pero nunca me verás, un minuto sin tocar.

El ángel

Tiempos obscuros, un mar de gente
Sale a las calles, quema sus alas bajo la noche…
Ha muerto un ángel en la prisión.

Tiempos obscuros, llueve en torrente
Moja la tierra, mi voz enferma con este llanto…
Ha muerto un ángel en la prisión.

Tiempos obscuros, pasan los días
Cual novias tristes, novias usadas y rencorosas…
Ha muerto un ángel en la prisión.

Está en mis ojos, está en mi sangre.
Salgo a pintar un muro, salgo a morir sin miedo.

¿Qué hago afuera del Edén?
¿Quién armó este inmenso palomar?
¿Quién al hacerlo olvidó, que somos cuervos sin hogar?
¿O acaso le dejamos ciego?

¿Qué hago afuera del Edén?

 

Un par de ojos

Un par de ojos escarba la noche… Coros: Choclo y gabardina.
Estallan luces y pintan el vaho… Coros: Frío en el cigarrillo.
Pasos que quiebran cristales de fuego… Coros: Prismas en los labios.
La puerta abierta congela un disparo… Coros: Beso escarlata.

Amo el brillo de tu ojo quieto, porque alucina y veo otro mundo al morir… tú.

Un soplo necio que quema la aurora… Coros: Arden las ciudades.
Damas que danzan su roja velada… Coros: Pálidas de muerte.
La madrugada sofoca sus críos… Coros: Signos en el cielo.
Dos ojos llenos de noche se apagan… Coros: Duermen los sentidos.

Amo el brillo de tu ojo quieto, porque alucina y veo otro mundo al morir… tú.

Un par de ojos escarba la noche… Coros: Choclo y gabardina.
Estallan luces y pintan el vaho… Coros: Frío en el cigarrillo.
Pasos que quiebran cristales de fuego… Coros: Prismas en los labios.
La puerta abierta congela un disparo… Coros: Beso escarlata.

Amo el brillo de tu ojo quieto, porque alucina y veo otro mundo al morir… tú.

Al morir tú, al morir tú, al morir yo, al morir yo, al morir él, al morir él, al morir él, al morir él.

    
Un mediodía triste

Un mediodía triste viendo el lomo gris del Metro, aplanando la banqueta mientras derrite el asfalto un sol blanco y voraz.
Pasan los “delfines” como almas en pena, consortes de la muerte que se sube al mundo sin pagar boleto. El viento aúlla canciones flacas. Gente: ¡Hay una peste!… como esperando a Cristo. Cristo está sentado seguramente, en la tercera fila de un burlesque.

Hay un bar pequeño,  con la esquina verde, afuera dormita un organillero. Tiene espesas cejas, y babea alcohol, lo cubre la sombra de un ángel bluesero. Poco movimiento, es temprana hora, la ciudad no muestra su cara granosa, supurante y roja; sus pelos al pecho oh, oh, oh, ¡ni su carne floja!

La tarde se sienta en el centro viejo, se baja las medias corridas y sucias, menea sus pestañas de mujer nocturna, y deja caer la noche al abrir las piernas. Podrías morir de una enfermedad que usa placa y corriente eléctrica, o sumergido en una plácida niebla de opio, o montado en las cálidas carnes de una mujer fenicia. Podrías morir un día cualquiera, la hora poco importa, son tiempos obscuros. ¡Escucha atento a las sirenas!

De una madriguera, surge la pandilla, por usar espuelas todos son buscados. Como la marea, de un mar iracundo, van cubriendo tramos de calles ajenas. Embarran los muros, de pintura roja, hay una emoción que fricciona el aire, aún no crecen flores en el pavimento, la ciudad se ha vuelto una novia amarga.
Tengo tres preguntas… responda al primero: ¿Quién mató la noche? ¿Quién abrió la puerta?, ¿Quién descifró este sueño y se ocultó en el alba?
 

Suena el viento

Suena el viento, a la voz de un hombre muerto
A lamento de mujer, a perro herido
A tormenta en cada puerta, a vidrio roto.

Suena y llega, a volarme la cabeza
A morderme la razón, a enfriar mi cuarto
A inventar en qué mentirme, a ver si grito.

Puede ser un hombre, puede ser un tira
Puede hablar tranquilo, mientras te estrangula.

Puede andar de día, puede andar de noche
Puede ahogar tu coche, y ¡mira feliz!

Mes de viento, días de lluvia
Duermo con los dedos sobre el pecho
Quiero probar la felicidad
Quiero creer que se puede andar ¡libre!… por las calles.

 

La Medicina

Consígueme esa medicina, que me ayude a vivir
Tengo las manos más frías, que la cruel soledad.

Dame de esa ración, ven y acuéstate aquí
A la deriva, de los mares de la luz matinal.

Quiero probar la fantasía, que me ayude a vivir
Porque me muero día a día, y no me quiero morir.

Dame de esa ración, ven y acuéstate aquí
Ponme las venas, del color de las olas del mar.

Quiero probar la fantasía, que me ayude a vivir
Porque me muero día a día, y no me quiero morir.

Dame de esa ración, ven y acuéstate aquí
Ponme las venas, del color de las olas del mar…
A la deriva, de los mares de la luz matinal.

 

Con el alma borracha

Con el alma borracha de cerveza
Con el labio gris mordido por el humo
Busca un hotel cayéndose del uso, y ahí estaré.

Subiendo pasarelas de burlesque
Frotándome la pelvis en tu enojo
Págame un sueño en un congal de lujo, y ahí estaré.

Gusto en conocerte y evitarte
Dos prenden una hoguera al mundo
Dos hacen la guerra final
Dos son el juez y el verdugo
Dos son iluso y criminal y criminal y criminal
(Ten mi navaja), no está de menos suicidarse.

Durmiendo en permanencia voluntaria
Vendiendo en un billar filosofía
Si ofrecen recompensa por mi vida, ahí estaré.

Me enseñaron a estar afilado y ser puntual
Llevo tres citas incumplidas con la muerte
Fulminado por un toque debe ser
O bendecido por el alma de un mariachi…

Oh oh oh oh oh oh oh

Gusto en conocerte y evitarte
Dos prenden una hoguera al mundo
Dos hacen la guerra final
Dos son el juez y el verdugo
Dos son iluso y criminal y criminal y criminal.

 
    
Al rojo de la tarde

Al rojo de la tarde, se eleva una silueta
Murmura una tonada, la llave está en la puerta
Sentada y casi a oscuras, tocando el piano hasta el final…

De notas desgarradas, su sangre lleva ríos
El llanto se le escurre, sus manos son de vidrio
Sentada y casi a oscuras, tocando el piano hasta el final…

El moño azul, de un gato viejo oh, oh, oh
Le prende al pecho algún recuerdo
Rueda profundo, tocando un solo
Le pinta el pelo un muerto sol.

La noche se amortigua, al tibio de su cuerpo
Se hiela su cintura, la música huye lejos
Sentada y casi a oscuras, tocando el piano hacia el final…

El moño azul, de un gato viejo oh, oh, oh
Le prende al pecho algún recuerdo
Rueda profundo, tocando un solo
Le pinta el pelo un muerto sol.

Al rojo de la tarde, se eleva una silueta
Murmura una tonada, la llave está en la puerta
Sentada y casi a oscuras, tocando el piano hasta el final…

Yeh Yeh Yeh Yeh…
 

3.Mis amigos muertos – 1989 (CDDP-1111)

1. Radio morir
2. Patios de cristal
3. Recargado
4. Barcos
5. Malo
6. Polvo en los ojos
7. Llévate la historia
8. Botellas de mar

Créditos:

Letras y música: José Cruz
Real de Catorce: Fernando Abrego, batería y percusión; José Cruz, voz, armónica, guitarra acústica y eléctrica; José Iglesias, guitarra eléctrica; Severo Viñas, bajo eléctrico y congas. Invitados: Nathalie y Maribel Arriagada coros en 1, 3, 5 y 6; Armando Báez Pinal coros en 3, 6 y 7; Armando Montiel Silva percusión y congas en 1 y 5; Jorge Luis Gaitán Violín en 8; José Balloterúz sax en 1 y 4; Carlos Nunez C., guitarra en 3, 5 y 6, y teclados en todo el disco.

35-Carta2

Texto en el disco:

“MANIFIESTO SOBRE LOS ÚLTIMOS MOVIMIENTOS DE UNA NUBE. Las nubes circulan libremente en los cielos. Aparentemente pastan, pero algunas suelen echar raíces. En nuestro país existen nubes inconvenientes para los fanáticos del tenis o del golf. Las nubes molestan, infringen, ¿Quién se queja de las nubes? ¡Los que usan paraguas! Las nubes no se venden. Las nubes no se alquilan. Las nubes son invaluables. Después de que las nubes fueron condenadas, ahora aparentemente se les deja tranquilas: pocos pueden tener una nube. En el pent-house; pero las nubes son de todos, son de nadie. PROCLAMACIÓN: ¡Las nubes escupen! ¡Son infinitamente imposibles! ¡Llenan un espacio y cumplen con su tiempo! ¡Las nubes son locura! ¡Las nubes son tóxicas para los idiotas! Las nubes cristalizan en el silencio, en la pausa, como los sueños. Las nubes son un navío cargado de… Su único negocio provocar lluvias, benéficas en estos tiempos de sequía. ¡Seamos rigurosamente objetivos! ¡Seamos rigurosamente subjetivos! ¡LAS NUBES SON NUESTRA FILOSOFÍA!”

Mis amigos muertos (Fonarte Latino)

Real grabó en el 89 “Mis amigos muertos”. Canciones dedicadas a los amigos que no alcanzaron a arañar, ni con las uñas, la última década antes del 2000.
En realidad son esquelas de amigos que conocí en vida: “Patios de cristal”, está dedicada a un valedor del barrio de Santa Fe que se mató en su motocicleta; “Polvo en los ojos”, una amada amiga que se suicidó al arrojarse de un puente; “Radio morir” narra un encuentro personal con la muerte en un hotel de Guadalajara; “Recargado”, dedicada a la generación “X”, sin oficio ni beneficio; “Malo” que habla sobre mi infancia, profundamente depresiva; “Barcos”, toca el tema de la gente del campo que busca oportunidades en la monstruosa ciudad capital de México; “Llévate la historia”, sobre el autoritarismo imperialista de USA, en un micro cosmos familiar; cierra el disco una canción dedicada a mis amigos Panchitos de Santa Fe, “Botellas de mar”, una canción inspiradora de buenos sentimientos y luminosa freternidad.
Este disco ganó El Sol de Neón a mejor disco en el 89, entregado en El Teatro de los Insurgentes, y en el remodelado Auditorio Nacional, a mejor compositor, en el 91.
Portada de David Maawad (archivo Casasola, fotografía en blanco y negro, y sepia del Túnel de Ogarrio, Real de Catorce).

Blues y luz.  
José Cruz. Copyright.

Radio morir, los tambores retumban al principio de este tercer disco de la banda, para dar paso a esta pieza de corte bolero, muy en el estilo de jazz latino. Algo diferente de lo grabado anteriormente por la banda, pero de gran calidad. Un grandioso sax para rematar el tema y encumbrarlo.

Patios de cristal, la segunda pieza nos vuelve al blues-rock de manera inmediata. Una rola que se hizo clásica por su gran ritmo, por momentos me recuerda al L.A. Woman de los Doors. Con una gran intensidad instrumental y letrística. Una obra maestra, nada más que decir.

Recargado, una rola de corte fino, un jazz-blues-balada que introduce a la poesía dedicada e inspirada a lo que ahora llamaríamos los nini (sector de la población que en la actualidad ni estudia ni trabaja).

Barcos, en el mismo corte de jazz suave, con arreglos de cuerdas en los teclados. De nuevo el sax se destaca en un breve solo. Pero de nuevo lo insuperable es la letra de la canción… un bello poema.

Malo, por primera vez una rola que inicia con una guitarra acústica en el estilo folk, y que se va transformando al estilo de las piezas del disco anterior. Con los teclados como principal argumento melódico, regresa la flauta en algunos momentos, pero de nuevo la letra, esta vez autobiográfica que rescata la canción.

Polvo en los ojos, espectacular inicio muy al estilo de Queen, pero no, es Real en su mejor manera de expresarse. Poesía musicalizada, con un gran piano y unas guitarras distorsionadas excelsas. Los coritos, insuperables. Una balada de alta calidad. De lo mejor del disco, en mi opición.

Llévate la historia, aquí regresan a la fórmula del reggae, con los ritmos latinos, no mucho de mi gusto, me parece que eran más intensos con el blues, con el rock, con el boogie, que con este estilo de canciones. Pero bueno ahí quedó.

Botellas de mar, para concluir una rolita country-folk, con un violín como novedad. Dice José que fue dedicada a sus amigos “Los Panchitos” de Santa Fe. Una pandilla que tenía como miembros tanto personas honestas como delicuentes, traficantes, asaltantes y drogadictos. Pero finalmente es una buena canción que redondea este tercer disco, lleno de originalidad, la característica que hacía a la banda muy especial.

Radio morir

En un hotel, a pocos días del invierno
Me enamoré de una mujer sin faz
Llegó en el mar eléctrico del viento
A media luz, sin darse a conocer.

Un mundo gris, de fábricas de paz y tedio
Radio morir, boleros de arrabal
Noches que van, a dar al tiradero
Y yo en verdad, a un párrafo de amar.

Ay, ay, ay, ay…

Me dio a probar, la luna tibia en una taza
Y me dejó, ardiendo de la piel
Se derrumbó, un polvo de silencio
En el metal, desnudo de su ser.

En un hotel, a pocos días del invierno
Me devolvió, la vida una mujer
Busqué la voz, melódica del viento
Y me dormí, oyéndola cantar…

Ay, ay, ay, ay…

Patios de cristal

Necesito otra calle para rocanrolear, una casa nueva donde pueda vivir, el brillo de banqueta ya me empieza a cegar, la mirada policíaca de los perros de aquí. En moto por carretera.
En moto por carretera.
Me salí de la escuela por la falta de acción, y cambié mis materias por futbol de salón, en la tierra del ciego me topé con el Rey, ya no aguanto la deuda, ya no aguanto la ley. En moto por carretera. En moto por carretera.
Oigo voces de noche, la llamada de Dios, necesito una copa, necesito un doctor, mis amigos me aburren, siempre el mismo danzón, algo ocurre en la esquina de esta pobre nación. En moto por carretera. En moto por carretera.
Los muchachos rebeldes se murieron de alcohol, agarraron sus trapos y se fueron de aquí, no cambiaron el mundo, no incendiaron el sol, mucho menos ahora estos niños del PRI.
En moto por carretera. En moto por carretera.
No me den los buenos días. Las paredes escapan, no se dejan pintar. Quiero verte rendida con las manos detrás. Tengo hijos locos, juegan al amor, sacan sus navajas, cortan sus juguetes  pintan con su sangre el sol. En moto por carretera. En moto por carretera.
Hay violencia en las calles, hay violencia en la cama de mi padre y mi madre, hay violencia en tu crucifixión, hay violencia en tu violación, hay violencia en tu televisión. En moto por carretera.
Cuando yo nací esto ya era una prisión, cuando yo nací esto ya era una prisión. He vivido aquí en sus patios de cristal. He vivido aquí en sus patios de cristal.

 

Recargado

Recargado en un auto a la espera
De una razzia un misil o la luna
Derretida mi sombra de cera
Fuera de los aislados cafés.

En la jaula ciudades enteras
Para echarse a vagarlas sin fin
Con las llamas de un whisky en la boca
Extraviado en un metro de luz.

Desvelado por miedo a los sueños
Caminante a deshoras sin paz
Incrustado en un cine barato
Tras un perro de polvos de neón.

Sudando de las manos
Rebotando entre comercios
Prendido a los fanales de un tétrico camión
Pintando en los espejos
Buscando en otros ojos
Las gotas luminosas del amor.

    
Barcos

Barcos sin epitafio pueblan la carretera
Llenos de vagabundos de alma desafinada
Clavan un ancla aquí un ancla allá
Buscan una mujer un bar un tiempo para…

Rostros al viento urbano barcos en la marea
Niños en el desierto juegan ¡qué dulce error!
Clavan un ancla aquí un ancla allá
Buscan una mujer un bar un tiempo para…

Ciudad irreal: velos llegar, entre la niebla infernal.
Ciudad irreal: velos llegar, como la espuma del mar.

La calle es fea, dura como el hielo
Quien vive en ella, odia las palomas.

La calle es yugo, fuego sobre fuego
Los niños crecen, como flores de humo.

Barcos sin epitafio pueblan la carretera
¿Somos los vagabundos jueces o centinelas?
Clavan un ancla aquí un ancla allá
Buscan una mujer un bar un tiempo para…

 

Malo

Hoy, sentado a la orilla del mundo bebiendo un litro de oro licuado. Mañana cantando boleros sobre una cuerda tensada
a diez metros del infierno… del infierno.
Malo, como dice una madre ofendida como el sorgo o la plaga que mata en cuaresma, siempre detrás de los ojos de un niño que se fuma un cigarro mientras arde su escuela destruida…
aburrida.
Hoy, bordando las chambras del odio jalándose el labio inferior con los dedos mascando la rabia que escupen los mudos
chamarra rasgada quemaduras de viento en el cuero…
en el cuero.

Su risa lacera la carne, la fe y la vibra de los perros
Su risa invisible viruela que marca las broncas en su cara.

Negro, de un pedazo de un planeta muerto como el centro mismo las sombras. Ojos que impresionan traspasan objetos
descubren la muerte oculta que hay en ellos ojos bellos.
Caminando por lugares prohibidos atrapado en sus propios huesos malquerido, como hijo de cuervo despedido del nido de amor.
Sin miedo, o quizá sumergido en terrores viviendo del frío que corre en sus venas molido a las diez en las calles malditas
un “tiro” de a dientes un pleito a morir con su ángel, de la guarda-

Su risa lacera la carne, la fe y la vibra de los perros
Su risa invisible viruela que marca las broncas en su cara.

 

Polvo en los ojos

¿Fue el amor… o polvo en los ojos?
Esa noche yo no hacía nada.
Volaba hablando con las nubes blancas
En los linderos de una luna más.

Numeré, las estrellas nuevas
No noté, que una se apagaba: dime…
que te amó la noche, que no dudaste ni dos minutos
que no estaba el agua helada, que reíste para ti
que una flor siguió tu sombra, que soñaste cuando niña,
que nadabas y flotabas, que llegaste a salvo al fin.

¿Fue vivir a mil por hora… o esa forma de cruzar el fuego?
Dejaste cartas y nudos de nostalgia.
Pienso en tu alma corriendo calle abajo.

Numeré, las estrellas nuevas
No noté, que una se apagaba: dime…
que te amó la noche, que no dudaste ni dos minutos
que no estaba el agua helada, que reíste para ti
que una flor siguió tu sombra, que soñaste cuando niña,
que nadabas y flotabas, que llegaste a salvo al fin.

Vida mía, ¿qué día es hoy? ando sordo, mudo y triste
Recordando… tu luz.
Vida mía, ¿qué día es hoy? ando sordo, mudo y triste
Recordando… tu luz.
Vida mía.

 

Llévate la historia

Llévate la historia, donde yo no pueda encontrarla
Ahógala en las dunas, entiérrala en el mar
Bórrame las manos, sácame del miedo de esa calle
Véndame los ojos, tírame a matar.

Me he cansado de sangrar por ti, de lanzarme siempre desde el sol. Soy un niño armado hasta los dientes.
Juegas a tocar mi corazón, has rentado el cielo sólo para ti
Entre tus juguetes, el planeta.

Piensa que fue un sueño, que jamás pisé algún escalón
Ni besé las flores, ni probé el amor.
Préndete mis alas, quema cada esquina que te vio
Quédate con todo, todo es para ti.

Me he cansado de sangrar por ti, de lanzarme siempre desde el sol. Soy un niño armado hasta los dientes.
Juegas a tocar mi corazón, has rentado el cielo sólo para ti
Entre tus juguetes, el planeta.

Oh Oh Oh….. Yeh Yeh Yeh    

Botellas de mar

En mi calle vive el príncipe del cáncer, una dama de negro y un viejo caza blues. Cada puerta es como un bálsamo bendito, para el miedo el amor y la piedad. En esta calle flotan botellas de mar.
En mi calle duerme el diablo en una estufa, corta cartuchos y mata a un violador. Una niña más de plata resplandece, como flor se le dobla la actitud. En esta calle flotan botellas de mar.
Pide un deseo en mi calle y verás la pasión de Jesús.
Pide un deseo en mi calle y tendrás el perdón de un ladrón.
En mi calle baila un ángel pandillero, en el pie de su tumba un chevy 5 6. De sus alas cuelgan timbres pequeños, y un tornado al este de su Edén: En esta calle flotan botellas de mar.
En mi calle nunca ha entrado un policía, es duro el sendero obscuro el callejón. Por el ojo de aguja de este reino, arde Roma en el trono del Señor. En esta calle flotan botellas de mar.
Pide un deseo en mi calle y verás la pasión de Jesús.
Pide un deseo en mi calle y tendrás el perdón de un ladrón.
En mi calle alumbran lunas bandoguianas, rojas de brandy y crudas de vermouth, una ráfaga de noche mexicana. Ante el labio de mi alma de norte a sur. En esta calle flotan botellas de mar.

Continuará en la siguiente edición con: Voces interiores 1992 y Contraley 1994
¡Hasta la próxima!

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