Pago mi renta con letras de blues

¿De qué cosas habla un blusero hispanoparlante en sus letras? ¿Cuáles son sus preocupaciones vitales, sus gozos, los hechos que lamenta o que alaba por medio de su canto y de su música? Las penurias que en otros tiempos significaba pizcar algodón se suplantan desde hace un buen tiempo por las devaluaciones que sufre la moneda o la escasa oferta de trabajo que hay en los avisos de ocasión. Los relatos bucólicos de aquellos polizontes que se trasladaban de un lado a otro escondidos en la Smockestak Lightning, son actualizados por medio del testimonio de usuarios de la ex tinta Ruta 100 o en las peseras y microbuses que alojan a la fuerza a trovadores del Siglo XXI, que al igual que sus antecesores de Texas o Mississippi, ofrecen a la clientela un poco de diversión cantada a cambio de unas cuantas monedas o de un tacto.

En los años cuarenta del siglo pasado el primer Sonny Boy amenazaba a su infiel chica con encontrarla a como diera lugar, piloteando un aeroplano sobre la ciudad y dejándose caer sobre ella tan pronto la ubicase, en nuestros tiempos el asesinato no es una cosa recomendable, al menos en las letras de nuestros conjuntos, con el simple hecho de clonarla basta y sobra tanto para a amarla como para castigarla de la maneras más diversas. Y conste, no se trata de una actitud machista, son simples y llanas letras dentro de un universo bien definido como lo es el blues.

Algunas de estas preocupaciones nos movieron a publicar, a partir del número cuatro de Cultura Blues, una serie de entregas que abordaron en total 101 canciones elementales dentro del repertorio del blues hispanoparlante, un trabajo inédito centrado, únicamente, en las letras y en las preocupaciones estéticas que difunden grupos y solistas tanto de México como de España. Como sucede con toda antología, la muestra pudo ser sesgada pero no por ello incompleta pues se trató de incluir a exponentes cuyo rasgo, aparte de ejecutar temas clásicos con rigor, se destacan por escribir y por amoldar al universo, muy bien delimitado del blues, historias y mensajes que todos comprendemos, padecemos y disfrutamos.

“Mucho de este material, cabe señalar, son productos independientes que han tenido una discreta distribución, uno que otro es comercial, y por ello este ejercicio se vuelve más valioso. Letras de amor, desamor, de protesta, de propuesta, de lo cotidiano, con poesía, sin ella, libres, etcétera, es lo que se encontrará en este trabajo, complementado con algunos datos importantes, ciertas explicaciones y razones particulares del porque las hemos considerado. Por último aclaremos que ninguna de las opciones que han tomado las bandas desde nuestro punto de vista es mejor que otro, simplemente creemos que son diferentes formas de expresión, esto es música, es arte y en este sentido no hay algo mejor o peor, no hay ni debe de haber regla, lo que sí, se puede decir muy claramente es que te gusta o no. Y eso debe ser digno de respeto. Recordemos que a través de los tiempos y en muchas disciplinas por ejemplo en el arte y la ciencia, aquellos que se han atrevido a hacer algo diferente a los demás, son los que han trascendido”, eran comentarios que acompañaban la primera entrega de este ejercicio periodístico.

El Mojo es de quien lo trabaja

Música sensual que al liberarse libera a quien la está interpretando, se convierte entonces en acordes de Voodoo Child, de Hoochie Coochie Man o de Hoochie Coochie Woman, es de esta forma ombligo del mundo al tornarse poco a poco en blues, por el remolino telúrico que la envuelve, por el remolino telúrico de las zonas rojas, de los bares, las calles del proletariado, de los camiones, los festivales, los hoteles de paso, lugares reales o imaginarios de quienes hacen pacto con el pingo a media noche. Brilla dentro de esa nebulosidad mexicana José Cruz y su poesía, con su primer grupo llamado Real de 14.

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A él le debemos pasajes luminosos de la lírica blusera: Puedo estar, sin trabajo en la ciudad. Puedo estar, sin trabajo en la ciudad, pero nunca me verás, un minuto sin tocar. Puedo andar sin una pizca de luz, sin una luz andaré, pero nunca sin un blues. Deja que la tarde, se derrita en hilos, y la luz helada, de un poste te siga. Caminar llorando, luego de un arresto, y la soledad como un perro atrás…Quizá pocas veces la poesía se haya incrustado de manera tan atinada, y tan delicada, en una armonía de blues como en “Azul”, su mejor declaración de principios, un manifiesto popular que se refrenda y se firma constantemente en favor de José Cruz (y de ahí pa´l) Real:

Azul… azul
y en sus ojos refleja un hilillo de luz
su vestido bordado de noche
el cigarro encendido en un beso carnal
una copa de vino
una lágrima rota que rueda al final.

Azul… azul
una música lenta y azul
recargada en la tibia quimera
despidiendo un anhelo que va en autobús
un rasguño en la media
navegando la espera
la viuda del blues.

Azul… azul
y una voz que entristece al cantar
reteniendo en su lecho las sombras
esas sombras que besan y luego se van
una fotografía
una línea en la mano
que quiere borrar…

Vale la pena que los amables lectores consulten nuevamente las 101 Grandes Canciones del Blues en Español, que a partir del ejemplar de septiembre de 2011 publicamos en varias entregas, pues con seguridad encontrará sorpresas agradables al repasar la obra de muchas bandas y solistas, algunos conocidos, otros no tanto, todos ellos hermanados por su amor por el blues y el deseo de comunicar ideas, tales como Guillermo Briseño, La Rambla, Three Souls in My Mind, Solaris Blue, Mind Lagunas, Follaje, Tere Estrada, Betsy Pecanins, Hot Jam, El Gato Callejero, Pappo, Fede Aguado, Juan Hernández, Miguel de Oca, Serpiente Elástica, Vuelo Libre, Fart Blues, Callejón Azul y muchos otros. Es importante resaltar otras características y otros exponentes.

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Conocido también como Lucky Luciano o el Vampiro de Tacuba, Luciano Hidalgo es la reencarnación actual de los juglares de antaño, los songsters románticos que poseían un repertorio suficiente para hechizar a su auditorio, gracias a un cúmulo importante de historias y de finos rasgueos de lira. Luciano es espléndido en el plano eléctrico, pero brilla todavía más en el aspecto semi acústico, magnificado apenas por una pastilla disimulada. Además, como compositor y generador de crónicas, Luciano es notabilísimo. En su repertorio tiene algunas gemas, como “Bueno para nada” que grabó a mediados de los noventa en compañía de Follaje, con un slide muy efectivo, y otra pieza muy rara en la que incorpora el clavinete llamada “Vivir el blues”, que al menos en la versión que me gusta, en cassette, podría hacer las delicias de cualquier compañía dedicada a la World Music. En “Tengo una razón” se sincera:

Me dicen vago, no me preocupa la vida
Me dicen briago, cualquier trago me da igual
Sólo me gusta escuchar blues, y a nadie le hago mal
Sólo me gusta tocar blues, y a nadie le hago mal.

Ando sin rumbo, como barco sin timón
No tengo credo, solamente creo en mí
Me encantan los placeres, sí, Nunca me puedo reprimir
Me encantan los placeres, sí, Nunca me quiero reprimir.

Yo siempre apuesto, y no me importa perder
A veces gano, nada parece suceder
La vida suele ser así, no lo podemos entender
La vida suele ser así, no lo podemos entender.

Gozo un buen trago, también una buena cena
Disfruto un blues, tanto como un buen sueñito
Me encanta una rica hembrita, siempre que me deje hacer
Me encanta una rica hembrita, siempre que me deje hacer.

No creo que importe, pero tengo una razón
Nada es seguro, a excepción de nuestro fin
Por tanto nada es tan serio, para ser tomado así
Por tanto nada es tan serio, para ser tomado así.

Quizá en otros países se pueda vivir del blues, en México no hemos llegado a tales conquistas. Al igual que sucede con el mundo del arte en términos generales, la música subterránea batalla, no digamos para darse a conocer, sino para subsistir. Si tomamos como parámetro lo marginal que puede ser el mundo del rock, el mundo del blues lo es todavía más. La lucha por destacar es ardua, casi siempre individual. Las conquistas se dan a base de mucho trabajo, de sortear dificultades, de romperse el alma y el seso. Pero a final de cuentas esa es la materia de la cual se nutre un blusero para adquirir experiencia. En un porcentaje muy elevado, el blusero mexicano tiene trabajos adicionales que le permiten contar con bases económicas estables para desempeñar, en otros momentos, sus aptitudes musicales, tanto en hombres como mujeres. “En México podemos vivir por el blues pero no podemos vivir del blues”, aunque pueden existir excepciones. Al final del camino, nos queda solamente la vida, con sus triunfos y fracasos, con sus amores.

En “Eres tú sólo blues”, de La Rambla, se resume buena parte del espíritu comentado líneas arriba:

Me he dado cuenta, de lo que eres para mí,
Me he dado cuenta, de lo que eres para mí,
Que no eres cualquier cosa, pues no sería nada sin ti.

Porque alejas tú mis penas, y me haces razonar,
Porque alejas tú mis penas, y me haces razonar,
Por la forma en que te expresas, tú me haces analizar… yeh… yeh.

Las cosas tristes de la vida, que tenemos que aguantar,
Las cosas tristes de la vida, que tenemos que aguantar,
Es algo difícil, que debemos soportar.

Me he dado cuenta, de lo que eres para mí,
Me he dado cuenta, de lo que eres para mí,
Que no eres cualquier cosa, Eres tú… sólo blues.

Comentar la realidad y su circunstancia, de manera jocosa o seria, poética o directa, sensual o sexual, son apenas algunos atisbos de un universo mucho más complejo que constituye el blues en castellano, nuestros grupos están allí, levantando la mano, pues como comentan Alfonso Robledo y Emiliano Juárez, en su paso por el grupo Mind Lagunas:

Si pudieras ver mi mente, encontrarías tu nombre escrito en cada rincón
Si pudieras ver mi mente, encontrarías tu nombre escrito en cada rincón
Dejaría de ser el pasajero, el costal del viejo acero del tren del desamor.

Te he buscado en las cenizas, te he buscado en el dolor
Te he buscado tanto tiempo, que no sé a dónde voy
Mi vida sin ti no es nada, ya no tiene dirección
Hoy esculco en mis recuerdos,  mientras cuento los inviernos, que no te he podido ver.

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* 101 Grandes Canciones del Blues en Español, fue un trabajo ideado y ejecutado por José Luis García Fernández y Luis Eduardo Alcántara, con el valioso apoyo de los integrantes del Staff de Cultura Blues.

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