Tiempo de Blues. La emoción se fue…

Con la muerte de B.B. King (1925/2015), una época terminó. Había que esperar que el tumulto de las notas periodísticas sobre el fallecimiento del más famoso de todos los bluesman se asentaran para poder incorporar el “after” de un concierto que duró más de siete décadas, No hay más, el último de los músicos fundamentales de la tradición del blues no volverá a tocar las notas esenciales que llegaron desde la lejana África en los barcos cargados de esclavos. En sus orígenes desde las plantaciones del delta del Mississippi, el blues fue la raíz de la música popular de norteamérica: del jazz al bluegrass, del góspel al rocanrol, y del rhythm and blues al hip hop.

Dos son los pilares de la catedral que es el blues, hay un antes y un después de cada uno de estos pilares: Robert Johnson del que sólo se conocen dos fotos y dos discos grabados a finales de los años 30, y que en un cruce de caminos -contaba- le vendió su alma al diablo y el Blues Boy de la calle Beale, que salvó su guitarra de un incendio y la bautizó como Lucille; ambos crearon la leyenda, el mito y la realidad de este género.

En el caso de Robert Johnson, pasaron 50 años cuando se le otorga por su obra un Grammy póstumo, en el caso del Blues Boy los reconocimientos fueron en vida, recibió 15 Grammys, doctorados Honoris Causa, tocar en la Casa Blanca e inumerables premios y reconocimientos, de Robert Johnson se dice que murió envenenado y las hijas del Blues Boy han acusado a su manager LaVene Toney y a Myron Johnson de haber envenenado a su padre. Este es un cuento sorprendente.

Primera llamada

Había una vez en el Reino gemidor y ronco del blues tres monarcas con el mismo apellido… King; los tres eran magos pulsando sus guitarras, los tres cambiaron y sacudieron al blues tradicional.

El más pequeño de los tres se llamó Freddie conocido como Texas Cannonball y dejó su reino en el año de 1976 con apenas 42 años. El segundo Rey se llamaba Albert del mero Mississippi y su reino fue conocido con el lema: Born Under a Bad Sign, ingresa al Salón de la Fama y con un Grammy bajo el brazo, se retira en 1992 con más de 40 discos en su haber, tenía 69 años el Big Bro del Blues como lo llamó el tercer monarca. El tercero era Riley King bautizado después por un humilde apodo: Blues Boy  en una emisora de radio, mismo que se acortó a B.B. King. Al igual que los niños afroamericanos de su región pizcó algodón y cantaba espirituales en el coro de la iglesia.

Resultó ser el más longevo de los tres, pasó a retirarse (en contra de su voluntad seguramente), el 14 de mayo del 2015 a los 89 años. La vida del Blues Boy es una calca al carbón (sin ironías), a la de cientos de músicos del Profundo Sur quién escucha sus primeros shouts en una plantación algodonera en Itta Bena Mississippi en el año de 1925. Infancia triste marcada por el abandono del padre y la temprana muerte de la madre, muy joven viaja en busca de su pariente Bukka White protector y maestro quién le marca el camino a donde habría de encontrar su vellocino de oro, su Golden City de los cantos religiosos: la ciudad de Memphis.

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Segunda llamada

Sus más significativas influencias las tuvo de ambas orillas: la del blues y la del jazz: T-Bone Walker y Lonnie Johnson al lado de Charlie Christian y Django Reinhardt que confirman que las tempranas inspiraciones son fundamentales en la evolución de un músico. En 1948 pasó cerca de un año aprendiendo la guitarra con su tío Bukka White, pero el sonido del slide no lo lograba y desarrolla una técnica muy personal para reproducirlo que le daría esa marca tan particular al sonido de su guitarra. Mientras tanto el Blues Boy se gana el pan como músico callejero otras anunciando el jarabe Peptikon en la WDIA estación de radio que le permitió tener su propio programa, al igual que Robert Johnson y su pacto con satán, B.B. King crea su propia leyenda con Lucille, nombre con el que bautiza a la guitarra que un día rescató de un incendio provocado por dos hombres que se disputaban los favores de una dama con ese nombre, desde entonces pasaron por sus manos tantas Lucilles como amantes, en el año de 1959 descubre la Gibson ES-355. Es como encontrar a tu esposa comentó. No hubo matrimonio más fiel y como símbolo de reconocimiento, Rodd el hijo de Bobby Bland en el second line improvisado en Memphis llevaba a Lucille en sus brazos presidiendo el desfile.

Entre varios éxitos, la canción compuesta por Rick Darrell y Roy Hawkins en 1951, The Thrill is Gone (La Emoción se Fue), fue su canción más conocida, su pieza emblemática grabada en el año de 1970. Estaba claro que B.B. King no quería ser un bluesmen más, su talento para fusionar el blues tradicional con el jazz y el rhythm & blues con el góspel,  lo llevó a formar una orquesta de 10 elementos pocas veces visto en el mundo del blues tradicional, pero además el Blues Boy tenía un olfato de empresario como pocos, o mejor dicho, ninguno como él. Su ruta estaba marcada, porque a pesar de que vivió  la segregación racial, ser testigo de linchamientos y vivir en condiciones deplorables, decidió cambiar las reglas del juego, mezcolanzas geniales y su aguzado olfato lo llevan a crear una empresa B.B. King y su orquesta de 10 elementos introduciendo la sección de viento que daría forma a los riffs con la inclusión de saxos para el blues.

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Tercera llamada

Su visión empresarial lo lleva a comprar un autobús (El Big Red), y se lanza en interminables giras por todo el país con todo y orquesta, que en un alarde de resistencia en el año de 1956 se presentaron en locales pequeños, estudios y conciertos durante 345 días un Récord Guinnes sin duda. En 1958, su autobús quedó destrozado tras chocar con un camión de gas, el seguro no se hizo responsable pues vencía dos días antes y  B.B. King se queda con una deuda de millones de dólares que le llevó años en saldar.

Su vida familiar no fue algo relevante pues se casó y divorció dos veces, tuvo 15 hijos -la mayoría fuera del matrimonio- y más de 50 nietos, “Ninguna mujer puede aguantar a un marido que anda de gira la mayor parte del año”, comentó en una ocasión, su vida y su pasión estaban en la música, tocando-acariciando a Lucille su mujer más fiel frente a públicos pequeños o en conciertos masivos, su vida estaba ahí, en el escenario. Sus mejores discos fueron, sin duda, las grabaciones en vivo, el de la prisión del Cook County que guardaba a los reos más peligrosos es histórica. Años después en un centro correccional de Gainesville, Florida, una de sus hijas, Patty, estuvo entre los reclusos durante su concierto, de la venta de sus discos y de sus presentaciones ganó -sin duda-, millones de dólares y que buena parte se quedaron en los casinos, era un jugador empedernido.

De su producción musical hubo de todo, buenos, excelentes y maravillosos discos al lado de grabaciones mediocres que poco o nada tenían que ver con el genio del Blues Boy, Matías Uribe en su Blog del 17 de mayo describe muy bien esa etapa; menos mal que después de aquella deficiente tanda de los 70-80, llegaron, “Blues Summit” y luego, en el 2000, “Riding With The King”, junto a Eric Clapton, con lo que, tras aquellos saltos atlánticos de los primeros sesenta de los músicos negros para tocar, o por mejor decir, acompañarse de pipiolos músicos británicos, se llegaba a la última y excelsa cumbre de unión de músicos blancos y negros, de maestros y discípulos.

Poco se sabía de los músicos que lo acompañaron, el más notable, fue sin duda, el líder de la banda por más de 30 años: James Bogaloo Bolden, que ahora inicia giras al frente de varios de los músicos que acompañaron a la leyenda. Hay más de cuatro B.B. King Blues Club en los E.U.A. que dejan pingües ganancias y de las regalías que siguen fluyendo surge una pregunta… ¿quiénes serán los beneficiarios de estos dividendos?

Llegó a donde se propuso y más… “la historia del blues fue construida poco a poco por miles de oscuros y desconocidos músicos que vivieron las más adversas condiciones de esclavitud, ya libres, sufren la segregación racial, la marginación y las más deplorables circunstancias sociales, desempleo y una larga lista de adversidades, que continúan en nuestros días”*, de entre estos anónimos creadores surgen verdaderas leyendas del género que marcaron otros senderos para la música popular de Norteamérica. B.B. King logró lo que ninguno, en lo artístico, en lo musical y como hombre de negocios. Gran parte del mundo supo del blues gracias a ese pequeño niño descalzo de Mississippi apodado Blues Boy.

* La iglesia Mount Zion African Methodist Episcopal Church (Carolina del Sur) fue pasto de las llamas, convirtiéndose en la séptima iglesia vinculada a la comunidad negra que arde en las últimas dos semanas en el sur de Estados Unidos.

Sesame Street, B. B. King: The Letter

Por: Raúl de la Rosa

delarosa_raul@hotmail.com

Fotos y video: http://www.bbking.com

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