Las descargas eléctricas de Billy Boy Arnold

Con profundo reconocimiento para Betsy Pecanins

Existen blusistas que siempre se escuchan jóvenes, no importa que hayan nacido en 1935 o que algunos de sus temas sean antiguos hits en circuitos como el rock, sin que las mayorías sepan de dónde diablos vienen o quién las inventó realmente. Esa es la cualidad de William Arnold mejor conocido como “Billy Boy”, un estilista de la armónica, guitarrista a veces, largirucho, cantante bien entonado y con una serie de composiciones que, no por ser estándar, dejan de ser importantes y además éxitos rotundos en las distintas épocas en que aparecieron. Es una leyenda viviente que gusta de reinventarse de vez en cuando y asestar también algunas sorpresas.

En esta ocasión voy a comentar un álbum que yo considero indispensable, así como anécdotas referentes a la trayectoria del Billy Boy, sin duda, figura rutilante del blues moderno del Chicago de los años 60 pero con plena vigencia hoy en día, recuerden que apenas en el 2014 fue nominado para el Blues Music Award en la categoría del Mejor Artista de Música Tradicional. Quizá muchos de ustedes conozcan el disco en cuestión, se titula “Checkin´It Out” (Red Lightning. The London Sesions), y el grupo base que acompaña al armonicista es nada menos que los Ground Hogs, liderado por Tony McPhee, legendario guitarrista inglés.

Resulta que a lo largo de los años setenta Billy Boy realizó una serie de presentaciones en Europa debido a que era muy conocido allá por temas de su inspiración que, tiempo atrás, habían sido grabado por bandas blancas de mucho renombre. El ejemplo perfecto es I wish you would en la versión de los Yardbirds que fue un verdadero cañonazo. Con el bagaje que le permitían álbumes redondos hecho para Vee Jay y Prestige, Arnold participaba lo mismo en festivales que en sesiones de radio para la BBC, en donde se cocinó la idea de producir un álbum recopilatorio de su obra, pero con versiones actualizadas y poderosas a cargo de Tony McPhee, un sobreviviente de la época de “los titanes de la guitarra”, con un camino similar al que emprendieron Alvin Lee, Eric Clapton o Peter Green.

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Bajo la producción de Peter Shertzer se reunieron de buen modo Tony S. McPhee en las guitarras, Alan Fish en el bajo, Wilgur Campbell a la batería y Billy Boy Arnold en vocales y armónica, en octubre de 1977 para darse a la tarea de grabar una placa ejemplar cuidada hasta en el más mínimo detalle, basta con admirar la hermosa cubierta original dibujada por Brian Arthur Robins, o los datos y fotografías del interior bajo la supervisión de Sylvia Pitcher. La vorágine se desata desde el primer corte y no da tregua nunca. A veces concede un remanso de quietud con la aparición de temas como “Blue and lonesome“, “Just got to know“, o “1-2-99“, pero lo demás es un ramalazo sónico de buen ritmo y mejor ejecución.

Aquí cabe hacer una pregunta ¿lo que escuchamos en este disco es blues rock en el sentido estricto? Y la respuesta es sí, pero ojo, es sobre todo blues. Blues, pero con un acompañamiento denso, rasposo, eléctrico y dosificado, no es la distorsión llana y simple. Porque siendo sinceros existen otras bandas cuyo sonido es el rock y enseguida viene el blues, y a veces ni eso -de blues sólo queda la etiqueta- por lo que ostentan una categoría que en realidad no les pertenece.

Aquí no es el caso. “Dirty mother fuyer” y “Don’t stay out all night” son primas hermanas, piezas truculentas y cien por ciento bailables. En estos primeros cortes Billy Boy adelanta los rasgos que bañarán la obra. Su voz es tenue, casi rozando el micrófono, inexpresiva si se quiere porque él desea que brillen por encima de las escuetas frases su armónica cortante y las puntillosas guitarras. Como cité antes hay también melodías calmadas, me gusta especialmente “1-2-99” ideal para bailarse en la pista de un bar a oscuras, cuerpo a cuerpo con la pareja de la noche.

Para algunos “Catfish” es la pieza redentora. Razones sobran. Las opiniones giran desde que es la mejor versión desde aquella obra original grabada por Robert Petway en los años cuarenta, hasta que apenas hizo bien Red Lightning en vender los derechos para que otras compañías reeditaran el trabajo con el nombre, precisamente de la pegajosa “Catfish“. Particularmente creo que es una exageración, estoy seguro de que hay versiones más interesantes, pero no dejo de aceptar que el ritmo punzante y acelerado que imprimieron los Ground Hogs, le confiere un sesgo hipnótico que Arnold canalizó perfectamente con su agridulce estilo.

Eldorado cadillac” es un tema muy socorrido entre bandas de cualquier latitud, inclusive los hermanos Ford la interpretan a menudo. Arnold la retoma siguiendo los patrones tradicionales, aunque con un arreglo interesante de McPhee, que no interfiere con los solos siempre precisos de la armónica marine band de diez orificios. Mismo caso de “Just a dream“, la célebre composición de Big Bill Broonzy que es respetada en lo fundamental pues no hay alardeos inutiles ni sonidos que estén de más. Sólo ritmo lento y machacón.

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I wish you would” merece mención especial por ser un clásico en el mejor sentido del término. Arnold alcanzó la gloria blusera con este añejo hit, y bien pudo echarse a dormir en la hamaca con la satisfacción de que las generaciones siguientes lo recordarían por este simple hecho. No fue el caso. Ha seguido vigente, actuando y grabando, con el compromiso de incluirlo en cuanto concierto o espacio de grabación consigue. La versión del disco que hoy comentamos es quizá el momento cumbre. Ahora sí estamos en presencia de blues rock en amplitud gloriosa, devastadora y adictiva. Quien la escucha queda arrobado, la pirotecnia de sonidos es total, armónica y guitarras en aquelarre alrededor de fogata telúrica. Es probable que los Red Devils hayan nacido al escucharla, es probable que Lester Butler cogiera una diatónica buscando emular el sonido “Arnold”, pero la parca dijo nones, sólo un ratito querido amigo y luego metió güadañazo. No importa, los humanos se van, las obras permanecen.

Y la obra de marras no tiene desperdicio, menos en los temas restantes: “Ah’w baby“, “Sweet miss bea“, “Riding the el“, “Christmas time“, el bombardeo de rhythm and blues sigue su curso, lanza proyectibles y a cambio recibe aplausos. Los Ground Hogs y su gurú de ébano se pasaron de listos, armaron un discazo para la posteridad. Dos canciones cierran la audición con la misma descarga eléctrica del principio: “It’s great to be rich” y “Mary Bernice“, endiabladamente bailables, endiabladamente buenas. Cerrojazo de oro. “Checkin’ It Out” suena tan joven como cuando comenzó a venderse en el lejano 1979. Blues moderno, atemporal. Es música para hacerla detonar a la cuenta de tres. Y lo mejor, ya existen reediciones en cd, quizá la más decorosa sea la del sello Sequel, pues incluye la portadilla original lista para desdoblarse.

Don’t Stay Out All Night Long – Billy Boy Arnold:

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