Primer Festival de Blues. 1978

Programa

JOHN LEE HOOKER Y SU “COAST TO COAST BLUES BAND”
WILLIE DIXON Y “CHICAGO BLUES ALLSTARS”
“JIMMY ROGERS BLUES BAND” CON “BIG” WALTER HORTON

Sala Nezahualcóyotl de la UNAM – octubre 12, 14 y 15 de 1978
Teatro Ferrocarrilero – octubre 13 de 1978


 

John Lee Hooker, se “robó” el Primer Festival en la Nezahualcóyotl

Hay experiencias en la vida que dejan marcada una existencia, como presenciar un explosivo concierto de blues, como el celebrado en el lejano 1978, los días 12, 14 y 15 de octubre en la Sala de Conciertos Nezahualcóyotl, y el 13 en el Teatro del Ferrocarrilero, cuando se verificó el primer festival de blues en nuestra ciudad de México.

Escuchar las notas de la inigualable armónica soplada y aspirada por “Big” Walter Horton con la banda de Jimmy Rogers, fue como la introducción tenue y azulada a la atmósfera mágica del más genuino blues producido por verdaderos maestros.

Sunnyland Slim

Después de esto conocer la figura descomunal, tanto física como talentosa de Willie Dixon al verlo en el escenario con su contrabajo; el piano de Sunnyland Slim y la armónica de Billy Branch, confirmaron lo que hasta ese momento ignoraba: el blues no tenía parangón con lo que había escuchado en discos y cintas de grupos ingleses y americanos, que en estos registros incluían algunos temas de rhythm and blues.

Pero lo que fue verdaderamente descomunal aquel memorable día, fue la participación de John Lee Hooker, portador de una arrogante presencia en el escenario con sus pasos lentos y firmes, la guitarra bajo el brazo y sentarse de frente al público y proferir con voz y guitarra notas como cataratas eléctricas que recorrían la espina dorsal y acalambrar cada músculo y poro de nuestros entonces juveniles físicos.

Su participación inició parsimoniosa como preparando un rito ancestral africano, con su voz áspera y a la vez delicada, fusión que sólo se encontraba en las cuerdas vocales de este singular músico de piel oscura.

Cuando se adentró en su especialidad que era el boogie el ritmo subió de tono y velocidad, el ritual milenario de momento se volvió salvaje, John Lee ya no era un músico terrenal, sino una especie de nahual que hechizaba al público y lo hacía salir de sí y celebrar un ejercicio catártico donde no existía diferencia alguna entre el público, sólo reinaba la comunión con el blues más bestial jamás escuchado en directo en nuestro país.

     Raúl De la Rosa y John Lee Hooker

Hooker literalmente aullaba, berreaba, gruñía, gesticulaba, sudaba, brincaba poseído por un centenar de pingos oscuros e invocaba deidades paganas, se contorsionaba ante el espasmo de su tribu de mexicas en un sincretismo inédito y avasallador.

De pronto quería escabullirse, pues su energía parecía llegar al límite, pero sus demonios externos (el público) lo devolvían con gritos, chiflidos y palmas, para continuar entregando su espíritu hecho música, el chamán parecía desfallecer sobre el entarimado, pero esa droga benéfica que es el blues le reanimaba cuerpo y alma para continuar con un rito de éxtasis y bárbaro (pues parecía habíamos retrocedido a la barbarie de la larga historia de la humanidad).

Varias veces pretendió romper el cerco imantado a fuerza de gravedad humana y no pudo franquearlo, el viejo chamán por momentos quedó rebasado por su séquito de seguidores profanos, pero nadie se atrevió a hurtarle un centímetro sobre el entarimado, los cientos de jóvenes respetaron hasta su salida a uno de los bluesman más entregados a lo largo de estos memorables festivales, el maestro John Lee Hooker.

Arturo Olvera Hernández

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