No cualquiera es un Don Juan

“Ese tipo es un Don Juan”, se acostumbra decir en México de aquel que persevera sin errar en sus conquistas amorosas. Lo mismo se dice de quien suele verse practicando el cortejo simultáneo con varias musas a la vez. Sin duda, esta alusión es un homenaje popular a la obra de José Zorrilla, Don Juan Tenorio.

Pero no hablaremos hoy de esa clase de don Juan, para decepción de algunos. Hoy vamos a referirnos a don Juan Matus, el personaje principal de una serie de libros entre los que se encuentran Las enseñanzas de Don Juan, Relatos de Poder, Viaje  a Ixtlán y Una realidad aparte, actualmente reeditados por el Fondo de Cultura Económica. En estos libros, se plantean dos ideas principales: el conocimiento interior y la experiencia de estados mentales alterados mediante el uso de plantas alucinógenas.

El personaje principal (el mismo autor, Carlos Castaneda) es guiado por un indígena Yaqui (a la manera de  Dante y Virgilio) por entre los diferentes mundos perceptibles mediante ejercicios y prácticas rigurosas. No es un manual de brujería, ni un catálogo de alucinógenos: es más bien un diario de viajes. Un método para buscar el conocimiento interno.

Tras enfrentarse a estos libros, surge siempre una duda: ¿Quién es Carlos Castaneda? ¿Narra hechos reales o imaginarios? ¿Es acaso una metáfora de la existencia? ¿O serán acaso las conclusiones de un minucioso estudio antropológico sobre las comunidades indígenas y su uso del peyote?

Mi primer contacto con la serie de Castaneda fue hace algunos años, en el lejano torreón del siglo XX. Recuerdo que, tras una intensa charla sobre el desierto y sus secretos, mi maestra y amiga Esther Zavala me regaló Las enseñanzas de Don Juan y lo dejé allí, como se dejan los libros que algún día habrán de leerse. Pasaron meses, hasta que un día lo tomé y empecé a hojearlo. Lo primero que me sorprendió fue que incluyera un texto introductorio de Octavio Paz. Un párrafo específico fue el aguijón que habría de hacerme leer no sólo Las enseñanzas de Don Juan, sino el resto de la obra de Castaneda en busca de mi propia respuesta. Cito al maestro Paz:

“Si los libros de Castaneda son una obra de ficción literaria, lo son de una manera muy extraña: su tema es la derrota de la antropología y la victoria de la magia; si son obras de antropología, su tema no puede ser lo menos: la venganza del objeto antropológico (un brujo) sobre el antropólogo hasta convertirlo en hechicero. Antiantropología.”

En la concepción tradicional, nosotros sabemos que El sargento Lituma es un personaje creado por un escritor llamado Mario Vargas Llosa, o que Pedro Páramo es un personaje imaginado por Juan Rulfo. Lo mismo puede decirse de Martín Santomé y Mario Benedetti, o de la relación  entre Aureliano Buendía y  el recién fallecido García Márquez.

Conocemos a los autores como constructores de mundos imaginarios. En el caso de Castaneda, esta relación no es tan clara: el autor es personaje al mismo tiempo y, al interactuar con otros personajes, parece dejarnos en claro que nada de lo dicho es imaginado. Personajes y situaciones son parte de una experiencia real, en la que el autor perdió el control frente a un mundo que le es desconocido por completo. Para mí, es en esos dos puntos donde radica el éxito de los libros de Castaneda:

a) No conocemos al autor (nunca dio entrevistas, ni conferencias de prensa, ni lecturas en público) lo que sin duda vincula a Carlos Castaneda (como autor y como personaje) al mundo metafísico y mágico del que habla en sus libros. Lo perceptible en el mundo cotidiano no es sino la fachada.

b) Escritos casi siempre en primera persona del singular, los textos de Castaneda logran transmitirnos su constante estado de sorpresa mientras que el control de la situación pasa a manos de don Juan. Así, el yo (Carlos Castaneda) se ve de pronto sustituido por el Yo (lector) que busca incluirse en la experiencia narrada.

Real o imaginario, hay una idea central que hace valiosa la propuesta de Castaneda: en sus libros, a través de don Juan Matus, el autor nos muestra que existe un mundo más allá de lo perceptible cotidianamente y que este universo no puede ser verificado por la ciencia.  No es filosofía barata.

Con sus relatos, Castaneda le regresa al ser humano aquello de mágico que le ha sido negado por el progreso de la modernidad y la razón utilitaria. Estos libros, ficciones o no, representan la necesaria reivindicación de las filosofías no occidentales, el reconocimiento simultáneo de la diversidad de mundos alternos que existen dentro de nosotros, como género y como individuos.

En pocas palabras, al quitar las trabas y el suelo firme de la lógica, las enseñanzas de don Juan expanden las posibilidades humanas casi hasta el infinito. Casi nada. Brindo por eso.

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