“Blues is not black”. Parte 1

La raza del ejecutante es irrelevante. Foto: B.B. King y Eric Clapton

El tema de la raza dentro del contexto del blues provoca controversia, en singular contraste con todos los otros tipos de música donde la raza del ejecutante es musicalmente irrelevante. La cuestión de las razas de los seres humanos, es un tema complicado que requiere sensibilidad e intentaré lograr unos textos que expresen claramente porque no es una consideración relevante para juzgar a un ejecutante del blues. Me parece muy importante intentarlo. No soy racista y el racismo me es ofensivo, además de estar claramente basado en estupideces.

Una motivación decisiva por querer escribir sobre este tema es que recientemente he leído comentarios que sugieren que ser latinoamericano era un defecto para un músico de blues, una afirmación completamente errónea y que además me indignó por su evidente malinchismo. No sólo esto, sino el reciente brote de violenta xenofobia y racismo en mi país natal en el contexto del referendo sobre el Brexit me inspira más aún a atacar al racismo en la forma que sea. Ha surgido un sentimiento antiinmigrante en el Reino Unido y el aumento en 500% de crímenes de odio desde el día del referendo me entristece enormemente.

Jamás voy a argumentar que el blues es algo que sólo pueden tocar los afroamericanos, ni que lo tocan mejor, ni que ‘el verdadero blues es de los negros.’ (En mi humilde opinión, yo toco blues, así que me estaría descalificando). Niego que el color de la piel es determinante para ser un bluesero de excelencia, tal como ser oriental es irrelevante para ser o no ser un músico clásico de excelencia. Hay tantos blueseros de primera línea que no son afroamericanos que me parece increíble que alguien estaría dispuesto a argumentar que el blues es algo que sólo los afroamericanos pueden hacer, pero sí hay. Intentar hacer una lista de estos músicos no afroamericanos sería un trabajo inacabable e incluiría instrumentistas y cantantes de todos los continentes del mundo.

Obviamente es indiscutible que el blues tuvo sus orígenes en el sur de los Estados Unidos y tomó forma entre los afroamericanos. Opinar que es mejor si se apega más a sus orígenes es un punto de vista que se puede discutir, pero en fin llega a ser una elección personal. (De todas formas, apostaría a que los que lo sostienen no pasan el tiempo apagando a Muddy Waters para escuchar a Charley Patton, quitando el disco de Howling Wolf para poner Blind Lemon Jefferson etc., siempre quitando blues más reciente para escuchar blues más antiguo). Pero suponer que existía una sociedad unida y homogénea de los afroamericanos al principio del siglo XX sería equivocado. Además, suponer que las raíces del blues eran exclusivamente africanas, no toma en cuenta las demás influencias que tuvo en sus primeros años, por ejemplo, la música folclórica europea/americana, ni las canciones de trabajo mismas que no eran exclusivamente de origen africano.

El tema de si los no-afroamericanos pueden tocar blues tiene una larga historia. Ya era tema durante el auge del blues en el Reino (todavía) Unido, aunque más bien enfatizando una situación económica en 1968; una de las canciones que toqué con mi primera banda, era esto:

Bonzo Dog Band – Can Blue Men Sing The Whites

La letra es una sátira de los que se hicieron millonarios con el blues, las famosas estrellas anglo-sajonas cuyas riquezas contrastaban tanto con la pobreza del sur de los Estados Unidos que era la cuna. (De la influencia de la pobreza, escribiré próximamente).

Piense lo que piense uno de esta situación, es un hecho que las fortunas de muchos de los músicos originales de blues cambiaron enormemente gracias a este auge en el Reino Unido y honestamente no siempre deliberadamente de parte de los ingleses.

Led Zeppelin –en las noticias actualmente y recientemente exonerados de haber copiado Stairway to Heaven–, no tuvieron la suerte de estar igualmente exonerados en el caso, por ejemplo, de un tema de Muddy Waters (el You Need Love de Willie Dixon o tal vez ¿Whole Lotta Love de Led Zeppelin?) o Bring It On Home–, que hicieron como tributo a Sonny Boy Williamson, pero que también era una canción de Willie Dixon.

De hecho, hay una página en Wikipedia dedicado al tema:  https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_Led_Zeppelin_songs_written_or_inspired_by_others

En circunstancias contrastantes, Jimmy Rogers (‘That’s All Right’, ‘Ludella’ etc.), había dejado la guitarra y se había dedicado a un negocio de ropa, pero regresó a la música y fue apoyado en su disco Blues Blues Blues por estrellas que le garantizaban una prensa atenta, Clapton, Taj Mahal, Mick Jagger y Keith Richards, Jimmy Page y Robert Plant (véase el párrafo anterior), y Stephen Stills.

La mezcla racial de este disco se repite en muchos otros ejemplos de discos o conciertos de blues. Siempre me ha gustado escuchar a Mick Jagger cantar con Muddy Waters, a Muddy Waters tocar con Johnnie Winter. En otro concierto, uno de mis favoritos solos de slide guitar es de Derek Trucks en el Hollywood Bowl con B. B. King, John Mayer y Susan Tedeschi. Otro ejemplo sería el concierto que le hicieron a Barack Obama en la Casa Blanca. Hay tantos ejemplos.

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Foto: Johnny Winter y Muddy Waters

Se argumenta a veces que la música es un producto cultural, pero en el fondo es siempre la obra de una persona, solo o en un colectivo, que forzosamente viven en una sociedad de la cual la cultura es uno de sus aspectos. El blues no es distinto a esto: lo que es notorio, es que se desarrolló en un contexto de racismo.

Considerar al blues y sus precursores como algo en el fondo ‘racial’, porque lo tocaron los afroamericanos es una noción muy superficial, pero así es el razonamiento de los racistas: francamente su manera de pensar es inherentemente floja y simplista. Lo que se puede ver les sirve de una explicación final y adecuada, sin pensar que la situación podría ser un poquitito más complicada. No llega a más que ‘Se ve distinto entonces esto es la explicación’.

Por supuesto, cuando tienen el mando están dispuestos a más de esto –si el grupo que quieren distinguir no se ve lo suficientemente distinto, entonces hay que ponerle etiquetas. Los Nazis en sus campos tenían un sistema con triángulos; para los judíos (dos triángulos amarillos superpuestos), los homosexuales (rosa) y los comunistas (rojo), los gitanos (negro o café), los minusválidos (negro) y los Testigos de Jehová (morado), etc.

El racismo sirve para separar, para identificar el ‘otro’ como enemigo o alguien a quien no le debo ni simpatía ni consideración. Se utiliza esta manera de definir al ‘otro’ para identificarse –en contraste– con la tribu. El ‘otro’ se deshumaniza (‘cucaracha’, ‘rata’ u otra cosa despreciable), y este es el lenguaje que da el antecedente al genocidio (Ruanda-Burundi), tortura (Chile, Argentina) o intento de exterminio (Alemania Nazi).

En el Reino Unido, lamentablemente hemos oído comentarios de este tipo recientemente aplicados a la gente huyendo de la destrucción de sus países, cruzando el Mediterráneo o huyendo de Siria. ‘Cucarachas’ (Katie Hopkins, The Sun, viernes, 17 abril 2015), los llamó ella en este periódico de circulación masiva (1.6 millones diarios en 2014), a la gente huyendo del norte de África.

En contraste, el blues ha proporcionado en muchas y repetidas ocasiones una arena donde los blueseros de diferentes orígenes y contextos pueden reunirse y disfrutar de sus distintas contribuciones en un ambiente de gran alegría y respeto mutuo, y esto es decir poco.

La música se aprende de manera directa o indirecta de músico a músico, sea la música de donde sea, y sea el medio que sea, de aprendizaje de videos, DVDs, CDs, YouTube o de enseñanzas particulares. Y así fue que se transmitió el blues, de persona a persona. Se puede notar esta transmisión de persona a persona en todas las biografías de los blueseros tempranos: que Robert Johnson aprendió de Son House y de su maestro de guitarra, Ike Zinnerman; que Big Bill Broonzy aprendió canciones espirituales de su tío Jerry Belcher y la guitarra de Papa Charlie Jackson; que Lightnin Hopkins conoció a Blind Lemon Jefferson (a la edad de 8), y aprendió de su primo Alger “Texas” Alexander; que Muddy Waters buscaba imitar a Robert Johnson y Son House; que la vida de Son House fue cambiada al escuchar a James McCoy o a Willie Wilson tocar slide guitar con el cuello de una botella; que John Lee Hooker aprendió la música para Boogie Chillen de su padrastro Will Moore, etc. etc.

 “El blues no distingue razas y cualquier ser

humano que se sienta solo, puede tocarlo y vivirlo. Además

a los blancos, hay que agradecerles que durante los años

sesenta se volcáran con esta música, mientras que los

jóvenes negros preferían escuchar otras músicas”

John Lee Hooker

Nada de esto surge de su ‘sangre’ o, como se dice hoy en día, de sus genes. Era y es transmisión directa de persona a persona, donde se aprenda uno del otro, en situaciones de la vida compartidas, a veces situaciones en donde la iglesia históricamente ha tenido un papel muy curioso y hasta contradictorio. Mientras se desaprobaba la música del diablo y los que cantaban los espirituales jamás cantarían el blues, de todas formas, repetidamente se encuentra la influencia de la iglesia en las historias de los músicos de blues.

De esto escribiré más en el mes entrante.

¡Saludos a todos!

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