Crudo eres y crudo seguirás: Raw Blues

La edición nacional en vinilo del estupendo disco Raw Blues, ofrece para los fanáticos el plus de contener dos temas extras del pianista Curtis Jones, cosa que no sucede, por ejemplo, en la edición gabacha. Este es apenas uno de los varios atractivos representativos del disco, el cual destaca básicamente por la estrecha colaboración que mantuvieron bluesistas afroamericanos con sus discípulos ingleses. No se trata del simple “palomazo” sino de una verdadera comunicación de intereses, de aspiraciones. La época cobijaba tan positivos proyectos: mediados de los sesenta, 1963-1966.

La semilla había quedado sembrada con las primeras presentaciones de los bluesmen negros en Europa, pero sobre todo por los covers y tributos que grupos como los Yardbirds o los Rolling Stones grababan tan frecuentemente. El gusto por el blues y el jazz había dejado de ser un placer subterráneo, medio snob, para convertirse, incluso, en una moda con visos comerciales.

Pero hablando particularmente de Raw Blues un factor alimentó el buen curso y las críticas positivas que registró: la explosión de los Bluesbreakers de John Mayall en el Reino Unido.

El gran productor Mike Vernon, con ese olfato tan exitoso como centrado, buscaba aprovechar al máximo dicho fenómeno musical. Él tendió los puentes necesarios en la Decca para juntar músicos y conseguir permisos de grabación. Así, aprovechando la visita de los bluesman en Europa, por ejemplo, logró insertar cuatro temas de Otis Spann sacados del set de grabaciones que el pianista había hecho para el sello inglés, justamente el 4 de mayo de 1964 en Londres.

A Champion Jack Dupree le armó una banda que incluía al propio Mayall (armónica) y a Clapton (requinto), mientras que en otros momentos alternó a Peter Green, Steve Winwood y por supuesto al ‘Mano Lenta’ y Mayall en temas raros que no serían tan accesibles en años posteriores.

La crudeza a la que se refiere el título del álbum, es posible advertirla particularmente en las canciones de los maestros estadunidenses. Los cuatro cortes de Otis Spann representan el tránsito de los campos agrícolas sureños a las ciudades industrializadas, con un sonido eléctrico nostálgico, pero a la vez vigoroso.

En el primero de ellos, Pretty girls and everywhere, podemos escuchar el requinto juguetón de Clapton dentro de una pieza 100% bailable. Sólo aquí aparece el ‘Mano Lenta’ pues en los otros registros emerge el slide fantasmagórico de Muddy Waters, amparado en esta ocasión con el mote de “Brother”. Los otros músicos son, Ransom Knowling, contrabajo, y Little Willie Smith, batería.

En la canción número dos de la cara B es posible advertir un error en el título pues no se llama My home is the desert, sino “is the delta“, una canción muy famosa dentro del repertorio de McKinley Morganfield, obra llena de sentimiento y de síncopa inquietante. Igual sucede con Country Boy, que es casi una declaración de principios para todos los exiliados de Mississippi. En You’re gonna need my help, apreciamos a Muddy cantando la segunda estrofa, mientras que el piano y el slide se desgarran de manera desatada en un ramalazo de dimensiones quasi divinas, con el cual termina el lado B.

Las dos canciones de Champion Jack Dupree, de 1966, persiguen el mismo espíritu. Una de ella es el clásico de Eddie Boyd, 24 Hours, mientras que la otra es puro sentimiento empezando con el título, Calcutta Blues. Como anotamos arriba, Mike Vernon le armó a Dupree -quien se hizo cargo de vocales y piano- una pequeña banda compuesta por John Mayall, armónica, Clapton, requinto, Tony McPhee, acompañamiento, Malcom Pool, bajo, y Keef Hartley, batería.

El resultado es sencillamente estremecedor. Igual de antológicas son las dos canciones de Curtis Jones: You got good bussiness y Roll me over, a la sazón las obras más antiguas del disco pues fueron grabadas el 11 de enero de 1963, temas pletóricos del mejor estilo barrelhouse. También es posible escuchar una lejana guitarra de fondo, pero en los créditos no se ofrecen mayores detalles del posible intérprete.

Mayall da rienda suelta a sus dotes pianísticas y sentido de improvisación en el alegre instrumental de 1966, Milkman Strut. Aunque en los créditos aparece su nombre, en realidad la base del tema está inspirado en el clásico Cow Cow Blues de Charles Edward Davenport. Como buen amante de las raíces del género, Mayall lo escuchó con atención para después efectuar un arreglo con aires cantinescos, cautivantes. El mismo John en solitario se hace cargo de otro tema: Burn out your blind eyes, con un delicado sonido semi acústico arrancado de alguna de sus guitarras Gibson. Dicho tema, pasa como un buen ejemplo folk de alguien que sentía verdadera admiración por gente como J.B. Lenoir.

El dueto Mayall-Clapton es el pivote de dos gemas antagónicas: Lonely years y Bernard Jenkins. La primera pretende emular aquellos lejanos binomios acústicos de gente como Sonny Terry y Brownie McGhee, o Sleepy John y Hammie Nixon, pero al adaptarlos con la pastilla eléctrica y con el micrófono pegado a la Marine Band, el sonido áspero y machacante de la ciudad ofrece un matiz distinto. Bernard Jenkins representa el polo opuesto: el instrumental entre piano y requinto, pero en modo boogie-woogie, 100% accesible y citadino.

Aquí Clapton ya dominaba por completo los riffs del blues moderno, mientras que Mayall era el acompañante idóneo por sus conocimientos en la vasta escala de teclas negras y blancas. Ambos temas fueron colocados al principio en un raro EP de 45 rpm grabado en 1965: Purdah Records (#45-3502). Otra rareza la constituye el breve y oscuro tema instrumental Long Night, un año después, llevando en primer término el órgano psicodélico de Steve Winwood -aquí lo llaman Steve Anglo-, y atrasito, marcando los tiempos, el bajo de John McVie y la batería de Aynsley Dunbar.

La cereza en el pastel es otra obra tranquila, fina y ligeramente sombría: Evil Woman Blues, de Peter Green. Pertenece a las sesiones de A Hard Road, en donde el llamado “Curly” daría el salto definitivo a la fama tras suplir a Clapton en los Bluesbreakers. Se trata nuevamente de un dueto entre piano -Mayall- y requinto penetrante, imaginativo. La voz de Green es dulce, pero en momentos deviene urgencia, la guitarra flota como entre agujas en los 12 compases tradicionales. Una canción para escucharse a la pálida sombra del anochecer, cuando el amor no correspondido arremete contra las fibras estremecidas del corazón, como lo hace enterito este disco sesentero de blues crudo, sin adornos.

Otis Spann – Pretty girls and everywhere

 

John Mayall & Eric Clapton – Bernard Jenkins

Champion Jack Dupree – Calcutta Blues

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