Charla con Alex Benavente
Alex Benavente es un músico de formación autodidacta. Su trayectoria ha sido intermitente, pero llena de aprendizaje. Su primer proyecto fue la banda de punk The Mads, y su etapa más seria comenzó en 2023, cuando inició su proyecto solista como cantautor de blues acústico y folk. Se ha presentado en diversos festivales y eventos a nivel nacional en ciudades como CDMX, Torreón, Saltillo y su natal Durango. Desde el año pasado forma parte de Dgo Blues Band, donde ha encontrado una auténtica escuela y un hogar musical.
¿Cómo se autodescribe Alex Benavente?
Antes que cualquier otra cosa, me considero un aprendiz. Soy alguien que ama profundamente la vida y que busca vivirla siempre conscientemente y de la mejor forma posible: con prudencia, con respeto y saboreando cada experiencia que ella me regala, tanto las dulces como las amargas, porque ambas son parte de ella. Es precisamente por esto, que la música ocupa un lugar tan importante en mi existencia. Para mí, la música es una compañera que alegra el corazón, embellece la vida y alimenta el alma, es una forma de abrazar la vida, de entenderla y disfrutarla.
¿Desde cuándo y cómo es que se dio tu interés por la música?
Mi encuentro con la música se dio desde niño. Ella le dio un sentido nuevo a mi mundo, pero también, de alguna manera, la música me encontró a mí, un apasionado suyo que, sin saberlo, empezaba a abrirle un espacio en su vida, un espacio que con los años se volvió más grande y más profundo. En mi familia no hubo personajes particularmente dedicados a esta disciplina, ni albaceas del buen gusto musical, aunque sí fue un camino apenas explorado y luego abandonado por mi papá y por mi hermana mayor, quienes en su momento tocaron la guitarra y el órgano.
Aun así, siempre estuvo presente en mi hogar como algo que alegraba los días de mi familia. Crecí escuchando los gustos musicales de mis padres y a mi hermana practicar piezas en el órgano que llenaban nuestra casa de calidez y algo de nostalgia también. Ese ambiente sembró en mí un gusto que fue creciendo y transformándose con el tiempo.
Ya en la adolescencia, como muchos jóvenes curiosos e inconformes, me interesé por ideas de cambio social (intereses que más tarde también me llevaron a escoger la carrera de filosofía para mi formación académica), de forma que luego me identifiqué con una música que empatara con esa actitud ante la vida. Así surgió mi gusto por el Punk del que, aunque me gustó en casi todas sus presentaciones, sabores y colores, me atrajo especialmente el inglés y neoyorquino de la generación del 77, con ese toque cercano al heavy rock y esos destellos que recordaban a Chuck Berry o a los Rolling Stones. El Punk fue mi primera identidad musical definida.
Con el Punk descubrí el poder de la música para comunicar ideas, emociones y hasta rebeldías. Esto me marcó de por vida, descubrir ese poder en la música. Esa necesidad de expresar lo que sentía, sumada al deseo de escapar un poco de una realidad que a veces me incomodaba, me llevó a buscar en la música un refugio.
Como ya tenía un cierto interés en ella (la música), una Navidad recibí mi primera guitarra eléctrica como regalo de parte de mis padres y fue así como conformé mi primera banda de la adolescencia junto a algunos amigos de la secundaria. Aunque era todavía muy jovencito, fue con estas experiencias que tuve un primer acercamiento real a la música como un camino propio, como una forma auténtica de expresarme.
Platícanos de tu encuentro con la guitarra y con el blues.
Curiosamente, mi primer encuentro con la guitarra fue medio accidental. Mi hermana, que ya tenía cierta familiaridad con la música, tomó un curso de verano en la Casa de Cultura del pueblo donde vivíamos y para ello mis padres le compraron una guitarra acústica (bastante fea, por cierto, jaja). Con el tiempo, aquel instrumento quedó abandonado en la casa, incluso incompleto, sin cuerdas. Un día la tomé por simple curiosidad. No sabía que estaba sosteniendo el que sería uno de los grandes amores de mi vida (quizá así se descubren los amores verdaderos, sin saber que lo son).
Aunque no tenía idea de cómo tocarla, ni siquiera si estaba afinada, comencé a experimentar, a hacer ruido, a buscar sonidos. Un día mi papá me vio, y como él había aprendido un poco de guitarra, me enseñó mi primera melodía, recuerdo bien que era la parte inicial de Jinetes en el Viento. Así comenzó mi relación con la guitarra: como un objeto curioso que hacía sonidos, pero que ya me ofrecía diversión, refugio y un tipo de disfrute que no había encontrado en ninguna otra parte.
Con los años, ya en la pubertad, el interés creció. Mi papá me regaló una guitarra acústica muy sencilla (cuyo cascarón aún conservo) y tomé algunas clases en la Casa de Cultura de mi pueblo como iniciación. Ese fue mi primer acercamiento un poco más serio con el instrumento porque cambié los balones de futbol o de basquetbol por la guitarra, comenzaba a saber qué era lo que realmente quería hacer en esta vida. Mientras mis amigos del rancho jugaban futbol o andaban en bicicleta, yo prefería quedarme tocando en mis aburridas clases de guitarra en la Casa de la Cultura… jajaja.
Ahora bien, el blues, por curioso que suene, llegó a mí también a través del Punk. Tendría algunos 20 años cuando escuchaba mucho a los New York Dolls y a los Heartbreakers, y el sonido agridulce y energético de la guitarra de Johnny Thunders me atrapó. De él pasé a los Rolling Stones, de los Stones a Chuck Berry, y de Chuck Berry llegué a Freddy King, B.B. King, Albert Collins… y ahí, el resto es historia.
Así, cuando llega a mi vida, como parte de un proceso de exploración musical, el blues y su mística me capturaron por completo. Me enamoré. Fue como coincidir con espíritus solitarios que sentí cercanos y similares al mío. Tan fuerte fue el impacto que rápido quise aprender a tocar y expresarme como ellos, orientando mis pocos conocimientos de la guitarra hacia hacia ese lenguaje que en ese momento quizá no entendía muy bien pero que me atrapaba por completo.
En ese tiempo, aunque yo ya residía en CDMX, tenía una banda de punk medianamente seria con mis amigos en Durango (la banda se llamaba The Mads), pero la música aún no era una actividad tan importante para mí pues mi prioridad era mi formación académica en la carrera de filosofía. Sin embargo, encontrarme solo en casa después de aquellas tediosas y largas jornadas de estudio de filosofía, servirme un trago y poner un disco de B.B. King para luego improvisar torpemente sobre una pista de blues, me daba un placer indescriptible. Era un momento íntimo, de compañía conmigo mismo, de catarsis.
Así, como estudiante foráneo en la CDMX, el blues se convirtió en la banda sonora de mis días. El blues me acompañó en mis horas de estudio, me desestresaba, me sostenía. Apenas sabía un par de cosas en la guitarra, pero poco a poco creció en mí el deseo por mejorar, de tocar con una intención cada vez más bluesera. Este fue más o menos mi primer encuentro con el blues como un descubrimiento muy íntimo y emocional.

¿Quiénes fueron tus primeros ídolos musicales?
El primer ídolo musical que tuve, en el sentido profundo de admiración y de querer imitar su estilo, fue Johnny Thunders. Vale la pena detenerse un momento en él, porque algunas personas ya han manifestado cierto interés de cómo sucedió la transición del punk al blues en mi vida ya que, en apariencia (pero quizá solo en apariencia) son géneros muy distintos, y Johnny Thunders es justamente la clave de esa transición.
Su estilo para tocar era único, lleno de actitud, sensibilidad y energía. Para mí, es el guitarrista que le dio identidad sonora a las guitarras del punk clásico y su influencia se escucha claramente en muchas bandas clásicas de la escena inglesa, como los Sex Pistols, Slaughter & the Dogs, etc. Su trabajo tanto con los New York Dolls como con los Heartbreakers es, para mí, un puente natural entre el punk y los estilos más tradicionales como el rock clásico y el heavy rock y, de ahí al blues, el camino ya es muy claro.
En menor medida, también admiré a Joe Strummer de The Clash y a Tim Armstrong de Rancid. Ambos por su capacidad para componer, para conectar con la juventud de sus tiempos y para decir algo con su música. Ellos reforzaron mi idea de la música como una herramienta de expresión.
Dentro del blues, mis primeros ídolos fueron tres gigantes texanos: Freddy King, Johnny Winter y Stevie Ray Vaughan. Recuerdo haber comprado mis primeros discos pirata en el Chopo, siguiendo recomendaciones de los vendedores, y esos fueron los nombres que llegaron a mis manos.
Escuché Texas Flood de Stevie Ray Vaughan hasta el cansancio. Su forma de tocar, tan nítida, tan potente, tan rápida, me atrapó como les ha pasado a miles. De Freddy King escuché el álbum de Getting Ready (¡Se los recomiendo ampliamente, por cierto!) que, aunque en la guitarra era de un estilo menos complejo que el de Stevie, me impactó por su voz y por la energía que imprimía en cada tema que se sentía auténtico hasta el tuétano. En ese álbum ese escuché una de mis versiones favoritas de Key to the Highway, uno de mis temas de blues clásico favoritos.
De Johnny Winter no recuerdo exactamente cuál fue el primer disco que escuché, pero sí recuerdo la impresión que me dejó ya que, de los tres, es quizá el que más sigo admirando hasta hoy siendo yo creo que mi guitarrista y artista de blues favorito. Esto porque lo considero un guitarrista completísimo, un vocalista subestimado, un músico capaz de transmitir ese feeling crudo, visceral, que solo algunos logran. Su estilo, tanto eléctrico como acústico, sigue siendo una referencia para mí.
Fue por Johnny Winter que el estilo acústico del blues llamó mi atención y que decidí sumergirme en ese mundo tan vasto (del blues acústico) que hoy es la referencia de mi trabajo como solista. Este gusto por el blues texano quizá venía de esa energía que yo ya traía del punk, de ese impulso por sentir ritmos más rápidos, intensos y potentes. De alguna manera, el blues texano me ofreció la misma fuerza, pero con una profundidad distinta, más emocional. En fin, estos fueron mis primeros ídolos musicales, los que sin duda marcaron mi camino.
¿Qué significa el blues para ti?
Al igual que la música y, como ya les he platicado, el blues me ha acompañado de distintas formas a lo largo de mi vida, y cada etapa le ha dado un sentido diferente. Pero hoy, el blues para mí, y estoy seguro de que para muchos también, se ha convertido en una necesidad absoluta. El blues es alimento para mi espíritu, es la energía de la que mi alma se nutre para seguir día con día. El blues no es solo la forma que elegí para expresar mis emociones y mis pensamientos a través de la música, también se ha convertido en una razón para vivir, en una motivación constante.
Es mi cura, mi refugio y mi fuerza también. Encuentro un placer que no puedo describir y una catarsis absoluta en poder expresar sentimientos profundos a través de algo que, en apariencia, es tan sencillo. Y precisamente ahí está su magia: en esa repetición que nunca aburre, porque cada vuelta dice algo nuevo; en esos cambios que se sienten familiares pero infinitos; en esa capacidad de decir mucho con tan poco. El blues para mí es la expresión perfecta de lo complejo y profundo en lo sencillo
E insisto en que el blues es una necesidad porque siempre vuelve a llenarme, siempre me dice algo nuevo. Se ha vuelto parte de mi identidad, y es una de las principales fuerzas que me animan para andar por este mundo. Por eso estaré siempre agradecido con él (aunque sea en abstracto) y con esos espíritus solitarios y quizá tristes que lo inventaron, que lo vivieron y lo entregaron al mundo.
¿Cómo ha sido tu trayectoria hasta llegar a la Dgo Blues Band?
Mi primer proyecto musical más o menos serio fue una banda de punk con la influencia de la vieja escuela llamada The Mads, que formé junto a mi mejor amigo, Eduardo Acevedo. Después de ese periodo, pasaron varios años sin tener un proyecto formal. Fueron años en los que vivía la música en soledad, especialmente el blues, que ya era parte de mí, aunque aún no lo tocara con la destreza que deseaba.
Después, con ese gusto por el blues acústico rondándome desde hacía tiempo, llegó la pandemia y pensé que era buen momento para aprender a ejecutarlo ya que disponía del tiempo y el espacio para hacerlo, aunque me pareciera difícil. Me propuse estudiarlo con disciplina y trabajé arduamente durante aproximadamente año y medio, influenciado por los estilos del Delta y del Piedmont, tratando no solo de dominar las técnicas de guitarra que identifican a estos estilos sino también de aprender a cantar con técnica.
Fue así como finalmente debuté como solista en 2023 en un evento propio que organicé yo mismo en el emblemático Teatro Victoria en mi natal Durango. Por otro lado, fue en un especial de blues organizado por la banda Mr. Mojo Rising, que escuché tocar en un palomazo a mi amigo, y hoy compañero en la Dgo Blues Band, Roberto Jacobo. En Durango no es común encontrar buenos armonicistas, y su estilo me pareció muy bueno, por eso lo invité a tocar conmigo en mi presentación de debut como solista, le hablé de mis influencias musicales, y aceptó. Mi amistad con Roberto se fortaleció, como suele suceder, entre música y fiesta. Después de esa presentación en el Teatro, recibí una invitación suya para participar en el primer Festival de Blues de Durango, organizado por él mismo y que se llevó a cabo en el mismo recinto.
Ahí toqué como solista, alternando con la Dgo Blues Band; pero sin formar parte de la agrupación todavía. Recuerdo el día del festival, estar atrás del telón en el Teatro, escuchando completamente embelesado a mis compañeros de Dgo Blues Band tocar, sin imaginar que algún día yo sería parte de ese grupo que estaba admirando. Fue la primera vez que vi tan de cerca y en vivo un blues bien tocado por músicos apasionados que amaban lo que hacían. Esto fue muy significativo para mí.
Seguí mi camino como solista, tocando en el Festival de Blues y Jazz del Desierto en Saltillo en el 2023, además de presentaciones en Torreón, Durango y la Ciudad de México. Y fue a principios del 2024 cuando el grupo, la Dgo Blues Band buscaba un vocalista de apoyo y, al ver mi compromiso, mi evolución y quizá un poco de talento, además del objetivo que compartíamos, difundir el blues en Durango, recibí la invitación por parte del grupo y especialmente de mi amigo Roberto para formar parte de la banda. También influyó, por supuesto, la amistad sincera que ya tenía con los miembros de la banda.
Hoy me considero aún en formación dentro de este estilo de blues (eléctrico o en banda, pues mi especialidad sigue siendo el blues acústico en formato solista), pero para mí la Dgo Blues Band es una escuela maravillosa. Estar rodeado de los que sin duda yo considero los mejores músicos de blues en Durango me hace aprender cada vez que comparto con ellos. Estoy muy contento y agradecido de formar parte de este grupo, ya que una de mis metas a largo plazo es tocar blues eléctrico al mismo nivel que toco el acústico.
¿Desde cuándo y cómo es que se formó la Dgo Blues Band?
La Durango Blues Band nació en 2018, formada por: Rafael Jacobo en la batería, Jesús del Campo en el bajo, Roberto Jacobo en la armónica y José Luis Martínez en la guitarra y la voz. El proyecto surgió con la intención de participar en festivales y eventos culturales dentro y fuera de la ciudad, llevando el blues a distintos espacios y audiencias.
A lo largo de su existencia, la banda ha contado con el talento y la colaboración de diversos músicos que han aportado su sonido y su energía, hasta llegar a la alineación actual. Desde su formación, el grupo ha estado presente en distintos encuentros culturales, incluidos el primer y segundo Festival de Blues en Durango, consolidándose como una referencia importante del género en la región.
¿Cómo se conforma el repertorio del grupo?
Procuramos que el repertorio de Dgo Blues Band tenga equilibrio entre el rescate de melodías clásicas del blues y nuestras composiciones originales. Interpretamos tanto temas icónicos como otros no tan conocidos, en inglés y en español, seleccionados siempre a partir de nuestro gusto profundo por el género y de aquello que sentimos que representa lo mejor del blues.
En nuestros conciertos pueden escucharse piezas de grandes como Muddy Waters o Gary Moore, hasta algunas rolitas de Real de Catorce, pero también canciones propias que nacen de nuestras vivencias y de nuestra necesidad de expresión: “Pedrito el Bluesero”, “Absurdo Querer”, “Blues para Janis”, entre otras. En conjunto, buscamos ofrecer un repertorio que honre la tradición y, al mismo tiempo, deje ver nuestra identidad como banda.

¿Quiénes son los integrantes de la banda?
Actualmente, la Durango Blues Band se conforma por: José Luis Martínez, en la guitarra principal y la voz; Roberto Jacobo, en la armónica; Rafael Jacobo, en la batería; Martín Bustamante, en el bajo; Óscar Oliveros, en el teclado; y su servidor, Alex Benavente, en la guitarra y la voz.
¿Nos comentas una breve semblanza de cada uno de ellos?
Antes de presentar una breve reseña de la trayectoria de mis colegas, me gustaría aprovechar este espacio para reconocer su entrega, su talento y su enorme calidad humana. Cada uno de ellos es parte esencial de Dgo Blues Band, y estoy convencido de que conformamos el mejor proyecto de blues que hay en Durango. Me siento realmente agradecido de compartir escenario y aprendizaje con músicos a quienes admiro de verdad.
Quisiera reconocer especialmente a Roberto Jacobo y José Luis Martínez, armonicista y guitarrista/vocalista de la banda, respectivamente. Ellos, junto con Rafael Jacobo, son los fundadores del proyecto y quienes, con años de esfuerzo, han mantenido viva la llama del blues en Durango desde hace ya tiempo.
Considero que Roberto (El Chato, de cariño) es, sin duda, el mejor armonicista del estado, con su sonido sincero y poderoso. José Luis (Pepe, de cariño) es, a mi parecer, y desde hace ya tiempo, el mejor guitarrista de blues eléctrico en Durango, un músico con una sensibilidad particular, y una claridad estilística que ha sido formativa para mí. Al buen Pepe yo lo veo como un mentor, alguien de quien aprendo dentro y fuera del escenario, y que mejor que aprender del mejor que hay en mi Durango. Honor a quien honor merece.
Aquí la semblanza de cada integrante:
José Luis Martínez López, guitarra/voz. Guitarrista, bajista y cantautor. Ha sido parte de diversas agrupaciones de blues, rock urbano y rock & roll como El Vagón del Blues, Teoría del Blues, Puente Negro, Estraza, Valiant, Recorte de Personal, Xippos Rock, Pantano y varias más. Actualmente, es guitarrista y vocalista en Dgo Blues Band. Su estilo es una mezcla de experiencia, pasión y una comprensión profunda del lenguaje del blues.
Roberto Jacobo, armónica. Armonicista con trayectoria en grupos de rock y blues, además de incursionar en la composición. Su sonido tiene fuerza, identidad y mucha expresividad. Es uno de los pilares del blues en Durango y una figura importante para la escena local.
Rafael Jacobo, batería. Baterista y percusionista egresado de la Escuela Superior de Música de la UJED. Ha formado parte de ensambles muy diversos: orquestas sinfónicas, grupos de percusión, agrupaciones versátiles, proyectos de rock y, por supuesto, de blues. Su experiencia le da un control rítmico sólido al sonido de la banda.
Martín Bustamante, bajo: Bajista y contrabajista egresado de la Escuela Superior de Música de la UJED. Ha participado en distintos ensambles y proyectos locales, aportando una base rítmica firme, musical y original. Sus conocimientos musicales y su fluidez natural lo convierten en el soporte musical del grupo.
Oscar Oliveros, teclados. Pianista con experiencia en diversas agrupaciones de rock, blues y jazz, tanto en Durango como en Monterrey y CDMX. Estudió desde los 8 años en la Escuela Superior de Música y en Music Network (Berklee). Su conocimiento y versatilidad enriquecen profundamente el sonido de la banda. Oscar ha sido de gran apoyo y no es por que forme parte del grupo, pero considero que es un tecladista de primer nivel, y de los mejores (si no es que el mejor, sin problema) que he escuchado como intérprete de blues. Para mí, Oscar tiene de sobra nivel internacional como tecladista de blues. Ojalá puedan escucharlo tocar algún día.
¿Nos compartes un video de alguna actuación del grupo?
Claro, les comparto un video de una actuación reciente que tuvimos en el ya mencionado e histórico Teatro Victoria en Durango:
https://www.facebook.com/reel/3561866657277411
¿Cómo podrías describir el interés del género del blues en Durango?
Siendo realistas, creo que podemos decir que, en México, el blues no tiene aún un arraigo tan amplio como otros géneros, y en Durango la situación es todavía más difícil. Aunque en Durango siempre ha habido dos o tres bandas de blues activas en su momento, y personajes que hacen esfuerzos para que la escena crezca, el interés general aun no es tan grande, pero eso no significa que el género no sea disfrutado.
Al contrario: aunque el blues es poco conocido, cuando se interpreta con calidad y sinceridad, la gente lo recibe con una sorpresa cálida y auténtica, y la respuesta es casi siempre buena. Esto reafirma nuestra fe en qué el blues será cada vez más disfrutado y reconocido por diversos públicos.
Por eso, uno de los objetivos de Dgo Blues Band es justamente hacer crecer este género en Durango, y cada uno de nuestros integrantes está comprometido con esa misión. Somos músicos que creemos en la música que hacemos… y trabajamos para que el blues llegue más lejos y a más corazones. Creemos firmemente en esa idea clásica de que “the blues is the root of all modern music”, y por eso nos gustaría acercarlo a todo público y especialmente a las nuevas generaciones, que a veces lo ignoran sin saber que ahí está el origen de todo lo que escuchan hoy.
¿Cuál sería tu máximo sueño en la escena del blues?
Claro que me gustaría que el blues fuera disfrutado por más personas y que la escena creciera hasta tener un arraigo profundo en México. Pero, si hablo desde el corazón, creo que mi mayor sueño es ver una escena de blues en México verdaderamente sana, unida, sólida y libre de esas actitudes que a veces nos frenan y nos hacen tropezar entre nosotros mismos.
Sueño con una escena en la que los blueseros trabajemos juntos por un mismo propósito; donde exista un circuito fuerte de festivales nacionales y espacios dignos para que las bandas, los solistas, los periodistas, los escritores y todos los apasionados por este género podamos crecer, compartir nuestra voz y llegar hasta donde nuestra música, nuestro trabajo y nuestro talento merecen.
Me gustaría ver una escena en la que el blues mexicano sea respetado, valorado, y donde quienes lo tocamos dejemos de ser vistos solo como bohemios sin dirección para ser reconocidos como músicos serios, talentosos y comprometidos. Aspiro a una comunidad más grande, más unida y con un nivel cada vez más alto. Ese es mi sueño…
¿Cuáles son tus proyectos a corto plazo?
A corto plazo, mi deseo es consolidarme como artista dentro de la escena nacional del blues y de cantautores independientes. Siento que es el momento de dar pasos firmes, particularmente de compartir mi música, que muy pronto vería la luz sobre todo en plataformas y espacios digitales (¡Les invito a estar pendientes!), seguir participando en festivales y mantenerme en los escenarios, que es donde realmente me siento vivo, pues tocar es lo que más me gusta hacer.
A mediano y quizá también a corto plazo, sueño con presentarme en Estados Unidos. No sólo por la importancia histórica del blues, sino porque me gustaría hacer mi vibrar mi voz y mi guitarra ante un público que lo ha vivido desde su origen. Trabajo cada día con disciplina para cumplir estos objetivos.
La vida es más que música, ¿hay algún otro campo que influya en tu vida actual?
Además de la música, mi vida está muy marcada por la filosofía, que es mi formación académica y también una de mis grandes pasiones. Me gusta leer, mantener la mente despierta y encontrar nuevas preguntas que me inciten a entender el mundo en el que vivo. La filosofía, la literatura y el arte en general son parte esencial en mi vida y, por qué no, son parte también de la forma en que vivo el blues. Soy un músico, sí, pero también alguien que intenta comprender el mundo y dejarse tocar por él.
Por otro lado, como el oficio de mi padre es la agricultura y yo crecí en un pueblo pequeño, la naturaleza y el campo son algo esencial de mi vida. De hecho, ese contacto con la tierra y con lo simple es algo que embonó muy bien con mi interés por el blues acústico (que tiene una raíz muy campirana) pues también permea mi manera de tocar y de escribir.
¿Cuáles son algunas de las lecciones más importantes que has aprendido de tu experiencia como músico?
Como ya les he platicado, mi camino como músico comenzó desde muy joven, incluso antes de llegar al blues, y a lo largo de ese tiempo la música me lo ha dado prácticamente todo: amistades, amores, viajes y el simple pero inmenso placer de estar vivo. Aprendí a valorar cada una de esas cosas.
También entendí que este camino exige esfuerzo. Si la música es difícil, en México el blues lo es aún más, por eso me enseñó que nada llega por suerte, que todo requiere dedicación, paciencia y trabajo honesto. La música y el blues me enseñaron disciplina, que cada nota merece su tiempo, su espacio para ser ejecutada o aprendida. Sin embargo, a la par aprendí la importancia del balance, pues pienso que tocar bien no sólo es técnica, sino un acto de amor y de entrega. Esto es algo que aplico en otros campos de mi vida, buscar el equilibrio.
Otra gran lección que he aprendido en la música ha sido el poder del trabajo en equipo, desde tocar en una banda en cualquier escenario, hasta la organización de un festival o la conformación de una sociedad, la música es una actividad colectiva y, como en muchos rubros, la unión hace la fuerza. Así, el blues también me inculcó prudencia para abrir puertas, respeto por mi oficio y por el de mis colegas. Finalmente, como dije, soy un aprendiz, cada día sigo aprendiendo y pienso que el camino de la música nunca termina, eso es algo que también lo hace bello.
¿Cuáles son tus expectativas y temores para el futuro del blues?
Mi mayor expectativa es que, como comunidad bluesera en México, podamos encaminarnos hacia metas verdaderamente colectivas, donde el crecimiento de uno impulse el de todos. Me gustaría ver una escena que siga ampliándose, que mejore su nivel musical y profesional, y que se convierta en un espacio donde cada vez más jóvenes encuentren un lugar.
Me gustaría una escena seria y bien consolidada, de forma que espero que todos quienes la conformamos, hagamos consciencia de lo importante que es el respeto por nosotros mismos, por nuestro trabajo, por nuestros semejantes y por los espacios en los que participamos para poder crecer. También espero que el blues mexicano vaya ocupando, poco a poco y con pasos firmes, un lugar visible en el horizonte internacional, representado con dignidad por músicos talentosos y comprometidos.
En cuanto a mis temores, me preocupa que la escena se fracture y que, por rivalidades o descuidos, terminemos debilitándonos más. Ya lo mencioné antes: a veces somos nosotros mismos quienes nos ponemos el pie, y esa es una realidad que podría lastimar el futuro del género en México tal como ahora lo hace por momentos. También temo que el interés por el blues disminuya en un entorno donde las nuevas generaciones se alejan de los géneros tradicionales, que resisten como pueden para mantenerse vivos.
¿Dónde podemos saber de tus actividades?
Pueden seguir de cerca mi trabajo y mis presentaciones a través de mis redes sociales. El espacio donde estoy más activo es Instagram, donde me encuentran como @el_alexb. También pueden localizarme en Facebook bajo el nombre de Alex Benavente. Aquí dejo ambos enlaces para mayor facilidad:
Instagram: https://www.instagram.com/el_alexb/?hl=en
Facebook: https://www.facebook.com/alejandro.benaventevazquez#
Están más que invitados a agregarme o seguirme en cualquiera de estas plataformas. Siempre es un gusto compartir mi música, mis actividades y el camino que voy construyendo dentro del blues.
¿Gustas dirigir algunas palabras a los lectores de Cultura Blues?
Para casi ya concluir esta entrevista, quiero agradecer a Cultura Blues por este espacio y a mi amigo José Luis García Fernández por su generosidad y realizar esta labor tan necesaria para nuestro género que aun está en crecimiento en México y en países de habla hispana en general.
A ustedes, lectores, gracias por su atención y por ser parte de esta comunidad bluesera. Insisto, la unión hace la fuerza. Les invito a no perder de vista los proyectos que están naciendo en nuestro país; vienen cosas muy buenas, propuestas sinceras, originales y llenas de corazón. El blues en México está vivo, y mientras haya oídos dispuestos, nosotros seguiremos tocando.
¿Algo más que quisieras comentarnos?
Estamos por concluir este año, así que me gustaría desearle a todo aquel que esté leyendo estas líneas, que más allá de cualquier creencia, pueda vivir estas fechas con el corazón abierto. Son días para dar y recibir, para compartir lo mejor de uno mismo y celebrar la vida en compañía de quienes amamos. Que este cierre de ciclo les traiga paz, y que el año nuevo esté lleno de proyectos exitosos y buenos momentos.
¡Por un 2026 bien blueserote! ¡Saludos para todos de su carnal Alex Benavente!
