Fiesta en grande para despedir a Lupillo
El obituario del rock desde una perspectiva comunitaria
Cuando fallece un compañero músico de rock me resulta difícil escribir un obituario para dar cuenta de su obra y trascendencia, principalmente porque no está disponible la información necesaria para hacer algo así. La trayectoria e impacto social de grupos y solistas que no son famosos suele no estar publicada, o si lo está tiene deficiencias; sólo en forma excepcional encuentro la documentación que viene al caso.
El 25 de mayo de 2026, ante el fallecimiento de José Guadalupe Gómez Parra, Lupillo, volví a enfrentar ese problema, al no tener elementos para elaborar una reseña periodística que resaltara lo que él representa para su comunidad.
El obituario es un género periodístico que requiere tener a la mano un abundante acervo discográfico y hemerográfico para producir notas sustanciosas ¬en el caso que nos ocupa relacionado con el rock¬ y no cualquier medio en México cuenta con uno. Sí lo hacen en otros países, por ejemplo The Guardian (Inglaterra), New York Times (Estados Unidos) y otros periódicos de envergadura semejante publican obituarios que son modelos.
En nuestro país, las instituciones y los medios hacen mutis cuando muere un músico de rock mexicano. Otros músicos también muestran indiferencia, si el que falleció no es de su círculo cercano. A veces, para salir del paso, los periodistas improvisan unos cuantos renglones para hacerlos circular en redes en el marco de un diseño gráfico, pero nada más. Ni pensar en un texto bien elaborado de dos cuartillas. Menos en un ensayo. No lo permite la inmediatez que rige hoy en día la información mediática.
José Guadalupe Gómez Parra fue baterista de Toncho Pilatos, nombre grupal que aparece repetidas veces en el presente texto, por la trascendencia de su música se le recuerda a lo largo de los años. Hace tiempo, tres de sus integrantes partieron en el anonimato debido a ese mutis, pese a haber pertenecido a una de las bandas emblemáticas del rock mexicano: Rigoberto Guerrero Sánchez, Alfonso Guerrero Sánchez y Alberto López.
Lupillo tuvo una gran despedida gracias a la entusiasta y comprometida participación de la comunidad en redes sociales, y también con su presencia física, dando seguimiento al proceso fúnebre con abundantes publicaciones en video, fotografías y textos, extendiendo el funeral in situ al plano virtual. Todas esas publicaciones son pruebas de experiencias compartidas en la calle, en la carretera, en foros locales, en talleres mecánicos, en cuartos de ensayo, en bares, en restaurantes, en garages, en estaciones de radio alternativa…
Pensando en cómo resolver la mentada situación de carencia informativa, advertí con la observación de esa publicaciones que la forma en la cual seres queridos, colegas músicos, amigos o admiradores se despidieron de Lupillo, puede tomarse como un archivo de experiencias adecuado para un obituario que conduzca las efímeras notas de las redes sociales a la memoria colectiva. Compartir el duelo es activarla: reconstruir y unificar el significado que el pasado tiene para un grupo social.
Esas manifestaciones de afecto cumplen la misma función que un obituario. Los testimonios que cito más adelante dan cuenta de los rasgos biográficos y de la personalidad de Lupillo, nos hablan de su trayectoria y legado, de los lugares donde se presentó, de los grupos en los que tocó, de su afición por el motociclismo. Pero sobre todo dan fe de su don de gentes, hacía sentir valorados a los demás.
Entonces, la alternativa en este caso, aplicable a otros similares, es considerar el obituario desde una perspectiva comunitaria, con el fin de oponer resistencia a los esquemas informativos verticales que, ignorando a los demás, privilegian a los artistas famosos: los que tienen éxito de ventas, los que gozan de exposición mediática preponderante y prolongada, gracias a campañas de marketing y relaciones públicas, los que son legitimados por instituciones oficiales o corporativas, los que son validados por métricas comerciales. Tal es una forma de ejercer el poder, de tomar la decisión de quién puede ser recordado y quién no.
Un obituario de naturaleza comunitaria destaca las contribuciones de artistas que favorecen la circulación de la música mediante el fortalecimiento del tejido social, evitando su menoscabo con prácticas que ocasionan el olvido; es polifónico, al contrario de los periodísticos, en los que se escucha una sola voz porque son de autoría individual; carece de las formalidades literarias, sin que ello implique algún defecto. Por el contrario, esas carencias son una ventaja cuando dan lugar a testimonios espontáneos y desinteresados que reconocen a un artista popular.
Para trascender, este último no necesita de la fama. Sus recursos son otros: es accesible, fomenta la identidad colectiva, estimula la cohesión social, se inclina por el arraigo territorial, busca el impacto cultural más que el comercial.
El artista popular puede tener en común rasgos similares a los del artista famoso, como su capacidad de liderazgo, poder de influencia, el ser representante de una comunidad o la pantalla donde la sociedad refleja sus valores. La gran diferencia consiste en que el famoso es funcional para la industria del entretenimiento, forma parte de sus activos, y el popular no: éste se debe a su comunidad. En todo caso, situándonos en el terreno sociológico, forma parte del capital social comunitario.
Lupillo nació en la ciudad de Guadalajara el 17 de septiembre de 1956, según su página de Facebook. El vínculo que mantiene con su localidad es muy fuerte, lo ha sostenido mediante el cultivo del rock durante toda una vida, convirtiéndose en pieza fundamental para su evolución en la capital de Jalisco y en otras ciudades del occidente de México, como dínamo cultural, organizador de conciertos, promotor de redes y alianzas.
Tan es así que mientras era velado en su casa, en las afueras de la misma, en pleno asfalto y bajo una lona, se improvisó un pequeño salón con escenario al ras del piso, el cual podía verse desde las filas de sillas plegables dispuestas al frente. La calle se convirtió en el marco de una tardeada, como aquellas que se hacían a fines de los años sesenta, en las que se escuchaba la música de los Rolling Stones o Santana al igual que la de Los Solitarios o Los Ángeles Negros.
En esa atmósfera hogareña, donde niñas y niños jugueteaban, los asistentes escuchaban y bailaban al ritmo de agrupaciones que tocaban la música de Toncho Pilatos y de otros grupos nacionales (Three Souls in my Mind), clásicos del rock pesado (Doors, Guns´N Roses), rock en español de los ochenta (Soda Stereo), o las notas del baladista y cantante de cumbia Elbert Moguel, de Los Strwck, quien siempre ha reconocido el legado de Toncho Pilatos participando en eventos que rinden homenaje a sus integrantes.
Uno de los pasajes más animados y alegres, por haber provocado que las parejas saltaran a bailar, tuvo lugar cuando el grupo en turno tocó “De veras me atrapaste”, como se conoció en la radio mexicana a la clásica canción de los Kinks ¬“You Really Got Me”¬ que a cantidad de gente joven en el mundo nos hizo entrar en el rock en un viaje sin retorno. En ese momento, como parte de la banda, Humberto Nájera tocó el revolucionario riff que la hizo famosa. “You Really Got Me” formaba parte de los covers que ejecutaba Toncho Pilatos en sus conciertos, con una versión en español.
La interpretación de “Blind Man”, original de Toncho Pilatos, por el contrario, sí fue un momento triste desde su inicio con la introducción en el requinto por parte de Humberto y la actitud reverencial del cantante. Es la tristeza evocativa del blues. Evocación de una época, quizá. O de personas cuyos nombres no se pronuncian, pero se recuerdan.
A Lupillo lo despidieron en su entorno familiares, amigos, vecinos, admiradores y compañeros músicos unidos en un toquín. Participaron las bandas Pilatos Grupo, Sr. Diablo, Drakma, Mil Doscientos, No Más y Antídoto. Otros lo despedimos a la distancia, siguiendo las publicaciones en redes sociales y generando contenidos en las mismas, documentando el evento sin la intervención de los grandes medios o representantes institucionales. Es donde se ve que la producción de la memoria comunitaria es soberana.
Se trató de un duelo elaborado en una catarsis común. Tuvo como centro una zona específica, Balcones del Cuatro, colonia de corte popular en la capital de Jalisco, mención necesaria para mostrar el profundo arraigo territorial del baterista.
Resulta estremecedor escuchar en un funeral a un grupo de personas cantar a coro el estribillo de la canción “De música ligera”, de Soda Stereo. Aparte del significado que le haya dado su autor, Gustavo Cerati, interpreto su inclusión en la ceremonia como una señal del contacto que tuvo Lupillo con personas de generaciones posteriores a la suya. Un pionero de los años setenta fue un nexo vital en la comunicación intergeneracional.
De aquel amor
de música ligera
nada nos libra
nada más queda
Un día después del velatorio, en la página de Facebook de José Guadalupe Gómez Parra, apareció un mensaje escrito por su hijo. Se trataba, al parecer, de una respuesta dirigida a personas que desde la incomprensión o un enfoque tradicional, cuestionaron el festivo funeral de Lupillo. Sin embargo, las palabras de su hijo dejan en claro que la música para él era “una fiesta en grande”. Nótese cómo el empleo de la expresión rock star, por lo regular asociada a una vida extravagante y a manifestaciones ostentosas de riqueza, cambia de sentido al valorar la sencillez de un artista popular, su capacidad para enfrentar la adversidad, y esa rebeldía que no le impidió arraigarse en su tierra natal.

Sé que nadie entenderá la manera en la que te despedimos, opinaron criticaron, pero no entenderán que esa era tu vida, esa era la manera que querías tu despedida, así como eras: un CHINGÓN, un rock star, acompañado de toda tu familia, esposa e hijos, de toda tu familia rockera, de los bikers y entre más, sin llantos, sin tristeza y con una fiesta en grande. Te recordaremos como eres, simplemente tú, un rockero de corazón, siempre sonriente tocando tu batería, siempre con esa energía, siempre feliz. No te digo adiós sino hasta pronto. Padre, te nos adelantaste un poco, sólo fue eso. Te amo padre con todo mi corazón.
Esa publicación recibió un elocuente comentario en su apoyo por parte de Rockeromar Pura Tiza. Defiende la idea de que el funeral de Lupillo representa un reflejo de su propia vida, y entre líneas se percibe una visión utópica de la sociedad basada en una convivencia armoniosa.
La despedida más emotiva, distinta a lo común, llena de cariño, danza, cantos, oraciones, rituales, baile, mucho rock y hermandad; tal como él quería ver a todos reunidos y en armonía, alegres le cantamos, le bailamos, nos abrazamos, y claro también somos humanos, sentimos por supuesto que no faltaron las lágrimas del último adiós; una despedida como debía hacerse a un rockero que fue leyenda, familia, estrella, artista, músico y amigo. ¡Qué gran despedida, se merecía eso y más!
Joss Illuminati cuestiona un aspecto capital: la muerte como objeto de lucro.
Acompañado de las personas que lo querían y admiraban, aunque son más los que no pudimos asistir, lejos de los reflectores y las grandes cadenas televisivas, en las que el duelo se convierte en moneda de cambio, como lo hemos visto con los «Reyes o Príncipes» del Rock. Un verdadero homenaje merecido y sentido.
Es el momento, una vez que he llegado a este punto, de hacer explícita la intención del escrito aquí expuesto. Quiero contribuir a la elaboración del duelo, describiendo y compartiendo lo que significa la partida de Lupillo, como lo hace un cronista que registra el dolor colectivo que la prensa oficial ignora. Reclamo un justo reconocimiento de los artistas populares y de las experiencias comunitarias en la historiografía del rock y del blues, poniendo como ejemplo de lo que debe reconocerse la experiencia que relato en estos párrafos: la contracultura como praxis social.
Con un enfoque comunitario, la historia del rock mexicano sería otra, distinta a la que se enfoca en las bandas contratadas por algún sello transnacional, tenidas por exitosas, e ignora las que permanecen al margen de la industria. Una historia así, estaría más apegada a cómo la gente experimente la música en realidad, y en particular a cómo se apropia tanto del rock como del blues mediante creadores locales, más allá de los abstractos marcos conceptuales de la academia o de los esquemas informativos (periodísticos) que sirven a los intereses de las corporaciones de la música o de los grandes medios, tradicionales o electrónicos. Estamos ante un terreno inexplorado por la psicología social, la antropología o la sociología de la cultura.
Lupillo en la resurrección de Toncho Pilatos
Me enteré del fallecimiento de José Guadalupe por medio de una publicación en Facebook de Humberto Nájera, su amigo de toda la vida, ex integrante de Toncho Pilatos y de otras agrupaciones, guitarrista, fundador de Megatón -banda pionera del heavy metal en nuestro país- y productor escénico con una treyectoria internacionale que ha contribuido a la profesionalización de la industria musical en el rubro de estructuras para escenarios.
La noticia me hizo recordar que tuve el privilegio de hablar con José Guadalupe apenas el pasado 19 de marzo, cuando conversamos vía Messenger en vísperas de su visita a la Ciudad de México, sin imaginar que iba a ser nuestra primera y última llamada.
En unos cuantos minutos recordamos que, entre otros grupos, fue baterista del legendario Toncho Pilatos. “Legendario” es un adjetivo que se usa indiscriminadamente, pero en este caso es la palabra exacta por tratarse de una banda que dejó huella en la memoria de su comunidad, a pesar de haber desaparecido hace cuatro décadas. Lupillo formó parte de ella en la época de Segunda vez, el apropiado título de su segundo elepé, publicado en 1980.
En esa conversación me contó cómo se integró a Toncho Pilatos. En 1976 era chicharito (asistente) de la banda, pero en ella no sabían que era baterista. Una tarde se enteró, por medio de Miguel Esparza, entonces bajista de Dug Dug’s, que los de Toncho estaban buscando quien tocara la batería. Se propuso y lo aceptaron. “Así fue como entré a una de las mejores bandas de México”.
El primer disco de Toncho Pilatos había sido publicado tiempo atrás, en 1973. Que haya siete años de distancia entre uno y otro, nos habla de lo que representa el segundo: resurrección y testamento, porque fue el segundo y también el último. Lupillo, Humberto Nájera y Tony Pérez se integraron a Toncho Pilatos, y junto con los hermanos Guerrero en esta Segunda vez reconstruyeron su historia, haciéndola trascender hacia los años ochenta, exponiéndola ante una nueva generación, la que heredó de las anteriores una labor en desarrollo para definir la identidad del rock mexicano.
El 15 de marzo de 1981 escuché a Toncho Pilatos en el gimnasio Juan de la Barrera de la Ciudad de México, como principal atractivo del concurso Rock en Debate, junto con Chac Mool, Dangerous Rhythm y La Biblia. Los ocho finalistas representan a una nueva generación de grupos mexicanos: Mistus, Ramsses (sic), Moviloy, Rebel D’Punk, Nemrod, Orquesta Música Nueva y Ahmen. Y los integrantes de Toncho Pilatos en ese entonces eran Alfonso Guerrero Sánchez, voz y varios instrumentos; Rigoberto Guerrero Sánchez, guitarra; Humberto Nájera, guitarra; Miguel Esparza, bajo; y José Guadalupe Gómez Parra, batería. Músicos, todos, de primer nivel.
Al haber participado en esa etapa, y también por su amplia experiencia en otras agrupaciones, como Trapecio o Big Nose, por ejemplo, considero a Lupillo como uno de los constructores del legado contracultural que nos dejó Toncho Pilatos en particular, y que nos está dejando el rock tapatío en general. Convirtió su admiración de adolescente hacia el baterista inglés Ian Paice y hacia grupos señeros de Guadalajara, como Spiders, La Revolución de Emiliano Zapata o La Soledad en un medio para configurar la identidad del rock tapatío, llegando a ser él mismo un referente identitario.
Pero esa opinión es la de un periodista que busca los aspectos significativos de aquello que observa, participando a distancia a través de Facebook. La gente cercana a Lupillo aprecia al mismo ser humano de otra manera, desde el afecto que le tiene por haber convivido con él de cerca, cara a cara.
Es lo que marca la diferencia de un artista popular, arraigado en su comunidad, con respecto al famoso (pongan aquí el nombre que quieran) que se refugia en una mansión acapulqueña para aislarse de sus seguidores, salvo cuando entra en contacto con ellos a través de los conciertos masivos, de las pantallas de televisión o de las redes sociales. A una relación así, lejana y asimétrica, donde no hay vecindad, se le conoce como interacción parasocial. Las celebridades no conocen a sus seguidores porque la cercanía que hay entre ellos es ilusoria.
Recuerdo y duelo colectivo
Con cada uno de los testimonios registrados en recuerdo de Lupillo, se edifica la morada de la memoria colectiva del rock tapatío, que es decir la del rock mexicano. Es una forma de entender nuestra historia ¬personal y como país¬ a través de esta música. ¿Por qué lo sostengo? Porque esos testimonios son la expresión del ser mexicano, en ellos se combina la gratitud hacia el maestro, el valor de la fraternidad, la hermandad musical, la devoción por la familia o las creencias religiosas que elevan una amistad terrenal hacia un plano metafísico.
A continuación expongo una muestra de mensajes dedicados a José Guadalupe Gómez Parra, procedentes de diversas páginas de Facebook. Los reproduzco tal cual, con un mínimo de corrección cuando ha sido necesario. Ilustran lo que argumento en los párrafos anteriores: hacen las veces de un obituario.
1. “Nuestro amigo Lupillo, siempre sonriente y servicial. Músico por elección personal a quien conocí a finales de 1970 siendo un jovencito, logró con esfuerzo y talento ubicarse como baterista de la banda Toncho Pilatos en su exitosa segunda etapa al lado de los hermanos Toncho y Rigo Guerrero, con Beto Nájera y Tino Pérez construyendo una propia y nueva historia”. Ricardo Alcalá.
2. “Sobrevivió a una embolia que lo tumbó hace como cuatro años y que le dejó secuelas pero se levantó y reanudó el paso como si nada, le gustaba vivir y mucho.
A través de todos estos años gracias a él y otros músicos amigos de Guanatos, me adoptaron como parte de su escena lo cual le agradezco particularmente a Lupillo quien siempre me demostró aprecio y amistad. Apenas en marzo pasado estuvimos juntos en el Tianguis del Chopo y en el Multiforo Alicia, lo noté cansado ya que el traslado de Guadalajara a la CDMX estuvo pesado pero él como siempre, de buen humor y desmadroso”. Víctor Moreno.
3. “Muchas gracias a todos por el amor que siempre tuvo mi abuelo, de verdad”. An Go.
4. “Que Dios te tenga en la Gloria, fuiste un tío chingón, vivimos momentos chingones, hiciste y viviste en esta vida lo que siempre te gusto ser: roquero. Arma tu grupo arriba, yo sé que te voy a escuchar, tío Rambo”. José Antonio Gallegos.
5. “Me acuerdo cuando el Rambo ¬así lo conocíamos por estos lados del cerro¬ llegaba a mi taller de motos y se pasaba horas conmigo, cotorreando, hablando de música y dándome recomendaciones de bandas. Descansa en paz”. Flamas Amor.
6. “Fue un gran compañero y maestro de la percusión”. Hímber Ocampo.
7. “Esas tocadas en el Arlequín de los ochenta serán inolvidables”. Betto Reyes
8. «Hoy despertamos con una lamentable noticia, nuestro gran amigo y carnal Lupillo, de la gran y legendaria banda Toncho Pilatos, perdió esta batalla ante la vida, hasta el cielo un abrazo, D.E.P. te vamos a extrañar». Biker No Name
9. “El día de hoy nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento de Jose Guadalupe Gómez Parra Lupillo, quien fuera baterista de Trapecio, Pilatos, Big Nose, Satanás, Trash y por supuesto de Toncho Pilatos. Asiduo visitante del Tianguis Cultural, lo recordaremos siempre con su buena vibra. Descansa en paz Lupillo”. Tianguis Cultural de Guadalajara.
10. “Lupillo, un hombre sensible, de trato humano, con marcada sencillez, siempre con una actitud positiva y de excelente trato, así lo recuerdo y lo recordaré siempre. Vuela alto querido amigo, Dios te reciba y te abrace con amor. Que la luz perpetua brille siempre para ti”. Silvio Villavicencio Haro.
11. “Eres mi super héroe roquero favorito. Gracias carnal Lupillo por todo lo que me enseñaste, por motivarme siempre, por cada mensaje, por cada llamada, por cada consejo, eres mi gran inspiración”. César López Simental.
12. “Recuerdo que una de las primeras bandas de rock progresivo mexicano que me gustaron fue Toncho Pilatos. Cuando llegué a Guadalajara y los conocí fue genial, Lupillo siempre animándome a tocar”. Avril GraGo
13. “El Colectivo Zacatecano de Rock se une a la pena que embarga a la familia de José Guadalupe Gómez Parra Lupillo, acaecido el día de hoy. Él fue baterista de Toncho Pilatos en la etapa de finales de los setenta y principios de los ochenta. Tocó en Zacatecas, en Jalpa y en Fresnillo. Descansa en paz carnalito”. Jaime Flores Guardado.
14. “La comunidad de Músicos Tapatíos, en especial el grupo Leyendas del Rock, lamenta profundamente el fallecimiento de su querido amigo y compañero José Guadalupe Gómez Parra, Lupillo. Y expresan gran respeto y condolencias a toda su familia”. Leyendas del rock.
15. “Estimado Lupillo, es una tristeza que hayas partido, dejas de sufrir. Dios te llamó y serás un angelote que cuidará desde el cielo a su familia de sangre, así como a su familia rockera. Agradecemos tu amistad, noches de buen ambiente, canciones, risas”. Lucita Velasco.
16. “Silencio y Paz: La música fue sumergida en las aguas profundas y todas las nostalgias gravitan sobre las llanuras infinitas. Se acabo el combate, ya no habrá para ti lágrimas y llanto, ni sobresaltos. El sol brillará por siempre sobre tu frente, y una paz intangible asegurará definitivamente tus fronteras. SEÑOR de la vida y dueño de nuestro destino depositamos en tus manos a LUPILLO ser entrañable que hoy lo llamaste a tu Morada Santa. Duerma su alma inmortal para siempre en la Paz Eterna, en tu seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia. Mis más sentidas condolencias para toda la familia Gómez Gallegos, Dios los acompaña en este duelo!”. Rosy Cueto
17. “Ya no debe importarte morir. Cuando lo hagas, cuando salgas a la superficie y abandones el Tiempo, comprenderás que todo, en la Tierra, se encuentra a oscuras. Morir es necesario como nacer o dormir. Es un simple trámite para volver a la vida”. Toncho Pilatos Tercera Vez.
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Del Sesenta y Ocho 68
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Fotos del Facebook de Jaime Flores Guardado, José Guadalupe Gómez Parra y Ra Dio Desorden
