La microhistoria musical de Puebla 1
La microhistoria musical de Puebla: reconstruir el rock desde la periferia
La microhistoria musical constituye una perspectiva de investigación para comprender aquellos procesos culturales que, pese a su relevancia social, suelen permanecer fuera de las narraciones históricas generales. Su propósito busca comprender, a través de experiencias locales y testimonios particulares, las transformaciones sociales, culturales y generacionales que dieron sentido a determinadas expresiones musicales.
Confirmar la presencia de agrupaciones de rock and roll en la Ciudad de Puebla, activas de 1960 a 1977 aproximadamente, permite acercarnos a un episodio de la historia musical mexicana desde un territorio distinto de la capital del país, cuya centralidad política, económica y mediática ha influido en la manera de narrar la historia del desarrollo del rock nacional. Volver la mirada hacia otras regiones, como Puebla, significa reconocer que la modernización cultural, las inquietudes juveniles y la apropiación de nuevos lenguajes musicales no fueron fenómenos exclusivos de la Ciudad de México.
La microhistoria permite precisamente observar estos detalles históricos: los espacios donde se reunían los jóvenes, las formas de circulación de los discos, las posibilidades de conseguir instrumentos, las relaciones entre músicos, los lugares de presentación y la respuesta de una generación nueva que comenzaba a reconocerse en sonidos diferentes a los heredados por generaciones de sus padres.
Esta perspectiva documentada fuera de la capital permite entender que la historia del rock en México no se construyó exclusivamente mediante grandes figuras o acontecimientos ampliamente difundidos. También se desarrolló en ciudades, regiones y otros Estados, cuya memoria puede desaparecer si no se registra oportunamente.
Recuperar estas experiencias significa reconocer a músicos, públicos juveniles y distintas comunidades como participantes activos en la construcción de la cultura popular. Por ello, para conocimiento del desarrollo del rock and roll poblano se ofrece al lector una aproximación a los protagonistas, los contextos y las experiencias que contribuyeron al surgimiento del rock and roll poblano, mediante una serie de siete capítulos que busca abrir una perspectiva local de la contracultura en México y la necesidad de estudiar sus manifestaciones más allá de los espacios tradicionalmente considerados centrales.
La microhistoria musical nos recuerda, finalmente, que una historia nacional más completa necesita escuchar sus múltiples voces. En este sentido reconstruir la experiencia del rock poblano enriquece la historia del rock nacional mexicano.
Capítulo 1. El diablo quiere jóvenes y rock and roll: Los Demonios del Rock
Juan Manuel Guerra Hernández 1941. Puebla, Pue. Instrumento: guitarra eléctrica, bajo y voz. Grupo: Los Demonios del Rock 1960-1965. (Hernández, 2002) -Foto portada-.
Juan Manuel Guerra Hernández nació en la casa de los Hermanos Serdán, que fue una vecindad antes de convertirse en museo en 1941. Se preparó para profesor de educación física, pero sólo ejerció un año en el Centro Escolar Aparicio. Fuera de ese año, siempre se dedicó a ser músico. Fue su mamá quien le llevaba a misa y la escuchaba cantar donde comenzó su verdadero aprendizaje en el canto y su acercamiento a la música, aunque fueran cánticos religiosos. Era 1948 y pasó siete años estudiando.
Su maestro, Eugenio Pérez Mayesffer, fue después el guitarrista del grupo, comenzó primero a acompañarlo mientras requinteaba boleros de la época como: “Estoy perdido”, “Ódiame” o “Triángulo”. Gracias al Padre Bruno, fundador de los Niños Cantores de Puebla, aprendió a cantar cuando tenía ocho años, con ejercicios de vocalización, de respiración y dicción.

cuando el inmueble era una de tantas vecindades de Puebla.
Foto proporcionada por Juan Guerra de su colección privada.
En 1960 Juan Guerra tenía 19 años, estaba terminando la secundaria, pero tenía muy buena relación con los jóvenes que estudiaban en el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (CENCH) y ahí fue donde se dio la primera presentación, su debut fue el 15 de junio de 1960, alternando con Los Rebeldes del Rock en el Baile Anual de la escuela generación 60. Los Demonios del Rock eran: Guillermo Pérez Mayesffer en la guitarra, Jesús Díaz Pérez en batería, Francisco Alba Odilón en el bajo, Othón García tocando el piano y Juan Guerra en la guitarra de acompañamiento y voz.
Admiraban principalmente a Elvis Presley e imitaban sus movimientos de cadera, en su debut tocaron seis canciones del rey, entre ellas: “La plaga”, “El rey criollo” y “Tutti – Frutti”; incluyendo “Quiéreme siempre” cover de The Platters. Asegura Guerra que la sigue tocando hasta ahora.
Aunque ya pertenecía al coro de la escuela, el joven Guerra tenía la inquietud de hacer un grupo de rock and roll, de esa música nueva, y un día entrenando atletismo en la pista del CENCH escuchó a alguien tocando rock and roll al piano en el auditorio. Salió de la pista y entró, después de pedir disculpas al maestro por maltratar la duela con los zapatos que llevaba, ahí encontró a Othón García…
—¿No te gustaría formar un grupo?— le dijo.
—No, ya lo intenté muchas veces y no he logrado nada— respondió Othón García.
—Pero aquí es diferente. Lo que pensamos hacer, lo hacemos—.
Así recuerda el diálogo Juan Guerra. Y comenzaron los ensayos. Odilón en el bajo, y Chucho, que en la escuela era “caja” en la banda de guerra, se decidió a tocar la batería. El acoplamiento fue muy rápido.

En esta presentación fue invitado un Blue Jeans a tocar con los Demonios.
Foto proporcionada por Juan Guerra de su colección privada.
Guerra era presidente de estudiantes en la secundaria cuando Gustavo Díaz Ordaz, entonces Secretario de Gobernación Federal, visitó el CENCH. A Juan Guerra le dijo su tutor: “Tú le vas a pedir un equipo de futbol americano e instrumentos musicales al señor”.
Díaz Ordaz se presentó en la ciudad para dar un recorrido por la escuela y pese a los guaruras del entonces secretario, el joven Juan pudo alcanzarlo para preguntar sobre la posibilidad de donar dichos equipos deportivos; hizo mención de las caballerizas necesitadas de accesorios y una petición muy especial: instrumentos musicales para la realización de un primer grupo de rock and roll.
El Secretario volteó a ver a su achichincle y le dijo: “A ver, dale una tarjeta aquí al muchacho”, y se fue. Tiempo después tuvieron una entrevista con el asistente y los mandaron al entonces DF, a la Casa de Música Veerkamp donde se dieron vuelo escogiendo los mejores instrumentos.
Aunque sus primeras actuaciones fueron simbólicamente pagadas, por no saber cómo cobrar, poco a poco comenzaron a tener idea de la paga y aumentaron las presentaciones. Tener una guitarra eléctrica no era cosa fácil, primero porque no había tiendas de instrumentos musicales y en segundo porque la idea de tener un instrumento eléctrico era costosa.
Pero allá en la calle 6 Poniente, entre 7 y 9 Norte, había una casa que fabricaban guitarras acústicas, después llegaron a elaborar algunas guitarras eléctricas hechizas. Ese señor que las fabricaba lo recuerda Guerra como “Dionisio”, ahí se pudo ver una primera guitarra eléctrica Silvertone, sólo ahí y en el Centro General de Puebla se vendían instrumentos musicales que después se quedarían en el CENCH para las siguientes generaciones; el bajo era Gibson y la batería Slingeland; los amplificadores eran marca Álamo, luego ya pudieron conectarse a Fender. En ese amplificador marca Álamo, se conectaba bajo, guitarra y voz.
El Cine Puebla, ubicado en la 7 Poniente 102 —donde muchas familias disfrutaron de dos o tres películas por un solo boleto—, se realizó un concurso de rock and roll, en la planta alta, y de inmediato que se apuntan los jóvenes demoniacos quienes incendiaron la pista y arrancaron el primer lugar del evento patrocinado por la estación de radio XEPA.
Afortunadamente para los demonios no hubo necesidad de rentar equipo, llegaron a tocar ya con sus propios instrumentos, tocar así beneficia el sonido de un grupo. Se transportaban en una camioneta marca Guayin Chevrolet que tenía Mayesffer, con cuatro puertas y una cajuela grande; hacían magia, todos cabían incluyendo los instrumentos. Y recorrieron Puebla capital, que no era muy grande en ese momento. Recuerda Guerra enlistando cada uno de los lugares que se le venía a la cabeza.
“El Teatro Principal, La Cámara Junior, en el Parque España, el Club de Leones, en las preparatorias principales de Puebla, Universidades, en el Teatro Variedades, después el Cine Variedades que era muy popular y que actualmente es tienda de telas. Llegamos a tener una presentación en la cárcel de San Juan de Dios; tocamos también en los asilos. Tuvimos muchas presentaciones y fueron muy variados los lugares donde nos presentamos. Prácticamente tocamos en todos los lugares en Puebla donde se podían tocar, no eran muchos, pero, sí logramos tocar en casi todos”.
Para finales de los sesenta y principios del setenta ya había cafés cantantes. En la Avenida 5 de mayo y 14 Poniente se ubicaba el Hotel June, que contaba con cafetería. En la 8 Oriente, entre 5 de mayo y 2 Norte, arriba de un estacionamiento, había otra cafetería y fue ahí donde se tocó rock and roll en el centro de Puebla. Otro sitio fue La Manzana 2000, de René Castillo, primero ubicado en el garaje de su casa y luego se situó en la 2 Norte 1009 del Centro Histórico. Los Demonios de Rock también fueron solicitados al interior del estado, en Huejotzingo, Teziutlán, Tehuacán, San Martín, Atlixco, donde se hacían varias tardeadas de rock and roll, Cholula, Ciudad Serdán, entre otros lugares.

a la derecha el periodista del Sol de Puebla Humberto Ferniza.
Foto proporcionada por Juan Guerra de su colección privada.
Las empresas cerveceras contrataban a grupos de música popular de varios géneros; instalaban varios stands que promocionaban la cerveza y los grupos tocaban en esas giras.
De aquel Baile Anual Generación 1960, los jóvenes poblanos tocaron por primera vez y alternaron con Los Rebeldes del Rock, de Juan José Laboriel, mejor conocido como Johnny Laboriel. Surgió una buena amistad entre los vocalistas de ambas bandas. Recuerda Guerra: “En esa presentación nos compartimos algunos amplificadores y nos caímos muy bien, tiempo después nos escribíamos por carta”.
México, D.F.
24 de septiembre de 1960
Querido Juan:
Tocayo, espero que te encuentres bien. Gracias por tu carta, me da gusto saber de ti y que tienes muchas presentaciones, nosotros también tocamos mucho. Te espero como quedamos para visitar las oficinas de Orfeón.
Un gran abrazo mis demonios.
Tu amigo Johnny
Johnny Laboriel, un joven cantante de la colonia Roma había logrado firmar un contrato con una discográfica y ayudó a Los Demonios para grabar su primer disco: “Cuando cruzamos la puerta de la grabadora venía saliendo Paco de la Barrera, director artístico de la Compañía Discográfica Orfeón y Andy Russell, un cantante estadounidense”.
—¡Hola Johnny! —dijo el Director—, ¿qué haces por aquí?
—Vengo con mi tocayo Juan, tienen un buen grupo en Puebla, quiero que graben.
—¡Claro que sí, Johnny!
Esa corta plática sucedió un martes; para el siguiente lunes los demonios pisaron por primera vez un estudio. Afortunadamente superaron el reto y pudieron grabar en los tiempos programados; lograron en ochos días grabar diez temas para el disco, con cinco canciones de cada lado. “Las canciones fueron en lado A: ‘Tijuana’, ‘Pony Twist’, ‘Payasito’, ‘Magia Blanca’, ‘Las Mellizas’. En lado B: ‘Anoche Me Enamoré’, ‘La Tierra’, ‘El Martillito’, ‘Adolescente Enamorado’ y ‘A Volar’. Gracias a ese disco pudimos hacer más cosas”, asegura Juan.

Bill Haley & The Comets. En este disco fue incluido un tema de los Demonios del Rock “Pony Twist”.
Foto proporcionada por Juan Guerra de su colección privada.
Los ensayos se daban en la sala de la casa de Juan Guerra, ubicada en la 10 Oriente, los instrumentos eran tan pocos que cabían muy bien; se preparaban para cumplir con las presentaciones que iniciaban a eso de las cinco de la tarde y concluían a más tardar a las diez de la noche. En esas tardeadas nunca había alcohol, solo se vendían aguas frescas.
El Rey del Blues, B. B. King, pisó tierras poblanas en 1974 para un concierto realizado en el Auditorio de la Reforma, en los Fuertes de Loreto, donde varios músicos asistieron, entre ellos Juan Guerra. Desafortunadamente no hay registros fotográficos de ese concierto, pero por muchas declaraciones de otros músicos, el concierto se llevó a cabo.
También recuerda cuando Carlos Santana visitó la ciudad: “Fui responsable del manejo de luces del concierto, ya que en ese momento el manejo de luces tenía que ser manual y no de forma robótica, tanto en la posición como en el tipo de colores. Para cada canción había una serie de luces que me indicaban por medio de audífonos”.
El manejo de luces para ese concierto en Puebla permitió a Guerra estar en el camerino de Carlos Santana cuando Javier Bátiz llegó a tocar. Con las llaves de su camioneta Guerra siguió el ritmo de la improvisación. Después de casi una década de giras, de reconocimiento, de pisar muchos escenarios, el fuego del rock and roll demoniaco comenzó a apagarse y cada uno buscó su camino. Juan continuó con la música, desarrollando otros proyectos, abarcando no sólo el rock, sino también explorando ritmos latinos.
Tuvo considerables éxitos con grupos como 2 + 2 de Colombia, Rock Music y otras bandas en las que Juan encabezaba cada proyecto. Abrió un bar por un tiempo. Todavía se le puede encontrar en la ciudad de Puebla tocando en algunos eventos musicales disfrutando de la música. Otra banda que destacó en Puebla y fuera de ella a principios de los sesenta fue los Blue Jeans, quienes representaban la competencia sana entre grupos de rock and roll en Puebla, principalmente porque los Blue Jeans pertenecían a la Normal del Estado y los Demonios al CENCH.
Fuentes
Pedraza, David. La semilla del rock en Puebla: entrevistas e imágenes (1960-1977). Ed. BUAP dirección general de editoriales, 2022.
González y González. “Invitación a la microhistoria”. Ed. Colección sepSetentas. SEP México, 1973.
