Un Paso Adelante

La resonancia contracultural de Pablo González Casanova

¿Por qué Pablo González Casanova (1922-2023) es un científico social ignorado en la historia de la contracultura mexicana? La duda proviene de hechos conocidos que lo vinculan a ella.

Me refiero a que el sociólogo mexicano mantuvo un estrecho diálogo teórico y amistoso con su homólogo estadounidense Charles Wright Mills (1916-1962) -uno de los principales pilares de la Nueva Izquierda1 en Estados Unidos-, a partir de que éste viniera a la UNAM a dar un seminario en 1960, invitado formalmente por Lucio Mendieta (director del Instituto de Investigaciones Sociales) y por el propio González Casanova (director de la escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales).  

Wright Mills cuenta con toda una obra dedicada a combatir el control de “la élite del poder” en la toma de decisiones, dominio que excluye a la población. Sus ideas sirvieron de inspiración a los movimientos estudiantiles de los años sesenta que apuntaron hacia los blancos por él señalados: la academia, los mandos militares, las corporaciones y el aparato político (el Estado). 

Además, el mismo González Casanova reconoció de diversos modos la influencia del autor de La élite del poder (FCE, 1957),sobre todo porque de él proviene uno de los conceptos seminales que el científico mexicano desarrolló en Sociología de la explotación (Siglo XXI, 1969), denominado colonialismo interno.

Don Pablo hizo un minucioso cuestionamiento del sistema socioeconómico y político de nuestro país en La democracia en México (ERA, 1965); es decir: objetó el control de “la élite del poder”, extrapolando el concepto de CWM al Partido Revolucionario Institucional que monopolizaba las decisiones, al sector empresarial y al ejército.

Dicho libro mantiene su vigencia en la oferta editorial, es indispensable en la formación política de los mexicanos, y en especial en la de los jóvenes universitarios. Para indicarlo de manera más específica, el nexo entre ambos científicos sociales está en el tipo de investigación que realizaron. Es lo que plantea Jaime Torres Guillén,  antropólogo y biógrafo de PGC:

González Casanova es un referente en la fundación de las ciencias sociales en México. El cultivo de estas disciplinas, en su trayectoria intelectual, se concentró en la historia y en la sociología. Particularmente, sobre esta última, es posible ubicar en parte de su obra una manera singular de construir un tipo de investigación social que bien podríamos denominar imaginación sociológica. ¿En qué consiste esta sociología imaginativa? ¿Cuáles son sus características? En buena medida el criterio para responder a estas interrogantes se encuentra, sin lugar a dudas, en la obra de Charles Wright Mills titulada La imaginación sociológica (1981) [editada originalmente en 1959].

En su libro, el autor se propuso definir el significado de las ciencias sociales para las tareas culturales de su tiempo, concretamente en el contexto de los años sesenta en Estados Unidos. Prometía una ciencia social opuesta a las técnicas burocráticas disfrazadas de pretensiones metodológicas que en realidad trivializaban los problemas públicos del momento. Según Wright Mills, este tipo de ciencia social, ya fuera en el campo de los “equipos técnicos de investigación”, de los asiduos al empirismo abstracto o los adeptos a “la gran teoría”, aparecía estéril para la comprensión del mundo circundante.2

En vista de tales paralelismos, la cuestión es si ya es tiempo de reconocer la resonancia de Pablo González Casanova en la contracultura mexicana, así como se reconoce la de C. Wright Mills en la contracultura estadounidense. Siguiendo esta idea, en otros espacios he sugerido la conveniencia de ejercer la imaginación sociológica en el campo de la música -blues y rock en especial- y de la cultura para impulsar lo que PGC llama el “desarrollo del pensamiento alternativo”, como estrategia de lucha política.

Es importante recalcar, que si bien ambos sociólogos sobresalieron como teóricos, los dos incidieron en la transformación social aportando recursos intelectuales que alteraron el modo de concebir la política, la educación y la desigualdad económica política y social; recursos que resultaron útiles para la disidencia en la organización y cause de la inconformidad.

Sin embargo, se inclinaron por sujetos revolucionarios distintos. Wright Mills se enfocó en la vanguardia cultural de la Nueva Izquierda, representada por los estudiantes y los intelectuales, en la desobediencia civil, en la denuncia del militarismo por la guerra de Vietnam.

González Casanova, por su parte, estaba convencido del poder de cambio propio de los pueblos indígenas, de la resistencia comunitaria y de la construcción colectiva, convicción que lo llevó a brindar su apoyo al EZLN hasta ser nombrado como uno de sus dirigentes. También confiaba en la fuerza emancipadora de la población urbana, de los trabajadores y de la sociedad civil organizada.

¿Por qué el sociólogo mexicano ha sido ignorado en la historia de la contracultura? Quizá porque es percibido como un estratega institucional. Quizá porque se piensa que tiene una concepción de la sociedad, una disciplina intelectual y métodos de trabajo que dejan ese ámbito fuera de su agenda como investigador. Difícilmente un perfil como el suyo podría ser compatible con cierta concepción despolitizada de la contracultura en la que priva un criterio esteticista, bohemio, hedonista; la cual tiene como campo de acción un estrato del underground en el que reina desorganización justificada por un supuesto anarquismo, la informalidad, la subprofesionalización, el espontaneísmo y el empirismo irreflexivo.



Pero si valoramos el ángulo sociopolítico de la contracultura (oposición colectiva al orden establecido), entonces la figura de Pablo González Casanova adquiere otra connotación, es cuando mejor podemos apreciar su resonancia contracultural.

Ante la inmensa trayectoria del científico social, imposible de sintetizar en estas páginas, me limito a señalar algunas vertientes de su labor que nos pemiten reconocer esa resonancia. Un buen punto de partida consiste en tener presente que la crítica dirigida al autoritarismo del sistema político en La democracia en México, proporcionó a los estudiantes que se levantaron en 1968 elementos para comprender el origen estructural de las carencias del país y para luchar por una democracia “efectiva”, según el calificativo de PGC. 

Como rector de la UNAM (1970-1972), González Casanova impulsó proyectos para expandir la educación universitaria en respuesta a las demandas estudiantiles de 1968 que se oponían al elitismo educativo, como son la creación de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP)3, del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) y del Sistema de Universidad Abierta (SUA). 

Asimismo, tuvo un papel determinante en la creación de la Facultad de Psicología-fundada formalmente, cuando ya había dejado la rectoría, el 27 de febrero de 1973-, una vez que esta disciplina adquirió su autonomía con respecto a la Facultad de Filosofía y Letras. Durante los años setenta, la Facultad de Psicología pasó a ser un territorio contracultural. Atrajo a un sector de los hippies capitalinos desinteresados en las profesiones tradicionales, como abogacía, ingeniería o medicina.

Los estudiantes que rechazaron el conductismo por considerarlo alienante,  buscaron alternativas en la corriente psicoanlítica que asimiló el marxismo (Herbert Marcuse, Erich Fromm, Wilhelm Reich), en la antipsiquiatría (Ronald D. Laing, David Cooper) o en la psicología soviética (A. R. Luria, Lev Vygotsky). Del estudiantado más radical se desprendió una orientación de militantes que apoyó in situ la Revolución de Nicaragua. 

En esos edificios construidos en el cruce de Insurgentes con Avenida Universidad, al sur de la Ciudad de México, surgieron prácticas científicas heterodoxas —como las llevadas a cabo en el laboratorio de Jacobo Grinberg en cuanto a la exploración de la consciencia-, y se desarrollaron tanto el feminismo como el Movimiento de Liberación Homosexual (así llamado entonces); sin dejar de mencionar el estudio psicosocial de espacios contraculturales, como la calle y las plazas públicas, o los primeros proyectos de psicología comunitaria.

La Facultad de Psicología estaba en una encrucijada: ¿Hacía dónde orientar los planes de estudio y el para qué (propósito social) de la psicología como profesión? ¿Para la adaptación individual o para la transformación social a favor de sectores marginados?

Las ENEP, los CCH y el SUA nacieron bajo el principio educativo de motivar la participación activa de los estudiantes en sus procesos de aprendizaje, mismo que rompió con el prevaleciente sistema de educación autoritaria y que subyacía en la demanda por democratizar la enseñanza que impulsaron los estudiantes en el 68.

Quienes estudiamos bajo cualesquiera de los tres sistemas educativos, lo hicimos bajo una perspectiva interdisciplinar impulsada por PGC. A mí me tocó estudiar psicología con esta visión en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales plantel Zaragoza. Con ella elaboré mi tesis de licenciatura y me inicié en el periodismo en 1983; también está presente en mis aportaciones a la historiografía tanto del blues como del rock. En la actualidad experimento una transición de la interdisciplina hacia la transdisciplina, porque ésta me parece la más adecuada para conceptualizar mi trabajo como productor ejecutivo, pero esa es otra historia.

Jaime Torres Guillén expone la importancia de la investigación interdisciplinar en su exhaustiva biografía intelectual de Pablo González Casanova:

Pablo González Casanova buscaba impulsar reformas que crearan un “sistema nacional de servicio educacional” que permitiera generar el conocimiento y la cultura en todos los ámbitos de la sociedad. Con ese plan la ignorancia y el analfabetismo serían cosa del pasado. Estaba gestando desde el inicio de su rectorado una verdadera revolución educativa. En los mapas curriculares, no sólo abogó por la enseñanza de la lengua, la literatura, las matemáticas, la física, la biología, la cibernética, el análisis de sistemas, la computación, la lógica, sino que remarcó la enseñanza de los dos grandes métodos de conocimiento: el histórico-político y el experimental. Con la aplicación de estos métodos a los fenómenos naturales y sociales, estaba pensando en la importancia de la interdisciplina que más tarde sería base de su investigación científica. La perspectiva tenía como horizonte la investigación interdisciplinar para dinamizar las típicas carreras liberales y dotarlas de una proyección social.4

Y si acercamos un poco más nuestra lente a ese fenómeno de expansión universitaria, nos daremos cuenta de que los CCH se sumaron a la infraestructura ya existente ¬en preparatorias y facultades¬ que proporcionó auditorios y explanadas para la expresión de grupos musicales, pasando a ser las tocadas de rock una experiencia formativa, junto con el circuito universitario de cineclubes, con la creación de colectivos teatrales o con el desarrollo de la prensa estudiantil. Todo ello como consecuencia del “sistema educativo alternativo” -definido así por PGC- que contempló el diálogo entre la ciencia y las artes, entre la tecnología y las humanidades.



Para que la historia del rock y la contracultura en México no dependa, por ejemplo, de los clichés acostumbrados acerca de la literatura de la onda, de las revistas de rock, de los hoyos fonquis, del Festival de Avándaro o del tianguis del Chopo, propongo que la respectiva consulta de fuentes vaya más allá de la órbita roquera y se expanda hacia el espectro sociopolítico, en especial si se trata de autores mexicanos que examinan la relación de la cultura con la estructura de poder. Esto incluye, para ilustrar lo dicho, hacer una lectura en clave contracultural de La democracia en México y de otros libros necesarios para estudiar la historia de México.5 Dicha propuesta es el tema central de un libro de próxima aparición dedicado a la historiografía del rock en México.

¿Para qué hacerlo? Para unificar teoría y prática en la organización del trabajo cultural. Hace falta superar las carencias conceptuales que impiden un planteamieto adecuado de los proyectos y limitan el estudio del rock y de la contracultura.

Además de la claridad que se tiene en cuanto a los mecanismos de represión que se pusieron en marcha contra la disidencia en los años setenta, es preciso ahondar en la comprensión de las formas de resitencia civil que brotaron como resultado, en lugar de simplificar este periodo encasillándolo como “la década perdida del rock mexicano”, falacia que es una de las muletillas favoritas del periodismo de rock, con la cual le hacen el juego a la desmemoria promovida por el Estado para obviar hechos históricos que son importantes para la sociedad. 

Igual es necesario desmenuzar las formas de exclusión que impidieron el desarrollo del rock, asi como identificar las alternativas surgidas en consecuencia para aprender de ellas, en lugar de quejarse eternamente por la falta de “apoyo”, como suele pasar entre los músicos que renuncian al espíritu de lucha.

También hay que estar alertas en cuanto a posibles sabotajes. En los ámbitos del blues y rock, figuras prominentes en la parte musical y en la difusión periodística promueven la falsa idea de que las actividades estructuradas son una forma de “dictadura” que se impone al aspecto lúdico de la música, que inhibe la creatividad y lucra con ella, contribuyendo así sembrar la desconfianza en el trabajo organizado y a desarticular las redes sociales que producen el consenso necesario para enfrentar el control estatal y la presión del mercado.

Estudiar la obra de autores como Pablo González Casanova no es para divagar en conceptualizaciones, sino para estimular el “desarrollo del pensamiento alternativo”, según como este pensador lo entendía: “[como el que va] del pensamiento crítico hacia la creación de novedades y estructuras emergentes que obedezcan a opciones deseables, junto con el hábito y la voluntad de no refundirse en abstracciones y generalidades, y de no plantear proyectos que se queden en el papel”6. 


El origen del presente texto son unos párrafos que le dedico a Pablo González Casanova en mi libro ¿Quién detendrá la lluvia?, en los que me refiero a la resonancia contracultural de su indisoluble relación entre teoría y práctica. Don Pablo falleció el 18 de abril de 2023, poco antes de que publicara dicho volumen, en julio del mismo año. Entonces, escribí una nota que puse en mi muro de Facebook titulada “¡Cuánto le debemos a don Pablo!” (24 de abril de 2023). La versión del texto publicada por Cultura Blues, como ya he dicho, forma parte de un libro dedicado a la historiografía del rock en México.


1 “El concepto de Nueva Izquierda se refiere a una corriente de pensamiento, surgida principalmente en el ámbito universitario, que en los años sesenta buscaba formas de conocer y transformar a la sociedad distintas a las dominantes en ciencias sociales, tanto las de carácter funcionalista como las propias del marxismo ortodoxo, a las que cuestionaba por su conservadurismo.

Se distinguió por su postura antiautoritaria, pero sobre todo por su orientación antibélica. De la Nueva Izquierda surgió la principal oposición al establishment estadounidense, y en particular a la guerra de Vietnam”.  (Farías Bárcenas, Rodrigo: ¿Quién detendrá la lluvia? 40 años de memoria peridística en trono a la cultura del rock. Ediciones RFB, Ciudad de México, 1a. ed., 2023 pp. 166).

2Torres Guillén, Jaime: “La imaginación sociológica de Pablo González Casanova”, en: Revista Mexicana de Sociología, vol. 79, núm. 1, Ciudad de México, enero-marzo de 2017.

3Marsiske, Renate: “La Universidad de México: Historia y desarrollo”. Revista Historia de la Educación Latinoamericana, vol. 8, 2006, pp. 11-34. Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

4Torres Guillén, Jaime: Dialéctica de la imaginación: Pablo González Casanova, una biografía intelectual. La Jornada Ediciones, col. Los Nuestros, México D.F., 1a. ed., 2014.

5Por ejemplo, en un texto de reciente aparición me baso en el libro La politización del niño mexicano, de Rafael Segovia, para abordar la relación de los niños con el 68: https://sdemergencia.com/2026/09/25/los-ninos-y-el-68/ . Y en otro escrito que aparecerá en la misma publicación, a propósito del aniversario de la Revolución Mexicana, trato el tema “La Revolución Mexicana y el productor cultural”, que tiene como punto de partida Breve Historia de la Revolución Mexicana, I. Los antecedentes y la etapa maderista, de Jesús Silva Hersog.

6González Casanova, Pablo: “Educación para todos. Algunos problemas prácticos y otros ideológicos”, en: Dossier Pablo González Casanova. Revista Ethos Educativo, Morelia, Michoacán, México,  núm. 49, 3a. época, julio-diciembre de 2016, p. 225.