Diván el Terrible

El Cíclope

y en el juego angustioso de un espejo frente a otro

cae mi voz

y mi voz que madura

y mi voz quemadura

y mi bosque madura

y mi voz quema dura…

Xavier Villaurrutia

Nocturno en el que nada se oye

Érase una vez un joven cíclope, Monostatos vivía en los linderos del Bosque Mágico de los Bocablues1; su condición le producía muchos problemas ya que al tener vista monocular le resultaba muy difícil percibir las cosas con la dimensión de profundidad, frecuentemente se equivocaba; tropezaba o chocaba con la gente le gritaban: ¡Monostatos, fíjate! Esto lo mortificaba mucho por lo que tenía cuidado en lo que hacía y decía, pensaba hasta dos veces las cosas, muy a su pesar continuaba viendo las cosas desde un solo punto de vista, y constantemente se sentía fuera de lugar, ajeno, incómodo…

Cuando cumplió dieciocho años, en el día de la Luna, no logró terminar el ritual que lo ayudaría a ser un adulto independiente capaz de tomar sus propias decisiones porque no pudo seguir los pasos tradicionales del ritual que, según la leyenda, había dictado la Reyna de la Noche; por si fuera poco, Pam, la mujer de la que estaba enamorado no le hacía caso porque Monostatos no vio con claridad lo que ella esperaba de él, a ella no le importaba que fuera un cíclope, pero no podía esperarlo, La vida debe seguir, le dijo.

Esa noche, en su cuarto, lloró y lloró, no entendía que pasaba, mucho menos sabía que tenía que hacer o decir, todo lo veía como en un túnel; entonces recordó algo a lo que no le había puesto atención: la leyenda que le relató alguna vez su tío Amadeo, sobre la hechicera del bosque mágico; lo único que recordaba era que no podía preguntar cómo llegar, sólo responder a los enigmas que surgirían durante su búsqueda, y esa noche, entre decidido y desesperado, fue a buscarla.

En cuanto entró al bosque la obscuridad se hizo más insondable por lo que su único ojo era insuficiente para avanzar con seguridad, el viento entre los árboles producía sonidos como murmullos muy parecidos a la voz humana, de pronto escuchó: ¿Qué deseas?, sorprendido buscó el lugar de donde provenía la voz y escucho nuevamente: ¿Qué deseas? Respondió ¡Deseo encontrar a la hechicera del Bosque de los Bocablues! Escucho nuevamente: ¿Qué deseas? ¡Mmtá!, pensó, esa no es la respuesta, trató de encontrar otra respuesta, pensó y pensó… ¡Ah, ya sé! Y respondió: ¡Deseo ver con profundidad!, en esta ocasión escuchó, proveniente del fondo de la tierra ¿Cuál es su nombre?, ¿Cómo carajos voy a saberlo!, replicó, en esta ocasión no hubo respuesta. Ya casi para amanecer la voz dijo: ¡Monostatos!… otra vez silencio y pensó “Por un momento creí que me había hablado de usted”.

Ojeroso y hambriento decidió seguir caminando por el sendero que a la luz del día le parecía más fácil de seguir. Kilómetros más adelante, poco antes del anochecer… ¡Una encrucijada! Estoy muy cansado para tomar decisiones, se dijo, y decidió descansar en ese lugar.

Cerca de la medianoche cuando la luna se encontraba más alta, una sombra negra apareció en medio de la encrucijada y Monostatos, sobresaltado, pero decidido, preguntó ¿Cuál camino debo seguir para llegar con la hechicera? La sombra preguntó ¿Cuál camino te intimida más? El de en medio, contestó Monostatos; “Has elegido” contestó la sombra y se desvaneció.

Se adentró por el camino central y conforme avanzaba las copas de los árboles obstruían el paso de la luz de la luna y menos podía distinguir el camino a sus pies; de pronto, a lo lejos, vio una luz: ¿Será la luz al final del túnel? se preguntó, pero continuó avanzando, sobre de él se cernía la obscuridad cada vez más profunda, se le dificultaba avanzar porque no podía distinguir el camino que pisaba, después de varias dolorosas caídas llegó a una gran puerta que realmente era un espejo que reflejaba la luz, pero Monostatos no pudo distinguir de donde provenía la luz que reflejaba, una vez frente a la puerta no pudo distinguir la figura que el espejo reflejaba, se acercó tanto que al final el cristal se llenó de los mocos de su nariz y del sudor de su frente.

Después de unos instantes de duda hizo sonar la aldaba y la misma puerta le contestó “¿Che Vuoi?” y él contestó también en italiano “Voglio entrare”, ¿Come viene chiamata? preguntó la puerta, ¡otra vez la burra al trigo con las preguntitas!, ¡qué no sé cómo se llama! contestó Monostatos, tartamudeando del coraje, el hambre, la sed y la debilidad alcanzó a balbucear: ¡Voy a … Voy a… entrar…! y la puerta se abrió, detrás de ella estaba una mujer vestida totalmente de blanco con un collar de coral y lo invitó a entrar.

Una vez en el interior la mujer le preguntó ¿Qué deseas?, ¡Ya chole con la preguntita! exclamó nuestro amigo, después de serenarse preguntó ¿Disculpe, usted como se llama? Y la mujer contestó, Deseo. Nuestro amigo pensó ¡Chale! ¡Parece nombre de teibolera! La mujer se adelantó Sé lo que estás pensando. No, no es nombre de batalla de una vedette, mi nombre original es Dalila, que significa “La que debilita”.

Deseo le dio de beber y de comer a Monostatos, ya repuesto Deseo volvió a preguntar ¿Qué deseas? Quiero ver las cosas con profundidad replicó serenamente Monostatos, ella le solicitó cuéntame un momento alegre de tu vida y le contó el chiste del mosquito y el salchichón y como le había hecho reír durante muchas horas; impávida, Deseo le pidió ahora cuéntame tu vida mientras lo acunaba en su regazo y él le contó todo, su historia, era tan triste que Deseo empezó a llorar, sus lágrimas cayeron sobre el rostro de Monostatos.

Deseo trató de secarlas con su mano, pero terminó por limpiar el único ojo de Monostatos, poco a poco empezó a brotar una sustancia gris, Dalila lavó y lavó con sus lágrimas hasta que quedó limpio el ojo y debajo brotó otro ojo que había permanecido oculto durante toda su vida y así es como recuperó totalmente su visión binocular, ambos quedaron maravillados de semejante milagro, que había producido como efecto de su relato en el corazón de Dalila.

Al día siguiente, después de haber descansado y celebrado, Monostatos, agradecido, se despidió de Dalila haciéndole “ojitos” y al voltear para dirigir una última mirada a la casa de la puerta de espejos, pudo ver claramente su reflejo en la puerta y a partir de ese momento pudo comprender que ver, oír y decir son la misma cosa, ahora todo lo veía clara y profundamente, dio media vuelta y apretó el paso para llegar lo más pronto posible a su pueblo y buscar a Pam para dedicarle y decirle todo su amor y comprensión.


  1 Nota: El ecologista forestal Rutger von Ptrzmyer en su obra Leyendas de la Silvicultura en Europa y América (Editorial Pamba, Cape Town, South África, 1917, PP 18 – 22) refiere que se han identificado cinco tipos de bosques bocables, curiosamente, de acuerdo con la región reciben una denominación que los distingue por la desinencia final de la palabra y, para mayor curiosidad es una vocal la que los distingue.

De los Bocablas de América del Sur en la región del Rio Paraná se distingue por ser el que alberga de mayor población humana son las tribus de la etnia Blah, de ahí la terminación y son famosos por ser grandes conversadores. Los Bocables de la región del Loira es un bosque que fertiliza las tierras cercanas al cauce y cerca del delta se produce trigo en grandes cantidades. De los Bocablis la información se encuentra perdida irremediablemente, solamente existe una mención en una página borrosa en el pergamino original de los Anales de Heródoto.

Los Bocablos se caracterizan por generar grandes árboles de frondas intrincadas y fauna única entre la Selva Negra de Alemania y los fiordos noruegos en Europa; pero el más atractivo es el bosque del bosque de los Bocablues el cual McKinley Morganfield y Chester Burnett, conspicuos investigadores afroamericanos, lo ubican en la delta del Mississippi, lo describen con vegetación exuberante y caminos con múltiples encrucijadas en las que los nativos relatan un sinnúmero leyendas sobre apariciones y personajes que realizaron pactos con el diablo, pero lo más intrigante es la enigmática E intercalada después de la U por los autores citados, cuyo significado tristemente emocional aún no logra ser descifrado.