Colaboraciones

La excelencia de The Alan Parsons Project

¿Has escuchado a The Alan Parsons Project? Si lo primero que vino a tu mente fueron las notas de “Eye in the Sky”, entonces me vas a responder que sí. Esta canción ha circulado durante más de cuatro décadas, desde que se dio a conocer en 1982, y es la que más identifica al dueto inglés; pero, y disculpa si digo una obviedad, su obra no se agota en esa canción. Hace unos días, volví a escuchar Pyramid, su elepé de 1977, y me llevé tan favorable y renovada impresión que sentí un gran deseo de acudir al resto de la discografía.

Revisé las grabaciones publicadas entre 1976 y 1987, encontrándome con un caso especial de colaboración artística y de negocios en el que los productores prevalecen, con el criterio de crear álbumes que requieren cuarenta minutos de atención, y no sencillos que se consumen en tres minutos. Tomé al respecto algunas notas que aquí comparto.

The Alan Parsons Project es el proyecto en el que Alan Parsons (n. 1948) y Eric Woolfson (1945-2009) forman una sociedad de composición y producción. Alan es ingeniero de grabación, compositor, productor artístico y multiinstrumentalista. Mientras que Eric es cantante, compositor, pianista, mánager y productor ejecutivo.

Parsons está en el oído público debido a la vigencia de importantes producciones en las que él participó, entre ellas The Dark Side of the Moon, el célebre disco de Pink Floyd en el cual fungió como ingeniero, recibiendo unánime reconocimiento por su trabajo en esa grabación.

El equipo formado por ambos músicos desarrolló su trabajo exclusivamente en el estudio de grabación ─no tuvo presentaciones en escenarios─, con una estructura grupal abierta en la cual participaron distintos músicos, a diferencia de lo que ocurre en el común de las bandas, que suelen ser grupos cerrados, con el cantante como figura prevaleciente.

Por cierto, hay quienes me han dicho que The Alan Parsons Project sí dio conciertos, y que incluso se ha presentado en la Ciudad de México. Pero la verdad es que no es así. Quien se ha presentado en nuestro país es Alan Parsons como tal, y no hay que confundirlo con The Alan Parsons Project, que fue una asociación de dos personas: Parsons y Woolfson.

Y es así, en plan solista, como se presentará en el Velodrómo de la Ciudad de México, el 16 de octubre de 2026. Siendo tanto Alan como Eric compositores y hombres de negocios a la vez ─con sus respectivas especialidades en producción─, lo que consiguen es tener un control casi absoluto de las diferentes fases del proceso de producción, que empieza en la composición y termina en la recepción del público. Y digo “casi” por la dirección ejercida por la compañía Arista en el aspecto del marketing, a través del empresario Clive Davis.

El reto para mí como escucha radica en que sepa comprender ese nexo tan estrecho que existe entre la composición, la producción y la comercialización. La visión de ambos armoniza libertad artística con accesibilidad para el consumo masivo. La tónica dominante es el equilibrio en cualquier aspecto, así como la excelencia, parámetro de lo mejor que hay en el rock.

El sonido tiene un rol protagónico que no se impone a las canciones, todo lo contrario, las engrandece, favoreciendo las melodías. Recibe un tratamiento meticuloso, preciso, claro, pero sobre todo muy expresivo y cálido, factores clave para la recepción de un tipo de música compleja, magnífica por su concepción orquestal, con arreglos de Andrew Powell.

Las canciones abordan temas literarios, relacionados con la magia, de orientación oscura o esotérica, con acento psicológico, expuestos bajo la forma de álbumes conceptuales: ¡diez en once años!

Entre paréntesis: una gran sorpresa me llevé al toparme con otro disco temático dedicado a Sigmund Freud, con canciones compuestas por Eric Woolfson, producido por Parsons. Se titula Freudiana (1990) y también es una maravilla. Es el primer trabajo de Woolfson como solista y punto de partida para su futura obra en el teatro musical, que siguió por consejo de Andrew Lloyd Weber.

No hace falta reseñar el conjunto de grabaciones en su totalidad, porque escribo estas líneas más para compartir algunas ideas que para entrar en detalles informativos. Comparto mi entusiasmo por escuchar música con libertad, de manera aventurada, arriesgada.

Es como si tomaras tu bicicleta para recorrer un camino desconocido, que a su vez te lleva a otro y a otro, por asociación. Así descubres lo inesperado, y ese descubrimiento lo asimilas a tus experiencias previas. Llegas así a conformar un punto de vista, o dicho de otro modo, tu propio punto de escucha. Es importante el aspecto subjetivo en la escucha, significa la singularidad de cada quien al poner atención. Por ello, una vez dicho lo anterior, vuelvo a la pregunta: ¿de verdad has escuchado a The Alan Parsons Project?