Charla con Edgar Agordo
Edgar Agordo Yedra, es un extraordinario baterista inmerso en la comunidad del blues en México. Reconocido por un servidor en varios años en el ejercicio de los Destacados del Blues Hecho en México. En días pasados me llegó a mi celular una notificación de esas que llegan a diario, recordando publicaciones que hemos realizado en años pasados, y curiosamente, trataba de un jam que se realizó en el marco del Festival de Blues en San Luis Potosí. En ese evento coincidió que Edgar era el baterista de la banda Los Mind Lagunas que organizó el palomazo y yo fui uno de los tecladistas invitados. Quiero decir entonces que al menos una vez hemos tocado juntos.
A continuación, tenemos a Edgar Agordo aquí con unas palabras exclusivas para Cultura Blues…
¿Cómo se autodescribe Edgar?
Me defino como una persona entusiasta, guiada por una fuerte vocación de servicio y una ética de humildad. Poseo una alta capacidad de percepción que me permite conectar con los demás de forma genuina, priorizando siempre el valor humano y la colaboración efectiva dentro de cualquier proyecto.
¿Dónde naciste y creciste y qué fue lo que hizo interesarte por la música?
Nací en Santa Ana Tlacotenco, Milpa Alta (CDMX), un origen que llevo con orgullo y donde inicié mi formación musical. Mi interés por la música es un legado familiar: crecí inspirado por mi hermano y mi padre, quien lideró su propia agrupación. Un momento definitorio en mi vida ocurrió a los 5 años, cuando tuve mi primera experiencia profesional en un escenario gracias a una colaboración con una agrupación famosa, amigos de mi padre. Esa vivencia no solo marcó mi vocación, sino que convirtió a la música en mi motor para recorrer gran parte de México, permitiéndome evolucionar desde mis raíces en el pueblo hasta la dinámica escena de la gran urbe.
¿Cómo llega la batería a tu vida?
Mi llegada a la batería fue un acto de audacia y destino. A los 10 años, formaba parte de una agrupación de músicos experimentados cuando, ante la ausencia inesperada del baterista titular, el director confió en mi capacidad de observación y me pidió cubrir el puesto. Acepté el reto sin dudar y esa noche no solo rescatamos la presentación, sino que descubrí mi instrumento de vida. Más tarde, en mi camino profesional, decidí formalizar ese instinto ingresando a la Escuela Superior de Música, complementando mi formación académica con un estudio autodidacta constante, una disciplina que comparto con los colegas que más admiro.
Platícanos de tu encuentro con el blues.
Durante mis estudios de Psicología en la UNAM, tuve la fortuna de cruzar caminos con el profesor Guillermo Samaniego. Más allá de las aulas, su influencia fue vital para mi desarrollo como músico; su oficina, un santuario del Jazz y el Blues, fue el punto de partida para conocer el género y meses después fundar la banda SOMA-BLUES junto a mi colega Artemio. “Memo” fue un maestro excepcional en la academia, pero su legado más grande fue introducirme al lenguaje del Blues con una profundidad profesional, compartiendo conmigo su archivo personal, sus amistades y su vasta experiencia en los escenarios.
¿Quiénes fueron tus primeros ídolos? y ¿quiénes son tus influencias musicales?
Mi identidad musical se ha construido sobre un eclecticismo profundo. Desde mis inicios, mi bagaje se nutrió de la riqueza de los ritmos latinos y el Jazz afrocubano, con referentes como Irakere y Arturo Sandoval, complementado por una fuerte conexión con la música tradicional mexicana y el Rock clásico. Sin embargo, mi perspectiva dio un giro definitivo al descubrir el sonido de las Big Bands; la sofisticación del swing marcó un antes y un después en mi formación. En el Blues, mi lenguaje se consolidó bajo la influencia de figuras como Koko Taylor y los ‘Tres Kings’ (B.B., Albert y Freddie), pero sobre todo por la estética de Junior Watson y el dinamismo del Blues de la Costa Oeste.
¿Qué significa el blues para ti?
Para mí, el Blues trasciende la narrativa del sufrimiento para convertirse en un momento de conexión total y aquí y ahora. Para mí representa un estado de gozo absoluto y presencia plena. Es una circunstancia única e irrepetible en la que el corazón se sincroniza con la técnica, logrando una unidad entre el intérprete y su audiencia. Es un vehículo de conexión humana que nos permite transitar por todo el espectro de las emociones —desde las más luminosas hasta las más complejas— con el único fin de reafirmar nuestra vitalidad.
Para quien lo ejecuta y para quien lo escucha, el Blues es la prueba tangible de que estamos presentes, sintiendo y celebrando nuestra humanidad a través del sonido. Más que un género, es un estado de conciencia donde cada nota y cada solo funcionan como un recordatorio de que estamos vivos. No se trata solo de buscar emociones agradables, sino de experimentar la honestidad de sentirnos humanos, transformando cualquier sentimiento en un acto de gozo y catarsis colectiva.

¿Desde cuándo y cuáles son las agrupaciones a las que has pertenecido en tu trayectoria?
Mi trayectoria es un recorrido de evolución constante que inició a los 10 años, permitiéndome explorar diversos géneros y escenarios. Mi primera etapa transcurrió en agrupaciones de música regional como ‘El Paraíso Sureño’, ‘Banda La Libertad’, ‘Banda Z’ y ‘Los Alegres de Morelia’. A los 16 años, consolidé mi profesionalismo al integrarme a ‘La Explosiva Banda Acero’, una agrupación sinaloense con base en la CDMX que marcó mi madurez en la escena comercial.
A los 28 años, di un giro decisivo hacia el Blues, fundando proyectos emblemáticos como SOMA-BLUES y Los Padrinos (Funk, Blues, Soul). He formado parte de alineaciones destacadas como Los Mind Lagunas, Blues Dealers, Ángel D’ Mayo Blues Band y Blues And Trouble.
A nivel nacional, he tenido la fortuna de colaborar y compartir escenario con los músicos más influyentes de la escena del Jazz y el Blues en México. Esta sólida reputación nacional me ha permitido proyectarme internacionalmente como baterista de artistas de gran renombre.
¿Con qué músicos participas regularmente en la actualidad?
En los últimos años, mi carrera se ha visto profundamente enriquecida por la colaboración constante con los máximos exponentes de la escena del Blues, el Jazz y el Funk en México. He tenido el honor de compartir innumerables noches de música al lado de destacados colegas y amigos como: Emiliano Juárez, Krusty Robledo, Nacho Quirarte, ‘Pelusa’, Adrián Bosques, Adrián Murguía, Fer Ruvel, Lari Ruvel, Pietro Rivera, Tincho Amenabar y MarquesLap, entre muchos otros talentos que hoy definen el sonido del género en nuestro país.
Aunque la lista de amigos y colaboradores es extensa, guardo un profundo agradecimiento y satisfacción por compartir el escenario con cada uno de ellos; su profesionalismo y amistad son piezas clave en mi desarrollo y me hacen sentir plenamente integrado en esta vibrante comunidad musical.
Sabemos que en tu trayectoria has formado parte de ensambles que han acompañado a artistas internacionales, ¿nos puedes nombrar de quiénes se tratan?
Ahora recuerdo a algunos de ellos, de la escena de Chicago: Rockin’ Johnny Burgin, Jimmy Burns, Demetria Taylor y Dave Herrero. Latinoamérica: Tomy Espósito (Argentina), Jorge Costales (Argentina) y José Ramírez (Costa Rica). Internacional: Big Blues Wayne (Los Ángeles) y Tonky de la Peña (España).
Generalmente los ensambles que acompañamos a dichos artistas los realizamos con la presencia de mis grandes amigos: Emiliano Juárez, Krusty Robledo, Nacho Quirarte, ‘Pelusa’, Adrián Bosques, Adrián Murguía, Fer Ruvel, Lari Ruvel, Pietro Rivera, Tincho Amenabar, MarquesLap, Artemio Saldivar, Juan Carlos Flores, y Emiliano Olvera.
¿Nos compartes una anécdota divertida en alguna de estas presentaciones con músicos internacionales?
Una de las experiencias más divertidas y formativas de mi carrera ha sido trabajar con Tonky de la Peña, un referente que ha recorrido el mundo junto a las leyendas del Blues y el Rock. Al principio, su exigencia en el escenario era tal que no dudaba en corregirme o hacerme gestos frente al público; sin embargo, esa etapa culminó en una lección invaluable de showmanship.
Antes de una presentación, se acercó para decirme: ‘Edgar, no lo tomes personal, es parte del show. Los grandes como Ray Charles o B.B. King sabían que el drama y la exigencia en escena son parte de lo que el público busca’. Entender que la música es también una narrativa visual y emocional para la audiencia cambió mi perspectiva sobre el papel del músico en el espectáculo.
¿Nos invitas a ver algún video de una de tus actuaciones?
Aunque no soy un usuario intensivo de redes sociales, mi trayectoria está bien documentada en la práctica. En YouTube se puede encontrar registro de mis etapas iniciales y mi evolución constante. Actualmente, prefiero que mi presencia digital se nutra de la experiencia orgánica: son las historias en Facebook e Instagram de la audiencia que nos acompaña semana a semana las que mejor reflejan mi actividad. Para quienes buscan una referencia reciente de mi sonido, recomiendo mucho la sesión en vivo que grabamos para la estación Horizonte Jazz acompañando a José Ramírez; fue un concierto lleno de energía y una excelente muestra de la complicidad que logramos con el público.
¿Cuáles son tus proyectos a corto plazo?
Actualmente, me encuentro en una etapa de gran dinamismo creativo. Durante esta primera mitad del año, mi prioridad es la grabación del nuevo álbum del guitarrista José Ramírez, con quien colaboro activamente en su gira por México. Paralelamente, he iniciado la preproducción de un proyecto personal muy ambicioso: un álbum colaborativo que funcionará como una antología de estilos del Blues y el Funk. Este material reunirá a los músicos más destacados de la escena nacional para explorar diversos ritmos y matices, siempre respetando las raíces y el sonido original. Mi objetivo es crear una obra que sintetice mis influencias y celebre la riqueza del talento con el que tengo el privilegio de compartir el escenario.
¿Qué nos puedes decir de las noches de Jam en Jazzatlán Capital y en Casa Franca?
Las noches de Jam en espacios emblemáticos como Jazatlán o Casa Franca son el corazón palpitante del Blues en México. Como parte de la banda de casa, tengo el privilegio de ser anfitrión de una sinergia única: recibimos a figuras internacionales que buscan conectar con la escena local, a colegas nacionales que se suman por pura camaradería y a nuevos talentos que encuentran en el Jam un semillero esencial para su formación.
Para mí, estos espacios han sido determinantes; ahí he compartido escenario con mis mayores influencias y he forjado las alianzas que hoy son mis proyectos más sólidos. Es un ecosistema que debemos proteger y fomentar, pues al nutrir la escena, nos enriquecemos profundamente como artistas.
La vida es más que música, ¿hay algún otro campo que influya en tu vida actual?
La Psicología llegó a mi vida para quedarse y hoy es un pilar fundamental de mi identidad. Actualmente, me desempeño profesionalmente en una institución educativa de prestigio, una labor que dota de un propósito profundo a mi día a día. Lejos de alejarme de los escenarios, mi formación como psicólogo fortaleció mi nexo con la música, permitiéndome compaginar ambas pasiones con una sinergia inesperada.
Esta disciplina me ha brindado una consciencia distinta sobre el impacto del sonido en la psique humana y en mi propia persona. Además, fue la Psicología la que propició mi encuentro con Guillermo Samaniego, quien no solo fue mi mentor académico, sino la figura que me guió a descubrir y amar el Blues con una profundidad única.
¿Cuáles son algunas de las lecciones más importantes que has aprendido de tu experiencia como artista?
Tengo la convicción de que, al igual que los árboles, mientras más crecemos como artistas y como seres humanos, más profundas y fuertes deben ser nuestras raíces. Para mí, la música nunca se ha tratado de competir o demostrar superioridad; se trata de humildad, de colaboración y de entender que cada uno de nosotros entrega lo que tiene desde el corazón. Mi propósito es generar momentos de comunidad donde la distinción entre el músico y la audiencia desaparezca, permitiéndonos gozar de una experiencia colectiva. Al final del día, todos los que nos reunimos en torno al Blues venimos con un mismo propósito: celebrar la vida y gozar juntos el aquí y el ahora.
¿Dónde podemos saber de tus actividades?
Aunque a veces mi enfoque está más en la ejecución que en la difusión, me mantengo presente en redes sociales para conectar con el público. Constantemente comparto mis presentaciones en Instagram y Facebook, en donde me pueden encontrar como Edgar Agordo Yedra. No hay otro igual con esa combinación de apellidos, así que es fácil localizarme. Los invito a seguir mi actividad ahí para que nos encontremos en el próximo escenario y sigamos compartiendo el gozo de la música.
¿Gustas dirigir algunas palabras a los lectores de Cultura Blues?
A pesar de no ser una música de tendencias masivas, el Blues persiste como el cimiento fundamental de la música contemporánea; es la raíz genética que sostiene la industria actual. Interpretarlo requiere una madurez que trasciende la técnica, pues su ‘sencillez’ es solo superficial. Mi invitación para los lectores de este espacio es a mantener viva esta llama: apoyen la escena local, profundicen en la diversidad de estilos y exijan excelencia en cada presentación. Difundir el Blues es una responsabilidad compartida; es un género que posee la magia de cautivar a cualquiera, siempre y cuando se le brinde el espacio para ser escuchado y sentido en toda su plenitud.
¿Algo más que quisieras comentarnos?
No puedo cerrar este espacio sin expresar mi más profundo agradecimiento a Guillermo Samaniego, quien el año pasado partió de este plano, pero dejó una huella imborrable en mi ser; hoy, intento honrar su memoria manteniendo vivo el espíritu del Blues que él me heredó. Asimismo, mi gratitud total a la revista Cultura Blues y a sus magníficos editores por la labor titánica de sostener esta escena y brindarnos la oportunidad de compartir nuestra visión con quienes aman este género. Espero verlos pronto en alguna presentación para seguir compartiendo la música; mientras tanto, no duden que estoy siempre a sus órdenes.
