El blues hecho en México es blues mexicano
Foto: Betsy Pecanins presentando su Ave Phoenix en el Teatro de la Ciudad (23/07/2016). Foto por Rafael Arriaga
Para referirse al blues local, entre músicos, promotores o periodistas, hay quienes se inclinan por emplear la frase “blues hecho en México”, evitando la de “blues mexicano”. Ignoro cuál sea la razón de esa preferencia. El uso de “blues hecho en México” no suele ser justificado y sería interesante saber exactamente qué significa, pero dado que Hecho en México es una marca que indica lugar de origen, entonces el “blues hecho en México” es “blues mexicano”.
En los años setenta, durante el gobierno de Luis Echeverría, se lanzó una campaña con el eslogan “Lo hecho en México está bien hecho”, con el fin de exaltar la calidad de los productos regionales, en el mercado nacional y en el internacional. La sustancia de esa estrategia publicitaria ha pervivido a lo largo de los años. Actualmente, Hecho en México es una marca nacional que identifica productos mexicanos con reconocimiento (respaldo) por su calidad, pertenece al Gobierno de México y es operada por la Secretaría de Economía, encargada de autorizar su uso a los productores interesados.
La siempre bien recordada Betsy Pecanins tenía muy claro que no había diferencia entre una y otra opción. De padre estadounidense y madre catalana, nacida en Arizona, mexicana por voluntad, decía: “La música que yo hago es mexicana porque está hecha en México”. Y su música era el blues.
Si bien el “blues hecho en México” es “blues mexicano”, la elección de uno u otro rubro supone adoptar posturas distintas, por ser el primero una marca comercial y el segundo un concepto cultural. La marca es popularmente conocida, pero su uso requiere autorización, no es libre o que pueda ostentarse por gusto personal o por mis pistolas.
La marca Hecho en México proviene de otra creada en Estados Unidos, Made in USA, y ésta a su vez se inspira en la legislación británica. En otra época, la denominación de origen Made in…, tenía connotaciones peyorativas. En 1887 el Parlamento británico prescribió que los productos alemanes llevaran el sello Made in Germany para que los consumidores ingleses los reconocieran como inferiores y se inclinaran por la producción nacional. Pero como efecto boomerang su significado acabó por establecerse en sentido contrario, como sello de calidad y timbre de orgullo, y es así como se entiende hoy en día.
No obstante que tanto “blues hecho en México” como “blues mexicano” aluden a cuestiones de identidad y legado, la segunda expresión es un concepto cultural que carece del carácter mercantil que la otra sí tiene, por eso prefiero su empleo en un contexto de creación, producción y difusión. Implica el reconocimiento de toda una comunidad que ha creado un blues con características propias. Cómo ha ocurrido, tal fenómeno puede estar sujeto a controversia, pero lo cierto es que el concepto “blues mexicano” nos remite a un espacio determinado y a un tiempo específico. Es decir, a un contexto único.
Además, y no lo digo como si fuera un mero añadido, sino como algo fundamental, si hablamos de “blues mexicano” la discusión acerca de su validez conceptual nos ubica en uno de los problemas filosóficos que más han atizado la fogata intelectual en nuestro país: la de cuál es la naturaleza del ser mexicano. Me motiva, como periodista y productor, la posibilidad de examinar qué puede aportar el blues para dilucidar esa cuestión. Por eso prefiero el concepto “blues mexicano”, porque permite un acceso llano (sin rodeos) a la historia cultural de México.

