La música está en el silencio del otro
La música está en el silencio del otro
La escucha como oficio
Para Ramón Ochoa, músico de rock
¿De dónde proviene la perspectiva que tengo acerca de la música? Es la pregunta que me ronda últimamente, enfrascado en la escritura de textos autobiográficos que tienen que ver con mi formación profesional. Y la respuesta es que proviene de fuentes diversas y no de una sola. De las más importantes, es el hecho de que hayan compartido conmigo sus experiencias de vida los mismos artistas, permitiéndome escucharlos.
Asimilé tales experiencias como periodista. Eso quiere decir que las reuniones no surgieron en forma espontánea o informal, sino como parte de actividades promocionales planeadas por compañías de discos, agencias de management, sellos independientes, medios de comunicación, y demás elementos constitutivos del entramado socioeconómico de la música.
Hago tal apunte para poner de relieve que la interacción del periodista con las personas involucradas en el quehacer musical ocurre en un marco formal y con objetivos específicos de promoción y difusión.
Sin embargo, incluso en estas situaciones previamente codificadas es posible entablar diálogos libres de relaciones estereotipadas y abiertos a la emisión de experiencias con calidad humana. A fuer de mantener esta clase de diálogos en forma sostenida a lo largo de los años, de manera significativa se forjó la perspectiva que tengo de la música en la actualidad.
En algunos casos hice entrevistas en hoteles de lujo; en otros, los encuentros de dieron siguiendo los gestos de un productor musical mientras dirigía cierta grabación, o coincidiendo en conciertos, estudios de televisión, o en sets para producir videos. También en la intimidad de los ensayos o de las convivencias hogareñas, como anfitrión o invitado. En todas las ocasiones, conmigo como escucha.
Recuerdo aquellas veces en las que me senté a almorzar con un compañero músico en las entrañas de un pueblo coyoacanense. Heredé entonces un gran saber con sólo conversar ante una taza de café y un plato de chilaquiles. Conmovido al escuchar el relato de un veterano baterista acerca de cómo vive su vejez, sentí que había recibido una transfusión de memoria, siendo él de una generación anterior a la mía. Él acercándose a los ochenta años, y yo a los setenta. El presente escrito es el resultado de tales conversaciones, luego de haberme tomado tiempo para elaborarlas. Y ese compañero músico se llama Ramón Ochoa, pieza clave para la cultura del rock, con una trayectoria de más de seis décadas.
Así pues, he tenido valiosos aprendizajes, diferentes entre sí, pero con un principio en común: la adquisición por parte mía de conocimientos prácticos, indispensables en la formación de mi perfil profesional, en especial cuando experimenté el pasaje transdisciplinar del periodismo hacia la producción ejecutiva, en el cambio del siglo XX al XXI. No abandoné una disciplina para seguir otra: las integré para desarrollar un sistema de trabajo más completo.
Para que se entienda mejor la razón por la cual para mí resultó vital compartir experiencias de vida, recordemos que hasta bien entrados los años ochenta, la formación profesional de quienes nos hemos comprometido en levantar una infraestructura para el rock y el blues, dependía en gran medida de la transmisión del conocimiento por vías orales, ante la inexistencia de recursos formales (institucionalizados) que propiciaran esa formación. Opciones de este tipo empezaron a surgir paulatinamente en años posteriores, con base en un cúmulo de conocimientos generado en los años previos, independientemente de si esto lo reconocen o no las nuevas generaciones de músicos, periodistas, productores, académicos, etcétera.
En el intento de encontrar qué elementos facilitaron mi transición de periodista a productor ejecutivo, me di cuenta de que hay uno sin el cual esa evolución no hubiera sido posible: la escucha consciente, entendida como capacidad auditiva y cognitiva. Como periodista, escucho para documentar. Como productor ejecutivo, escucho para decidir en qué invertir. Procedimientos y resultados son diferentes, pero en ambos casos se erige la escucha como oficio.
Se dice que Mozart argumentó: “La música no está en las notas sino en el silencio entre ellas”. John Cage llevó esta idea al extremo, destacando el silencio del intérprete en la creación musical. Cuando éste calla, la música surge del ambiente. Por mi parte, sostengo que la música está en el silencio del otro. Parece una variante de las otras, sin embargo, no son lo mismo. Las primeras tienen carácter musical, referidas al silencio entre notas (partitura) o a la ausencia del intérprete (ejecución). Mientras que la última es de carácter psicológico (recepción), referida al silencio de quien escucha. La escucha consciente es una escucha respetuosa, su base es ética.
Como periodista, aprendí acerca de la naturaleza de la música, cómo se crea y la condición de autor que surge de esta creación. A la postre, dicho aprendizaje resultó crucial para entender cómo llega la música al público, ruta que es el campo de acción del productor ejecutivo. Como periodista, innumerables veces describí esa especie de carretera donde viajan músicos y público. Como productor, pasé a ser el ingeniero que diseña esas autopistas y también el albañil que las construye.
En cierta ocasión, luego de haberlo entrevistado tres veces en diferentes periodos, Fito Páez me dedicó su disco Euforia, rubricado con estas palabras: “Para Rodrigo, gran amigo, perceptor del mundo. Con aprecio”. Así es como él me veía en tanto periodista. Como productor ejecutivo soy más un constructor que un perceptor. Participo en la construcción del sentido que tiene la música para el público.
Gracias a la experiencia adquirida como periodista comprendí que la producción ejecutiva no se limita a las actividades de gestión o de administración de recursos monetarios, humanos o técnicos, sino que resulta ser una praxis esencial para articular la actividad artística y la estructura organizativa que canaliza la música en dirección a la audiencia. Además, advertí la importancia del sustrato ético y existencial que exige el desempeño fuera del ámbito mercantil, conocido como medio independiente.
El tiempo es como una criba que deja ir las vivencias personales superfluas y retiene las que de verdad importan, las que nos permiten comprender el complejo mundo en el que vivimos. Mis encuentros con gente vinculada al quehacer musical corresponden a esta última categoría, lo que se queda en la criba es la experiencia compartida.
Si deseas contactarme por favor escribe a: rodrigofariasbarcenas@gmail.com
