El blues contemporáneo dialoga con el tiempo
(Buddy Guy en el Festival de Blues en Chicago 2024. Foto por José Luis García Fernández)
Significado del concepto blues contemporáneo
Quiero hacer un intento por esclarecer el significado del concepto blues contemporáneo, como lo hace un ensayista para hacer comprensible el modo en que emplea su lenguaje. En Estados Unidos la expresión Contemporary Blues tiene el significado de una categoría musical que agrupa a cierto tipo de intérpretes para diferenciarlos de otros, los que pertenecen a la categoría Traditional Blues.
Ambas categorías están avaladas por la industria discográfica a través de los premios Grammy (The Recording Academy) o de los Blues Music Awards (The Blues Fundation). Están debidamente codificadas (o estandarizadas) para distinguir una de otra sin confusión. Compañías discográficas especializadas, publicaciones como Billboard, y plataformas como Spotify y Apple Music también han institucionalizado el uso de la categoría Contemporary Blues.
Para expresar mi punto de vista no voy a basarme en aquellas categorías musicales porque en México no se han institucionalizado como en Estados Unidos. Me voy a referir al blues contemporáneo como un concepto cultural dinámico que da cuenta de los cambios que ha experimentado el blues a lo largo de toda una historia que rebasa un siglo.
Suele pasar que el concepto blues contemporáneo se use, de manera incorrecta, para aludir a un blues creado a partir de los años sesenta, estableciendo una contraposición con el blues tradicional de corte acústico y rural, que destacó en los años veinte y treinta, y distinto al blues clásico, eléctrico y urbano, que se consolidó en distintas ciudades, pero sobre todo en Chicago, durante los años cuarenta y cincuenta.
Tal antagonismo no tiene justificación si consideramos que en realidad el blues contemporáneo es el resultado de todo un complejo proceso de difusión cultural ligado a la evolución del blues a lo largo del siglo XX en Estados Unidos, evolución a su vez vinculada con la del jazz, y a partir de mediados de los cincuenta como fundamento para el rock & roll, rock, soul y funk. El blues contemporáneo no tendría sentido sin su vinculación con las raíces, lo tradicional y clásico.
José Luis García Fernández, director de la revista electrónica Cultura Blues, hace una síntesis de dicho proceso de difusión cultural en la sección “Nosotros”: “Actualmente el blues es interpretado (reinventándolo y reciclándolo en cada ocasión), por infinidad de músicos en muchas partes del mundo. De una manifestación propia de los segregados pasó a formar parte del acervo cultural del mundo. Hasta antes de 1960, el blues representó el sentimiento de la mayoría de los afroamericanos, pero resulta innegable que constituye una de las más fuertes influencias en la música popular contemporánea. El blues es la presencia musical por excelencia a nivel mundial, junto con sus afluentes queridos como son el rock y el jazz, que han venido configurándose desde principios del siglo XX y por añadidura lo que va de este siglo XXI”.
Igual es un error hablar del blues contemporáneo como si fuera un género musical. La contemporaneidad, siendo estrictos, establece la relación que guarda una expresión artística con la realidad vivida en un tiempo y en un espacio concretos. Esa relación es dialéctica, una parte modifica a la otra y viceversa, en contextos de continua transformación social y cultural. Referirse a un blues contemporáneo supone reconocer en el blues su devenir histórico y propensión a cumplir con su vocación universal.
La imagen de un puente cultural se encuentra un tanto gastada, pero es lo que significa el blues, una posibilidad para las comunidades del mundo de comunicarse y conocerse a sí mismas y entre sí, de entender cómo el ser humano experimenta subjetivamente su época. Evocando sus orígenes relacionados con el rechazo a la explotación esclavista, pasando por las luchas a favor de los derechos civiles, el blues hoy en día se ha convertido en un símbolo mundial de lucha en contra de cualquier forma de opresión y marginación, dota a la sociedad de un poder para rebelarse en contra de esas condiciones.
El blues y la crónica del American Dream en declive
A partir de los años sesenta, deja de ser una expresión única de los estadounidenses de raza negra cuando es aceptado y reivindicado en países europeos, siendo en Inglaterra, principalmente, donde empieza a arraigarse al ser asimilado por los músicos de jazz y rock.
Así, el blues inicia una tendencia decisiva e irreversible a expandirse por el mundo, México incluido, en un escenario de radicales cambios sociales, impulsados en buena parte por las luchas antirracistas y anticolonialistas, abriéndose a formas expresivas distintas a las del blues campirano y urbano de antaño, y con temáticas adecuadas a los tiempos que corren.
En ese entonces levantaron la voz a favor de los Derechos Civiles ‒para combatir la segregación racial, exigir el fin de la violencia, y tener derecho al voto‒, y para protestar contra la guerra de Vietnam, músicos de blues como Nina Simone, James Brown, Curtis Mayfield, Johnny Shines, John Lee Hooker, Aretha Franklin, Pete Seeger, Barbara Dane, Odetta, Willie Dixon, Junior Wells, J.B Lenoir, entre otros.
Es una práctica, la de protestar y denunciar, heredada de generaciones anteriores de bluseros y mantenida por las generaciones posteriores. A través del blues contemporáneo perviven manifestaciones que se oponen al belicismo, al racismo, a la explotación laboral, a fenómenos que caracterizan nuestra época, como la gentrificación y la pérdida de identidad personal y comunitaria, se difunden proclamas feministas y otras que combaten acciones represivas. Escúchese a Fantastic Negrito, Shemekia Copeland, Gary Clark Jr. o Adia Victoria.
Pero, sobre todo, en el blues contemporáneo se está haciendo la crónica del American Dream en declive, como ha ocurrido en tiempos recientes con la oposición al afán de poder absoluto demostrado por el presidente Donald Trump, cuya gestión ha sido impugnada musicalmente por, entre otros, Eric Bibb, Rick Estrin & The Nightcats, Robert Cray o Dave Specter.

Rasgos del blues contemporáneo
Han cambiado los procedimientos de registro discográfico con la incorporación de innovaciones tecnológicas, mejorando el sonido; y también las formas de difusión a través de las redes sociales, revistas electrónicas, diversas plataformas, radio, circuitos de escenarios y festivales, y específicos métodos de marketing.
Las acciones colaborativas son diferentes debido a la tecnología actual. Christian Wolf, músico de blues y productor mexicano, así lo explica: “Hoy en día la informática es una buena herramienta para todo lo que concierne a producción musical, los equipos de trabajo son de manera virtual y tecnológica, ya que las aplicaciones y softwares permiten trabajar como si se tuviera un equipo de profesionales disponibles a nuestro servicio” (Cultura Blues, num. 170, julio de 2025).
El blues contemporáneo conservó las características esenciales del blues, como su estructura musical y poética, sus ritmos típicos (shuffle, walking bass, swing ), su capacidad para expresar emociones en profundidad ‒con la música, la voz y el lenguaje corporal‒, la instrumentación básica siguió siendo la misma ‒guitarra eléctrica, slide y acústica, bajo, batería, teclados, armónica, trompeta, saxofón, trombón‒, con la posibilidad de incorporar prácticamente cualquier otro instrumento, como el tradicional samisén de Japón o el hurdy gurdy de origen medieval.
Otro rasgo notable del blues contemporáneo consiste en su flexibilidad para entrar en fusión con otras expresiones musicales del mundo, algunas tradicionales y otras de nuevo cuño a partir de los años sesenta. Por ejemplo, con música orquestal, con el folk rock, con el reggae, con la música flamenca, con el punk, con el hip hop, con la música electrónica, con la experimental, con la folclórica mexicana, con la tradicional africana, con el folclor tuvano (o sea, de la República de Tuvá), con el tango, con la world music, o con ritmos afroantillanos.
Betsy Pecanins, Dwight Carroll, Papa John Creach
En mi caso, el primer contacto que tuve con la noción de blues contemporáneo ocurrió cuando escuché a dos de sus principales exponentes, según la definición aquí expuesta: Taj Mahal y Papa John Creach, con sendas y extraordinarias actuaciones en el Auditorio Nacional, como parte del Quinto Festival de Jazz y Blues’ 83. Mostraron un repertorio de blues abierto a múltiples influencias, diferente al de los exponentes clásicos que también se habían presentado en el mismo festival en otros años, por ejemplo: Willie Dixon, Muddy Waters o John Lee Hooker.

En ese mismo evento participó Betsy Pecanins, quien dos años después contó con la colaboración de Dwight Carroll, director musical de Papa John Creach, como director artístico, arreglista, guitarrista y cantante, en la producción del disco Betsy Pecanins canta blues (WEA, 1985).
Acerca de la importancia de este disco sería necesario escribir una historia aparte, por lo que ahora me limito a plantear que para mí es el que instala la noción de blues contemporáneo en nuestro país ‒con la sutileza de sus fusiones, elegancia instrumental y producción pulida‒ cuando el blues estaba experimentando un importante resurgimiento en los años ochenta.
Y como el proyecto musical de Betsy es la matriz de donde nace Real de Catorce, Betsy Pecanins canta blues vendría a ser a su vez el principal punto de referencia discográfico para considerar el trabajo de esta banda como blues contemporáneo en México, con su asimilación de un blues impuro con más virtudes que pecados, justificada decisión artística que enfrentó barreras en su recepción pública.
En la transición del siglo XX al XXI se abrió una nueva etapa en la trayectoria de Real de Catorce cuando junto con el grupo, los productores ejecutivos nos concentramos en conformar totalmente la identidad de Real como un grupo de blues contemporáneo, enfatizando su vigencia.
Sin embargo, tuvimos que lidiar con los prejuicios de un sector del público aficionado al blues, cuyo gusto musical parecía haber sido troquelado por el blues eléctrico de Chicago, quedando incapacitado para reconocer como blues expresiones distintas a esa. A semejante fenómeno atribuyo que en nuestro país apenas y sean conocidos como parte de la historia del blues gente tan importante como Pete Seeger y Barbara Dane.
Además, un sector de músicos y promotores en medios defendió la supuesta pureza del blues (su condición de ser ajeno a las fusiones), contraponiendo el blues clásico de Chicago al blues contemporáneo. Afortunadamente, tal es una postura que ha perdido su cuota de poder en la actualidad. Es obsoleta, ya no determina quién sí es blues y quién no, obstaculizando la difusión del que según no es.
En las última dos décadas, el blues ha sido cada vez más asimilado a nuestra cultura popular de muy diversas maneras, y hasta con características regionales en letra y música, enfrentando con alternativas en materia artística y organizativa, más una participación femenina cada vez mayor, las consecuencias de condiciones económicas adversas y una política cultural restrictiva en materia presupuestal, e indiferente con la creación y producción del rock, jazz y blues.
Compositores y compositoras de las nuevas generaciones han aportado al blues mexicano actual contenidos que empatan con la realidad tal como es ahora en nuestro país: cómo se vive en los barrios, acerca de los aspectos confortables u hostiles de la vida cotidiana, contra el machismo en las relaciones amorosas; también escuchamos denuncias contra la violencia de género, lamentos por el desarraigo debido a la migración, celebración y crítica de la experiencia urbana, y otros temas de interés existencial, social y político.
Constructores del blues contemporáneo
El concepto que me he formado acerca de lo que es el blues contemporáneo proviene de escuchar discos asiduamente de exponentes que lo representan, más que de las definiciones, académicas o no.
Y esa concepción (en parte) guio la estructuración de una empresa cultural dedicada a la difusión del blues, rock, rock & roll, jazz y funk, mediante registros discográficos y editoriales y campañas de comunicación; lo cual significa haber pasado de la abstracción a la práctica de la producción cultural que influye en la consciencia y en las preferencias musicales de la gente. Tómese este apunte como una reflexión acerca del papel que tenemos los productores culturales en hacer del conocimiento público los discursos sociales.
En seguida, ofrezco una relación de músicos a quienes considero constructores del blues contemporáneo, la mayoría de los cuales me ha proporcionado horas de provechosas audiciones. Tomo como criterio para ubicarlos en el tiempo, cuando surgieron o cuando destacaron por alguna razón (comercialmente, por ejemplo), o cuando publicaron algún disco significativo. Y me detengo en la transición del siglo XX al XXI.
Omito nombres de las superestrellas del blues rock (excepto Hendrix y Cream), por ser harto conocidos, y por la misma razón los de intérpretes clásicos de blues, incluyendo a quienes se mantuvieron vigentes hasta bien entrados los ochenta y noventa. Cito ejemplos de Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda, Francia, Italia, Suecia, Polonia, Escocia, Japón, Jamaica, Nigeria, Senegal, Malí. Y también agrego algunos de Argentina, España, Colombia, Brasil y México.
1960s. Alexis Korner, Papa John Creach, Taj Mahal, Olatunji, Buddy Guy, Ry Cooder, Davy Graham, Bert Jansch, Paul Butterfield Blues Band, Corky Siegel, Kaleidoscope (con David Lindley), Jimi Hendrix, Cream, Captain Beefheart, Doris Troy, Charlie Musselwhite, Savoy Brown, John Fahey, Ralph McTell, Bert Jansch, John Renbourn, John Hammond, Barbara Dane, Pete Seeger, Roy Harper, John Martyn, Tim Buckley, Tony Joe White, Blues Project, Michael Bloomfield, Al Cooper, Albert Collins, Javier Bátiz.
1970s. Bonnie Raitt, Shuggie Otis, Chris Youlden, Sonny Landreth, Robben Ford, David Lindley, Rory Gallagher, Maggie Bell, Pappo’s Blues, Mama Lion, Bill Withers, Bob Marley, Gil Scott-Heron, Harlem River Drive (agrupación dirigida por Eddie Palmieri), Terry Callier, Robin Trower, Johnny Guitar Watson, Three Souls in my Mind, Miguel Ríos, Celso Blues Boy, Tim Maia, Johnny Jenkins, Don Sugarcane Harris, Jelly Roll Kings, Fania All Stars (con el disco Latin Soul Rock), Eddie Hazel (Funkadelic), Nile Rodgers (Chic), Ernie Isley (The Isley Brothers), Nick Drake.
1980s. Stevie Ray Vaughan, Robert Cray, Pata Negra, James Blood Ulmer, Elliot Sharp, The Fabulous Thunderbirds, Johnny Copeland, Lurrie Bell, Roy Buchanan, King Sunny Adé, The Black Crows, The Jeff Healey Band, Memphis La Blusera, Tonky Blues Band, Dolphin Blues Band, Betsy Pecanins, Follaje, Guillermo Briseño, Zucchero Fornaciari, George Thorogood, Recydywa Blues Band.
1990s. Deborah Coleman, Chris Whitley, Jon Spencer Blues Explosion, Masters of Reality, Jean-Jacques Milteau, Eric Bibb, Eric Gales, Rod Piazza, William Clark, Joe Louis Walker, G. Love & Special Sauce, R.L. Burnside, Maurice John Vaughn, Kenny Neal, Urban Turban, Keb’ Mo’, Little Axe, Willie Kent, Ben Harper, Gary Moore, La Monte Young, Bernard Allison, Popa Chubby, Asie Payton, Kesiah Jones, Beck, Takeharu Kunimoto, Alvin Youngblood Hart, Lucky Peterson, Paul Pena, Ted Hawkins, Billy Branch, Tito & Tarántula, Gualberto, Chris Duarte, Walter Trout, Junior Kimbrough, Ali Farka Touré, Baaba Maal, Walter Wolfman Washington, The Black Cat Bone, Vargas Blues Band, Raymundo Amador, Cassandra Wilson, Duffy Bishop Band, Jonny Lang, Jas Mathus and his Knock Down Society, T.D.F. (con Eric Clapton y Simon Climie), Joe Satriani.
2000 – 2005 The White Stripes, The Dereck Trucks Band, Olu Dara, Susan Tedeschi, The Black Keys, Corey Harris, Chuck Weiss, Shemekia Copeland, Chris Thomas King, Willie King, Pig in a Can, Robert Cage, Kenny Wayne Shepherd, Steve Earle, Nas, John Mayer Trio, Beth Hart, Ruthie Foster, T-Model Ford, Joe Bonamassa, Ana Popovic, Real de Catorce (en su etapa de transición del siglo XX al XXI).

En definitiva…
… un estudio detallado de las transformaciones que ha tenido el lenguaje del blues de acuerdo con su asimilación en distintos contextos culturales, contribuiría a una elaboración más precisa del concepto blues contemporáneo. Basta por ahora tener presente que contemporáneo no quiere decir renunciar a la tradición sino implicarla, recontextualizándola, revitalizándola, haciendo extensiva su vigencia hacia el presente y para públicos no limitados por cuestiones de edad, raciales o fronterizas. El blues contemporáneo es un diálogo con el tiempo, no tendría sentido sin su conexión con las raíces y visión de futuro.
El texto que comparto esta vez forma parte de otro más amplio dedicado a la difusión del blues como difusión cultural, de próxima publicación (RFB).
Si deseas contactarme por favor escribe a: rodrigofariasbarcenas@gmail.com
