Un Paso Adelante

Prólogo de Blues a la Carta II

Hace unos meses cuando estaba por terminar el borrador del libro Blues a la Carta II, me encontraba definiendo varios aspectos inherentes a la publicación. Entre ellos la definición del Prólogo, para ello pensé en varias opciones. Pero finalmente opté por una genial, pero faltaba que el visto bueno del personaje seleccionado: Rodrigo Farías Bárcenas, periodista y productor, con una vasta experiencia en estos menesteres.

Me puse en contacto con él y aceptó la propuesta, solicitándome la fecha límite para su entrega, después de definirla, continué con la talacha para concluir la obra. Mi sorpresa fue que unos días después y mucho antes de la fecha acordada, tenía el texto en la bandeja de mi correo… ¡Gracias Rodrigo! He aquí el resultado de esa petición, que forma parte de Blues a la Carta II. De Colección.

José Luis García Fernández


Tengo en mente una imagen muy clara acerca de José Luis García Fernández como catalizador de proyectos musicales: lo percibo como alguien que a lo largo de los años ha formado un sólido vínculo existencial con la música. Su vida cotidiana está inmersa en ella.

Desde sus primeras exploraciones como radioyente en la adolescencia, a principios de los años setenta del siglo XX, hasta la publicación de sus libros más recientes, pasando por el aprendizaje de la guitarra y el piano, José Luis ha recorrido casi todos los caminos que hay para aprehender e impulsar el blues. Esta experiencia abarca la de él como fiel aficionado, entusiasta músico, infatigable productor de conciertos y discos, y sobre todo, la de ser un editor que sabe escuchar y valorar el blues.

Como tal sentó un precedente al publicar Palabra de Blues, primera revista digital en su tipo surgida en nuestro país, desarrollada en el seno de la Asociación Mexicana de Blues, y de la cual salió el libro recopilatorio Palabra de Blues (2010), coordinado por el mismo José Luis.

Luego, una vez disociado de la AMBLUES, fundó Cultura Blues. La Revista Electrónica, cuya circulación comprende catorce años a partir de 2011. Un número por mes, sin interrupción. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, hoy Secretaría de Cultura, la consideró como una revista de arte y cultura al concederle el estímulo del Programa Edmundo Valadés de Apoyo a la Edición de Revistas Independientes del FONCA en 2013.

Para la publicación es importante preservar el blues, asegurar su existencia y la continuidad del impacto que ha tenido en la música durante más de ciento veinte años. Leemos en la presentación de la revista: “Actualmente el blues es interpretado (reinventándolo y reciclándolo en cada ocasión), por infinidad de músicos en muchas partes del mundo. De una manifestación propia de los segregados pasó a formar parte del acervo cultural del mundo. Hasta antes de 1960, el blues representó el sentimiento de la mayoría de los afroamericanos, pero resulta innegable que constituye una de las más fuertes influencias en la música popular contemporánea. El blues es la presencia musical por excelencia a nivel mundial, junto con sus afluentes queridos como son el rock y el jazz, que han venido configurándose desde principios del siglo XX y por añadidura lo que va de este siglo XXI”.

Estamos ante un medio que se caracteriza por una creciente calidad y profesionalismo en sus contenidos, con una estructura ordenada, textos bien escritos y accesibles. Entre los recursos periodísticos empleados están la crónica, entrevista, reseña discográfica, artículos de opinión, y también investigación documental y reportaje, en menor medida.

Lejos de mostrar signos de cansancio, por el contrario, está consolidando su presencia a nivel internacional, gracias a que en torno suyo ha sido reunido un equipo de colaboradores en el que participan especialistas con años de experiencia en sus respectivos campos: periodistas, músicos, promotores, empresarios y productores discográficos, tanto de México como de otros países.

Hoy en día, gracias a las habilidades de José Luis como publirrelacionista, Cultura Blues es conocida entre la gente más interesada en preservar esta expresión musical, en su producción, promoción y difusión; empezando por los creadores e intérpretes de nuestro país y del exterior; también la conocen organizadores de festivales internacionales, promotores de diversos tipos y representantes de sellos discográficos destacados, como Delmark Records, Alligator Records, Nola Blue Records, Blue Heart Records, MoMojo Records y Little Village Records.

Así es como Cultura Blues se suma a las publicaciones electrónicas que han surgido en México a partir de 2009. La ya citada Palabra de Blues (2009-2011), Revista AMBLUES (2011-2021) y Gente con Blues (2021 a la fecha)Y también se agrega a otras editadas en países como Francia (Blues & Co Autrement Blues), Estados Unidos (Blues Monday Monthly, Blues Blast Magazine) o Polonia (Twoj Blues).

Sin distinguir si son digitales o no, cabe citar otras que han circulado en España (Solo Blues) y Argentina (Con Alma de Blues). Dejo al último la que abrió el camino para un periodismo profesional especializado: Living Blues, fundada en 1970 por Jim O’Neal y Amy van Singel en Chicago.

Cultura Blues implica en su nombre la concepción que se tiene acerca de esta música. Es un concepto amplio y actual. Rebasa los límites de un mero género al acentuar el aspecto cultural, donde el blues representa “un estado de comprensión de vida”, según palabras que expresaba el compositor y guitarrista Genaro Palacios.

O sea: la música es tomada en cuenta como parte de las formas de vida que prevalecen en las comunidades rurales y urbanas. Se muestra al blues como cultura viva, no determinada por la industria del entretenimiento, lo cual es palpable en las coberturas de conciertos y festivales, por escrito o mediante reseñas fotográficas. El acento está puesto en el blues contemporáneo, tomando en cuenta sus raíces históricas y cómo se ha desarrollado a lo largo del tiempo, en México y en el mundo, particularmente en Estados Unidos.

¿Cuáles son los valores que animan la publicación? Responde su director: “El amar incondicionalmente el blues, honrar su tradición, explorar sus manifestaciones contemporáneas e impulsar el blues hecho en México”. Una vez expuesta la descripción anterior, debo mencionar que Cultura Blues, además de ser el nombre de una revista, también es el rubro que abarca e identifica un núcleo de actividades que en su conjunto forman “un proyecto integral de difusión del blues en México”, según palabras del propio José Luis.

Hablamos de: 1) Promoción de conciertos en los que participan grupos mexicanos de blues, eventos complementados con exposiciones fotográficas, proyección de películas, conferencias, talleres y clínicas. 2) Producción del programa por internet Cultura Blues Radio. 3) Edición de publicaciones que extienden el contenido de la revista hacia el formato de libro. 4) Producción de una serie de discos que recopilan la música creada por grupos surgidos en diversas ciudades de México y de otros países, titulada Nacidos bajo un buen signo, seis en total, entre 2012 y 2023. 5) Apoyo logístico y en difusión para eventos relacionados con el blues y géneros afines.

Podemos apreciar, entonces, que Cultura Blues es una revista sui generis en el campo del periodismo mexicano en general, y no sólo en el musical o de espectáculos. Impulsa, afianza y concentra las bases de una especialización local en el género, teniendo como antecedente que la escasa información sobre blues aparece dispersa en redes electrónicas, revistas de jazz y rock (solía pasar en cierta época), espacios radiofónicos y artículos en diarios.

De ese proyecto integral dedicado a la difusión del blues en México han surgido dos libros que recopilan escritos aportados por José Luis García Fernández a la revista electrónica, Blues a la carta (2024) y Blues a la carta II. De colección (2025), más otro en memoria de María Luisa Méndez, titulado Huella azul, el cual recopila entrevistas publicadas en su columna del mismo nombre, con perspectivas inéditas en cuanto a la situación actual del blues en México.

Los de José Luis comparten características comunes en su concepción editorial, pero la principal a mi modo de ver es que uno y otro dan fe de la visión del autor como productor, conformada a partir de la convivencia cotidiana con quienes hacen el blues dentro y fuera de México. Visión que se concreta en su capacidad estratégica, aptitud psicológica para resistir y facilidad para expresar lo que significa el blues como experiencia de vida. Los pasajes autobiográficos son uno de los hilos conductores, sutilmente nos ponen al tanto de la pasión personal que hay de por medio en llevar a cabo un comprometido trabajo editorial.

Se trata de publicaciones que guían a quienes desconocen el blues, y que al mismo tiempo son de gran utilidad para todas aquellas personas que por su actividad profesional están relacionadas con el género, como periodistas, productores de radio, promotores, investigadores académicos, etc.

Su valor documental radica en que ofrecen una visión panorámica de la evolución del blues en general, y en especial de sus manifestaciones mexicanas. Son fuentes de obligada consulta por contener información relevante, jerarquizada y comprensible, además del mérito testimonial y autobiográfico aportado por José Luis García Fernández, nacido en el otrora Distrito Federal el 28 de julio de 1957.

Para saber cuál es el panorama del blues mexicano en la actualidad es recomendable leer Cultura Blues, con la suficiente perspicacia y la técnica que se necita para integrar la información confiriéndole un significado.

Es muy diáfana su aproximación al desarrollo reciente de esa música en nuestro país a partir del 2000, cuyos indicadores son: 1) El surgimiento de un creciente número de grupos y solistas que han adoptado una concepción flexible del blues, no tan apegada al modelo del así llamado blues eléctrico de Chicago, el más socorrido. 2) Los cada vez más numerosos festivales. 3) Producción discográfica que va venciendo poco a poco la escasez. Hace falta un mejor y mayor desarrollo, cierto, pero es innegable que sí ha habido avances de 25 años a la fecha, pese a los obstáculos que se presentan en el camino.

La enumeración de los festivales que ha cubierto Cultura Blues, más que un asunto numérico, nos da una idea de cuánto se ha extendido el cultivo del blues en México y en el exterior: En Ciudad de México: Festival de Blues en el Centro Cultural José Martí, Festival de Blues en la Casa de Cultura Iztaccíhuatl, Festival Pulque Blues en Xochimilco. En Aguascalientes: Festival Internacional Aguas-Blues. En Guanajuato: Festival Internacional Pozos Blues, Festival Internacional Salvabluesjazz. En Querétaro: Festival Nacional Queretablues. En Puebla: Festival de Blues en Puebla. En San Luis Potosí: Festival San Luis Blues, Festival de Jazz en la Huasteca. En Morelia: Festival de Blues en Morelia. En Zacatecas: Festival Internacional de Jazz y Blues en Zacatecas. En Coahuila: Festival de Blues y Jazz del Desierto. En Estados Unidos: Chicago Blues Fest, New Orleans Jazz & Heritage Festival, King Biscuit Blues Festival. En Brasil: Delta Blues Festival.

El perfil editorial de Blues a la Carta II prolonga el trabajo realizado en el primer volumen en cuanto a coberturas in situ, textos informativos y de opinión, discografías, etcétera. Contiene los textos más recientes del autor. Para dar una idea del contenido, y sólo a manera de ejemplos, destaco aquellos textos que ponen énfasis en experiencias formativas, las que según José Luis influyeron en su filia por el blues, refiriéndose a toda una pléyade de intérpretes clásicos, con Muddy Waters y Chuck Berry a la cabeza, lo mismo que a John Mayall, Eric Clapton y Rolling Stones.

Agrego los relatos que con todo detalle dan cuenta de las presentaciones de Johnny Burgin en México; de sucesos sobresalientes en el evento más importante de esta categoría en el mundo, Festival de Blues en Chicago, en su edición de 2024, como el concierto de Buddy Guy; y la apología de Eric Clapton a partir de su más reciente presentación en México, el 3 de octubre de 2024.

Sin dejar de mencionar el apartado dedicado a The Blues Foundation, la institución creada hace más de 40 años que reconoce los aportes más significativos en los terrenos de la creación, producción y difusión del blues. Me abstengo de abundar en el contenido de este libro no porque el resto tenga menor importancia, sino porque es tratado con más detalle en la introducción.

Deseo concluir estas líneas expresando la reflexión que suscitó en mí la lectura de los dos volúmenes de Blues a la carta. Entre las motivaciones que han guiado mi trabajo está practicar el periodismo como uno de los bastiones sobre los cuales se sostiene la memoria vinculada a la cultura, a la música, al rock y al blues en este caso.

Encontré, confirmé, aquello que nos ha enseñado la psicología social: la construcción de la memoria es una labor colectiva. No es una cuestión numérica lo que importa, sino el significado que las personas involucradas le atribuyan a su quehacer.

¿Qué asuntos pendientes hay para seguir construyendo la memoria colectiva del blues? Uno sería esclarecer qué sentido tiene hacer la historia del blues en México, otro identificar aquello que es relevante en ella, un tercero es que seamos más conscientes de cómo se ha contado esa historia.

Estos aspectos son importantes para definir un rumbo: ¿hacia dónde? Según mi punto de vista, hacia la delimitación de un campo de estudio, con diversas maneras de tratarlo metodológicamente, según se aborde desde el periodismo o las ciencias sociales.

Hace falta esta práctica porque la meta no es fácil de alcanzar, y es necesario tener ambición para llegar a ella. Esa meta aún se ve lejana, pero a pesar de ello alcanzo a ver lo que dice: “Vincular la historia del blues con la historia reciente de la cultura mexicana”.